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POLÉMICA MEMORIA HISTÓRICA

Antifranquistas, 'processistes', lanzadores de huevos..., Franco ha vuelto

El Born Centre Cultural incorpora, como fue prometido, un documental sobre los cuatro días del Franco decapitado en la calle

Carles Cols

Cuatro días de octubre. Así, a palo seco, sin verbo, es como hay que referirse a esa media semana del pasado octubre en la que un Franco ecuestre y decapitado fue expuesto frente al Born Centre Cultural como reclamo de palomas y de la exposición que dentro del antiguo mercado pretende reflexionar sobre el uso del espacio público como altavoz de mensajes políticos. La historia es tan reciente que todos la recuerdan. A los 10 minutos de ser instalada sobre un pedestal, cara a cara frente a la Victòria de Frederic Marès, otra pieza para el espanto, ya le habían lanzado seis huevos. Lo hizo Ernest Sant, “un activista”, según dijo él mismo. Activista y, habría que añadir, hombre dotado de una puntería de campeón de dardos, porque el lanzamiento de huevos tiene su complejidad. Acertó con cuatro de seis. La cuestión es que Sant puso en marcha una cuenta atrás de agresiones a la figura del sátrapa que finalizó el 20 de octubre por la noche, cuando la pieza fue derribada con cuerdas y bíceps, a lo Lenin, a lo Saddam…, a lo Franco, algo inédito en España. Entonces, el teniente de alcalde Gerardo Pisarello, ya anunció que aquellos cuatro días de terapia antifranquista se incorporarían a la exposición. Acaban de incorporarse. Son dos vídeos a la altura del conjunto de la exposición, que por no ofender demasiado, digamos que tiene el listón de una altura previa a Fosbury.

A la exposición le hubiera ido bien rematar con un documental mayúsculo de aquellos cuatro días de octubre. No es el caso

Dentro de la sala han instalado un televisor chiquitín. Será por no desentonar con el tamaño de la letra de los textos de la exposición, motivo de queja de la generación que vivió franquismo cuando visita la muestra, que por edad sufre sí o sí de vista cansada. Delante han puesto dos sillas. Una blanca y otra de color caoba. Las dos como de día de recogida de muebles viejos. Algo querrá decir, pero como no hay ni un visitante en el recinto más que el que arriba firma, es imposible abrir un debate sobre el significado de esta puesta en escena tan austera. El video no es para echar cohetes. Es un resumen de los puntos de vista que aquellos cuatro días se enfrentaron en la calle, frente al edificio del Born, a menudo en acaloradas discusiones.

SEGUNDO VIDEO

Luego está el otro vídeo. Este se proyecta en los pasillos exteriores del santuario ‘indepe’. Es un resumen cronológico y fotográfico (aunque también hay alguna secuencia de video) de todo cuanto le sucedió a la estatua desde que salió del almacén hasta que regresó a él partida por la mitad y dentro de un contenedor.

Aquellos cuatro días fueron ricos en opiniones. El sentir general de los ‘processistes’ era que aquel no era el lugar adecuado. Luego estaban los que opinaban que un país en los que las cunetas aún son cementerios debería sopesar si mostrar en público al responsable de aquellos crímenes era o no conveniente. Que la estatua se exhibiera decapitada (alguien le robó el ‘cabolo’ con una sierra radial una noche años ha en el almacén) parece que no inclinaba la balanza. Y luego estaban los que, como se dijo entonces, aprovechaban la ocasión para sacarse el carnet de luchador antifranquista con 40 años de demora. Esos son, principalmente, los protagonistas del segundo video.

Al Franco decapitado le pasó lo que a Custer. "Hay más indios acampados que balas en los cintos de tus soldados", avisó el explorador

270 VISITAS CADA DÍA

A la exposición, visto que no va sobrada de público (de media, según datos oficiales, 270 personas por día), le hubiera ido bien algo a lo grande, un ‘Searching for Sugar Man’, aquel documental que puso en contacto a un cantante estadounidense, Sixto Rodríguez, con un público que desconocía que tuviera, porque era famoso en Suráfrica y no lo sabía.

No parece que este ‘El regreso del Franco decapitado’ vaya a obrar este milagro, y es una lástima, porque material narrativo (huevos, ‘estelades’, muñecas hinchables, cabezas de puerco, los colores del arco iris, anagramas anarquistas, más huevos…) lo había como para empequeñecer la última cabalgata del general Custer. “Hay más indios acampados que balas en todos los cintos de tus soldados”, le advirtió el explorador al suicida de Little Big Horn. Así le fue. Así le fue también al Franco decapitado. Lo que le esperaba lo podía intuir cualquier explorador sagaz. La suma de los dos videos, qué lástima, no retrata con suficiente profundidad aquellos cuatro días de octubre. 

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