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Cuando el precio no es excusa

Juan José Fernández vende 300 de sus fotografías a 10 euros cada una en la galería H2O

Natàlia Farré

Juan José Fernández, el lunes durante el montaje de su exposición de fotografías en la galería H2O.

Juan José Fernández, el lunes durante el montaje de su exposición de fotografías en la galería H2O. / ALVARO MONGE

El que fue editor de la 'underground' revista ‘Star’ lleva toda la vida agitando la escena cultural de BCN

Los visitantes se olvidan del autor y de sus obras pero no del jardín. Magnolias, naranjos, limoneros y perales, entre pequeñas torres del siglo pasado. En realidad, de hace dos siglos. Porque no hablamos del XX, sino del XIX. Un oasis en medio de Gràcia, de los pocos que quedan. Ahí se han hecho y deshecho parejas. Y ahí la guardia civil ha buscado a un terrorista del GRAPO. Lo explica Joaquim Ruiz Millet. Y lo hace bajo un cristograma. Aunque no hay que dejarse llevar por las apariencias. No es un edificio parroquial, ni mucho menos. Ni los visitantes son feligreses. Ni las obras milagros. Nada de eso. Es una galería de arte. Las referencias a Jesucristo son casuales. Ya estaban hace 27 años cuando Ruiz Millet, arquitecto, ahora también escritor, se convirtió en marchante y abrió la sala H2O. 

Aunque no deja de ser divertido que bajo el nombre del hijo de Dios aparezca la figura de Juan José Fernández, icono de la contracultura de los años 70 y 80. Y editor de la irreverente revista 'Star', pionera en España de los cómics 'underground', punk-rock y sadomaso. Ahí es nada. La misma que dio cobijo a dibujantes, fotógrafos e ilustradores como Ouka Leele, García-Alix y El Hortelano, ayer tristemente fallecido. Y a firmas como Ramón de España, Ignacio Julià, y Oriol Llopis. 

DEL CÓMIC AL ARTE CONTEMPORÁNEO

A Fernández la pasión por la edición le llegó por vía familiar, su padre tenía una editorial en la calle Unió; y el interés por el cómic menos tradicional y más gamberro se manifestó después de un revelador viaje a Hamburgo. Allí conoció las comunas y la transgresión que salía del lápiz de Robert Crumb y Gilbert Shelton. Decidió llevarlos a la España aún franquista. En 1974. El atrevimiento le valió varios secuestros (de la revista, se entiende) y unas cuantas multas más. 

Pero la aparición, el lunes, de Fernández bajo el cristograma de H2O nada tiene que ver con su pasado 'underground', sino más bien con otra de las muchas vidas que ha tenido como agitador cultural barcelonés. La que le relaciona con el arte contemporáneo más rompedor de la ciudad y con dos de sus manifestaciones más celebradas: La Santa y el Festival BAC, que Fernández aupó junto con Gigi R. Harrington. Ni lo uno ni lo otro existen ya. La crisis, junto con el aburrimiento en el que ha sumergido Barcelona, se los ha llevado por delante. Pero su recuerdo perdura. ¡Cómo olvidar sus rompedoras propuestas y su máxima: 'Arte por un día'! Sí, en La Santa, las exposiciones duraban 24 horas. ¿Para qué más? La gente acude a las inauguraciones y punto. Más tiempo de exposición, no significa más ventas. Como más caro no significa mejor. Él lo afirma y lo práctica con el ejemplo. 

CUATRO DÍAS, NI UNO MÁS

Su exposición 'No hay nadie como tú', la que ultimaba el lunes, abrió ayer y cerrará pasado mañana. Solo cuatro días en programa. Ni uno más. Y las 300 fotografías que exhibe valen 10 euros cada una. Mucho dinero comparado con lo que costaban las de la última muestra que realizó: Nada. Entonces, el público podía llevarse su arte gratuitamente cargándolo en un pendrive. Eso sí, el no-comprador tenía que llegar de casa con el artilugio de almacenamiento en la mano. Lo asequible de sus piezas es su forma de acercar la creación al público. De desarmar a los que dicen que no pueden coleccionar por caro. Ahora no hacerlo es no querer. Porque con él puede todo el mundo. Y es también su manera de mostrar confianza en sí mismo. Él sabe lo que valen sus imágenes y el interés que tienen que para nada va ligado al precio de venta. 

Fernández no se considera artista. Tampoco galerista ni editor. Pero ahí está, con una historia a cuestas como promotor cultural y con un presente como creador. De hecho, su singladura como fotógrafo empezó con un libro: 'La piel de Barcelona', en el que recogía el testimonio de los 'graffiti' de la ciudad. De ahí pasó a retratar lo que encontraba por el camino: fábricas abandonadas y personas sin hogar. Y continúo para no parar. De hecho, sus imágenes son como su diario. Plasma lo que ve cuando lo ve. Eso puede significar muchas instantáneas en un día o ninguna en medio año. Y 300 en la galería H20. Dando paso al jardín. 

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