07 jun 2020

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El cine tras la puerta roja

El colectivo Laboratorio Reversible defiende y cultiva el trabajo en formato analógico y así filma la vida del Poble Sec

MAURICIO BERNAL

Raquel Marques y Pilar Monsell en la sede del Laboratorio Reversible, en el Poble Sec.

Raquel Marques y Pilar Monsell en la sede del Laboratorio Reversible, en el Poble Sec. / JORDI COTRINA

Hay una calle con aires de callejón no tanto por lo estrecha como por lo íntima, la calle de la Puríssima Concepció, en los lindes del Poble Sec con el Mercat de Les Flors; peatonal y tranquila, con una salida, en el extremo, en forma de escalera, y una cicatriz magnífica en el medio, un solar con nombre propio: el Solar de la Puri. Hay calles así en cada gran ciudad, que son distintas, que tienen los atributos de un oasis. La Puríssima Concepció. Que haya una puerta de un encendido rojo junto a las escaleras no es sino estéticamente obvio; es eso y no otra cosa lo que el paseante espera encontrar al final de la caminata, cuando lo han asombrado ya el solar y sus melancólicas ruinas, y esa como muralla a la izquierda, alta y serena, y cuando se ha dejado embargar por esa sensación general de artista del paseo urbano. O había una puerta roja o había un improbable enano mágico, o algo por el estilo.

No defienden lo analógico por nostalgia, sino como una forma de trabajo, de relacionarse con los útiles

Hay una pizarra junto a la puerta roja, y tiene el poder de no defraudar. “Laboratorio reversible”, pone en lo más alto. Debajo informa que habrá proyección a las nueve y media –o que la hubo, quién sabe cuándo–, y más abajo recita una especie de verso, ni más ni menos: “Cómo crece la sombra cuando el sol declina” (que no es verso, sino título de película). Así las cosas, cualquier secreto estupendo puede esconder la puerta roja. Cualquier secreto cinematográfico. Cualquier estantería poblada de bobinas. Cualquier manera diferente de entender las cosas. “Filmamos, revelamos y proyectamos. Empezamos filmándonos a nosotros mismos, pero entonces dijimos: ‘Vamos a salir al barrio, vamos a filmar a la gente, y así luego se pueden ver, y establecemos vínculos con ellos’. Pero eso sí: siempre en analógico”.

SENSACIÓN DE VIEJO

Produce sensación de viejo la película manchada y sucia, llena de rayones: nadie puede desvincularla del sonido –ese ronroneo– de un proyector en marcha. Ese es el aspecto que tienen los trabajos del Laboratorio Reversible, en mayúsculas, el nombre que abarca todo lo que ocurre tras la puerta roja, en la calle atípica de la Puríssima Concepció. “Somos un colectivo de personas vinculadas al mundo del cine –explica Pilar Monsell– a las que une el interés de trabajar en formato analógico. Pero no por una cuestión nostálgica, ni nada parecido. Se trata de una forma de resistencia: de un soporte, de una manera de trabajar y de una relación con los útiles”. La gente del Laboratorio Reversible se opone a que se pierdan ciertas prácticas. Entienden que el trastero puede esperar. Allí, en los dominios de la puertica roja, resisten.

"Nos resulta importante la relación con el barrio, que sepan quiénes somos y qué hacemos, hacer red"

El primer y principal fruto del trabajo del colectivo es el proyecto 'Vecines', concebido para retratar la vida cotidiana del barrio. “Para nosotros es importante relacionarnos con la gente que nos rodea –explica Raquel Marques–. Hacer red, darnos a conocer, que sepan quiénes somos y qué estamos haciendo aquí”. El colectivo sale a la calle con cámaras súper 8 y filma a la gente del barrio. De vuelta al local proceden al revelado, y se dan el placer de hacerlo de forma artesanal –“de la manera más punki que hay”, dice Monsell–: en cubo. “Todo 'Vecines' ha sido revelado en cubo, y se nota, tiene manchas, rayas, al fin y el cabo estás manipulando todo el tiempo, y el proceso queda impregnado en la película”. Los vecinos de 'Vecines' parecen desembarcados de un tiempo remoto, y algo así deben de pensar cuando se ven, que son ellos en otra época, aunque los filmen en esta. “Proyectamos el material en la calle, en el Solar de la Puri, y los invitamos. Son las veladas de estreno”.

El Laboratorio Reversible trabaja con lo que tiene, y no tiene mucho. “Es un proyecto autofinanciado, y hay que tener en cuenta que todos trabajamos en un sector muy precario”. Las donaciones no se rechazan. Debe ser digno el espectáculo de verlos circular con sus viejas cámaras, de ver a los niños acercarse con curiosidad, de ver a los vecinos posar para la posteridad; vale sin duda deshacerse de una cámara vieja, de las que mueren como reliquias en un rincón de los desvanes.