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PROBLEMA DE CONVIVENCIA EN LES CORTS

¿Harán puente los okupas?

El propietario de La Benaventurada blinda la finca para evitar una nueva entrada del colectivo antisistema

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CARLOS MÁRQUEZ DANIEL / BARCELONA

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Es probable que sea la casa más antigua de la calle de Benavent, en el distrito de Les Corts que la gran ciudad engulló en 1897. La fachada dice que la finca se levantó en 1927, cuando en Barcelona vivían 823.568 personas. Poco o nada se sabe de su origen, de quién lo construyó 30 años antes de que se inaugurara el vecino Camp Nou. A lo sumo, lo que recuerdan los veteranos del lugar, que tampoco están mucho por la labor. Que en el primer piso había un dentista, que el edificio era conocido como la casa del miedo por la oscuridad que emanaba del rellano que daba acceso a las cinco viviendas. De sus 89 años de existencia, lo único que está claro es el devenir de la última década: vacío y abandonado. Y el de los últimos 15 días: ocupado, desocupado; ocupado y vuelto a desocupar.

El asunto de La Benaventurada, nombre con el que el colectivo okupa ha bautizado a tan efímera conquista (efímera, por ahora) tiene mucho de la Barcelona contemporánea, con jóvenes quejosos por la falta de oportunidades y equipamientos, vecinos progresistas en lo general y conservadores en lo cercano, políticos que pasaban por ahí y otros que quizás deberían, personajes atípicos y empresarios sin cara pero con nombre. 

FINCA AL VACÍO

Este lunes, un grupo de operarios contratados por el propietario del inmueble han procedido a hacerle el vacío a la casa, esto es, a tapiar todos los accesos, tanto desde el exterior como desde la escalera interior. En la calle, los mismos agentes de seguridad privada que llevan tres días custodiando el fortín. Impenetrables; pero amables.

 Es puente, y eso en esta tierra se respeta más que cualquier otra cosa. Pero la noche del lunes al martes, si los vigilantes amainan y el furgón de los Mossos se repliega, y aprovechando que la ciudad está en barbecho hasta el miércoles, la chavalada podría intentar de nuevo el asalto. No lo van a evitar cuatro ladrillos, de ninguna manera. Que le pregunten al denominado Banc Expropiat de Gràcia, donde los okupas volvieron a entrar cuando nadie daba un duro por ellos.

Una concejala de Ciutadans y otro de CiU se han dejado ver por la mañana. Sin noticias del gobierno, que se apeó de la polémica porque la finca no es municipal aunque el problema -convivencia, modelo de ciudad, políticas juveniles, seguridad, pisos vacíos...- quizás sí lo sea. La que sí ha pasado el día en el lugar ha sido una mujer que responde al nombre de Eli y que dice ser miembro de la asociación de vecinos. Resulta ser Elizabeth Casañas, presidenta de la Plataforma Pro Viviendas Turísticas. Entra y sale del edificio sin problema (dice tener un permiso escrito del dueño), charla con los vigilantes y habla constantemente por teléfono.

UNA DOCENA DE EMPRESAS

Al preguntarle sobre su posible vinculación con la finca, echa balones fuera, asegurando que ella es "solo una vecina más". Sobre el propietario, ídem, ni una palabra. "Búsquenlo ustedes en el registro de la propiedad". La finca pertenece a la empresa Especialistes del Subsòl, dedicada a la construcción de edificios y a la compra-venta de bienes inmuebles. La compañía con deudas con el ayuntamiento, entre otras instituciones públicas, tiene como administrador único a Daniel Gimeno Cabezas, a su vez responsable de otra docena de empresas, todas ellas vinculadas con el ladillo, sea para colocarlo o para derribarlo. Algunas se mantienen activas, otras, ya canceladas, mantienen impagos.

Nada se sabe sobre el futuro del inmueble, pero dado que el ayuntamiento quiere concentrar pisos turísticos en una misma estructura vertical, sin compartir rellano con familias locales, esta casa resulta perfecta. Ideal para el turismo futbolero, con el campo del Barça a un tiro de falta. Los okupas ya han avanzado que no tirarán la toalla, que lo volverán a intentar. La duda es saber si los antisistema también hacen puente. 

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