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Una biblioteca entre ataúdes

En el cementerio de Montjuïc está la segunda biblioteca funeraria más grande de Europa. Casi 1.900 libros de muerte y silencio de ultratumba. 'Cuarto Milenio' ha pasado por aquí

Ana Sánchez

Al fondo, Adrià Terol consulta unos libros en la biblioteca funeraria instalada en el cementerio de Montjuïc, junto a la colección de carrozas fúnebres. En primer plano, un Buick del 58 con su ataúd.

Al fondo, Adrià Terol consulta unos libros en la biblioteca funeraria instalada en el cementerio de Montjuïc, junto a la colección de carrozas fúnebres. En primer plano, un Buick del 58 con su ataúd. / JORDI COTRINA

Hace unos meses que estuvieron por aquí los de ‘Cuarto Milenio’. La verdad es que podría pasar por la guarida de los Cazafantasmas. Hay un Buick del 58 con aire a ‘ectomóvil’ en el que cabrían holgadamente una decena de ectoplasmas mucosos. No hace falta poner las manos a modo de visera para cotillear el interior del coche. Se ve perfectamente el ataúd a unos metros. Uno, dos, tres ataúdes se cuentan de un vistazo sin levantarse de la mesa de la biblioteca.

Esto es el cementerio de Montjuïc. Si alguien tuviera aquí un tropiezo repentino con una panda de espíritus y lo solucionara a la vieja usanza -corriendo hacia la luz, a lo Carol Anne en ‘Poltergeist’- , llegaría a esta biblioteca. Hay 12 vitrinas iluminadas de punta a punta, justo al fondo de la colección de carrozas fúnebres. Es la biblioteca funeraria más grande de España. La segunda más importante de Europa. Tiene casi 1.900 libros sobre la muerte en todas sus versiones posibles: desde los ‘Principios de botánica funeraria’ hasta ‘El gran libro del humor negro’.  

Adrià Terol es la tercera generación de su familia que trabaja entre ataúdes. Ninguno cree que haya vida después de la muerte

“Si lo hubiera sabido cuando estudiaba, yo habría venido aquí -sonríe el bibliotecario-. Estás solo y tranquilo”. Silencio de ultratumba garantizado: en un kilómetro a la redonda, hay más muertos que vivos. Hace cinco años que Adrià Terol se pasa horas aquí solo sin que se le erice un pelo. “A mí eso no me importa”, dice sin titubear. Y eso que ve ‘The walking dead’. Tiene 30 años. Es historiador, gestor cultural y la tercera generación de su familia que trabaja entre ataúdes. De hecho, su abuelo –carpintero- se pasó 25 años construyendo ataúdes. Su madre fue una de las primeras azafatas del tanatorio de Sancho de Ávila. “Es quien recibe a las familias, quien hace los trámites”, detalla el hijo.

Adrià continúa la saga funeraria con otro trabajo de muerte: aparte de gestionar la biblioteca y saber la historia de cada carroza fúnebre del museo, hace las rutas culturales de los cementerios de Montjuïc y Poblenou. Ninguno de los tres cree que haya vida después de la muerte. “No somos religiosos”, menea la cabeza. Tampoco tienen nada paranormal que reseñar. “Mira que ‘Cuarto Milenio’ lo intenta -apunta-. Vinieron hace medio año a hacer algunas grabaciones [al museo de carrozas fúnebres]. Pero creo que no escucharon nada porque no han vuelto”, sonríe.

"TE CONSERVA JOVEN TRABAJAR AQUÍ"

La biblioteca funeraria la forjó, título a título, el abuelo carpintero, Manel Hernández. “Se jubiló en 1986, hace justo 30 años, y empezó con esto”, recuerda el nieto. El carpintero ahora es un veterano arqueólogo y egiptólogo especializado en rituales funerarios. Varios libros y dibujos de sus expediciones en Egipto están bajo llave en estas vitrinas. Hace apenas un año que dejó de venir casi a diario a la biblioteca. Tiene 90 años. "Te conserva joven trabajar aquí", se ríe Adrià.

Cementiris de Barcelona inauguró la biblioteca hace tres años. Abre al público sábados y domingos, de 10 a 14 horas, aunque los libros también se pueden consultar ‘online’. Este año se han integrado al sistema de bibliotecas del Ayuntamiento. ¿Qué lectores tienen? “Gente que está haciendo alguna tesis especializada en el tema y gente curiosa”, responde Adrià.

Se pueden encontrar técnicas de suicidio, tratados de brujería y demonología, humor negro y principios de botánica funeraria

Hay tres volúmenes expuestos en una mesa-vitrina: 'The Temple of King Sethos I At Abydos(1933). “Son únicos”, explica el historiador. Muchos de los libros de la biblioteca son de egiptología, el tema favorito de Manel. Pero se pueden encontrar hasta técnicas de suicidio y penas de muerte, tratados de magia, brujería y demonología, humor negro, libros para explicar el duelo a los niños, botánica funeraria. “Hay mucha simbología en el mundo funerario”, apunta Adrià. “En muchas sepulturas se ve la planta de la dormidera, que se relaciona con el sueño eterno. Y los cipreses apuntan al cielo y son verdes, el color de la esperanza”.

La muerte, asegura Adriá, sigue siendo un tabú. “Cuando llamas a colegios a ofrecer visitas pedagógicas y te preguntan: ‘¿De dónde llamas?’ ‘De Cementerios de Barcelona’. La respuesta es: ‘¿Qué ha pasado? No, no… Tenemos un museo y actividades para niños”. ¿Así, tan de cerca, se pierde el miedo a la muerte? “La ves cerca y ves que tienes que aprovechar más la vida –responde el historiador-. Los enterradores siempre lo dicen”. Lo que se llama 'vivir a muerte'.

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