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MEDALLA DE HONOR DE LA CIUDAD

El Sants rebelde, condecorado

El activista Josep Maria Domingo ha dedicado media vida a luchar por su barrio, conciliando miradas

Intervino tras las detenciones de la manifestación antifascista del 12 de octubre de 1999 y ha mediado (y media aún) en Can Vies

HELENA LÓPEZ / BARCELONA

Josep Maria Domingo en Can Batlló.

Josep Maria Domingo en Can Batlló. / ALBERT BERTRAN

Josep Maria Domingo es un hombre cariñoso que no lo parece. Quizá esa sea su mejor arma. Nació en el barrio de la Sagrada Família en 1945, aunque su historia, la que ahora interesa, está en La Bordeta, donde vive desde los movidos años 70, cuando se casó, formó su propia familia y pasó lo inevitable. Padre joven con ADN activista, empezó con la lucha por la escuela de sus hijos (y del resto de niños). Una de sus grandes satisfacciones en esa etapa fue la creación de la guardería L'Esquirol, impulsada por un grupo de familias de forma cooperativa, y pionera de la red de guarderías después públicas en la ciudad, por la que tanto batallaron durante la ahora denostada transición.

Fue ya en los 90, a través de algunos de los activistas con los que compartió acciones por la escuela pública, como Domingo -que el pasado martes recibió de manos de la alcaldesa Ada Colau la Medalla de Honor de la ciudad-, llegó al Centre Social de Sants, epicentro, ya antes de su llegada, de conquistas épicas en el barrio como el parque de la España Industrial y el Vapor Vell.

La primera victoria en la que participó Domingo fue la conocida como Caso Almería: una promotora empezó a levantar una finca en la calle con ese nombre comiéndose un trozo de acera. Los vecinos se organizaron, denunciaron y perdieron. Pero, oh, no se rindieron, volvieron a luchar y finalmente ganaron y el edificio no se llegó a levantar. Una dinámica -la de la tenacidad- que ha marcado la carrera activista de Domingo y de todo el Centro Social, marcada por la conquista ciudadana de Can Batlló, hace cinco años y medio.

ENCIERRO DE SANT MEDIR

En el 2000, el encierro en la parroquia de Sant Medir marcó un punto de inflexión en la recuperación ciudadana de la vieja fábrica propiedad de los Muñoz Ramonet. Fueron tres días intensos, más incluso de lo que ellos mismos esperaban. Tenían dos demandas claras: por un lado, el soterramiento de las vías del tren (la gran derrota, pese a la cura, a medias, con los jardines sobre el cajón), y por el otro, que se ejecutara el PGM para convertir Can Batlló en una gran zona verde y de equipamientos.

Tras el encierro, se precipitó un cambio del PGM que logró agilizar la negociación con la propiedad al incluir 1.200 pisos, los previstos aún hoy. La posibilidad de construir logró que la propiedad empezara a mover pieza en la cesión de terrenos. El primer día grande en la historia del nuevo Can Batlló fue el 11 de junio del 2011 -el día de la emotiva entrada vecinal, que coincidió con el aterrizaje de Xavier Trias en la Casa Gran. El último, hasta ahora, fue hace solo unos días, con la entrega de llaves de la primera promoción de vecinos del 'nuevo barrio', de la cooperativa de vivienda de la FAVB, en la calle de la Constitució.

Aunque por lo que se ha caracterizado la carrera activista de Domingo es por su perfil de pacificador, en un barrio convulso como Sants. Empezó como portavoz de la plataforma 12 d'octubre en llibertat, creada tras la manifestación antifascista del 12 de octubre de 1999, que acabó con 28 detenidoss. En Can Vies, años más tarde, junto al resto de activistas del Centre Social, algo que Domingo reivindica cada vez que puede -"todo es un trabajo colectivo"- logró lo que en las primeras horas parecía imposible: sentar en una misma mesa a ayuntamiento y okupas. Mediación en la que todavía trabajan, pues el futuro del más famoso centro social okupado de la ciudad aún no está cerrado.

Como mediador que se precie, no suelta prenda sobre cómo ni por dónde van las negociaciones. "Pronto se sabrá", concluye.