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Desembarco hondureño en Barcelona

Junto con italianos y chinos lideran el incremento de población foránea, que crece tras seis años a la baja a causa de la crisis - Poble Sec es el barrio con más nacionalidades, 126

PATRICIA CASTÁN / BARCELONA

Mientras miles de inmigrantes hacían la maleta para regresar a sus países golpeados por la crisis que ahogaba a España, un puñado de nacionalidades han seguido proliferando en Barcelona, ajenas a la presunta falta de oportunidades que encontrarían. Pocos casos son tan llamativos como el de los hondureños, que sumaban dos millares cuandó pinchó la burbuja inmobiliaria, y este año son ya 6.726 empadronados en la capital catalana. 

El volumen de ecuatorianos ha caído a un tercio (de 25.351 en el 2007 a los actuales 8.108), el de peruanosargentinos y bolivianos se ha reducido casi a la mitad... pero desde Centroamérica sorprende la catapulta hondureña, que este año ha traído 877 nuevos vecinos a Barcelona, un crecimiento solo por detrás de los omnipresentes italianos, que tras sumar 1.286 son casi 27.000, y de los chinos, tercera nacionalidad extranjera (pisando ya los talones a los paquistanís en presencia total). Un mapa de nacionalidades cambiante, que este año sube un 2,1% la cuota foránea, hasta representar el 16,6% de la población, tras seis años de caída. 

Los 267.571 extranjeros de Barcelona han crecido sobre todo desde la Europa comunitaria (un 2,8%, frente al 1,8% del resto del mundo), un perfil que no viene en busca de oportunidades económicas, sino por estudios o traslados desde las empresas. Todos los distritos incorporan extranjeros, siendo el Poble Sec el barrio que aglutina más culturas: 126 nacionalidades. Por continentes, los europeos son por segundo año el grupo más numero, mientras bajan los americanos, se mantienen los africanos y suben los asiáticos.

EPICENTRO EN NOU BARRIS

Poniendo la lupa en el caso de Honduras hay que viajar hasta Nou Barris para corroborar su aterrizaje al alza. En el distrito más asequible se han asentado casi la mitad y son ya la comunidad foránea más numerosa. Literalmente han anidado, porque en su caso suelen ser las mujeres las que emigran, se instalan en Barcelona con la vista puesta en el trabajo doméstico, se traen a la familia y aumentan aquí su prole.

Lo cuenta Jorge Alberto Irias Murillo, en el segundo coto hondureño, el Poble Sec. No solo por los muchos compatriotas que allí viven, sino porque los equipamientos públicos del barrio se han convertido en referentes para la integración local. Hoy sábado es día de efervescencia, cuando el centro civíco del Sortidor acoge una de las actividades estrella, las clases de catalán, en las que participan unos 80 hondureños. Los domingos otras iniciativas facilitan la inserción laboral, desde clases de informática a inglés, "casi siempre con voluntarios", ya que prefieren no depender de ayudas de la Administración.

Irias ha pasado 30 de sus 58 años en Barcelona y ya no quiere billete de vuelta. Siempre se ha dedicado a la construcción, hasta siete días a la semana capeando la crisis, y ha logrado agrupar a su esposa y tres hijos -más otros dos nacidos aquí-, e incluso a sus padres. En la nueva patria, dedica su tiempo libre a la presidencia de la Federación de Asociaciones Hondureñas en Catalunya.

Justifica el auge de compatriotas en razones de peso: "La entrada en EEUU es cada vez más difícil y aunque la situación económica de Honduras es regular, allí hay muchos problemas de seguridad". Buscando un destino, el desembarco es suave, culturalmente hablando, en Barcelona, mantiene. No deja de alertar a los suyos de que la situación laboral aquí puede complicarles la vida, pero estos cada vez más se abren más a campos como el comercio y la restauración, o incluso en profesiones de titulación universitaria, se congratula.

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