BARCELONEANDO

Tres milagros como poco

El MNAC exhibe desde 1961 las pinturas de Sijena quemadas al inicio de la guerra civil

La sala del Museu Nacional donde se exponen las pinturas murales de la sala capitular del monasterio de Sijena salvadas por Josep Gudiol.

La sala del Museu Nacional donde se exponen las pinturas murales de la sala capitular del monasterio de Sijena salvadas por Josep Gudiol. / ALBERT BERTRAN

Se lee en minutos
Natàlia Farré
Natàlia Farré

Periodista

ver +

Josep Gudiol  las salvó durante la contienda y evitó que se perdieran para siempre

Siempre han sido una de las joyas del MNAC. Pero nunca habían gozado de la popularidad del Pantocrátor de Taüll (en realidad una 'maiestas domini') o de la Majestat Batlló. Hasta ahora. Las cosas han cambiado. El litigio que Aragón y Catalunya mantienen por su custodia las ha puesto en la zona caliente del museo. O sea, en uno de aquellos puntos en los que, como pasa en los centros comerciales, la gente fija su atención. El personal de sala responde más que nunca a preguntas acerca de estas pinturas. Y los responsables del centro afirman que desde que el pleito colea reciben numerosas llamadas relacionadas con los murales. Muchas llegan de la comunidad vecina y tienen por objetivo saber si las obras en cuestión son accesibles. Hablamos de las pinturas murales de la sala capitular del monasterio Sijena. Únicas por su calidad, iconografía y estilo. Y sí, están al alcance de la vista del público. Lo están desde 1961. Y lo están para todo el mundo.

Aunque lo están de milagro. O de milagros, porque ha habido más de uno. Veamos. Los murales, como todo el cenobio, se quemaron a inicios de la guerra civil. "Vinieron unos de Barcelona a incendiar el monasterio y, después, unos funcionarios catalanes se llevaron las pinturas". Así se despachó, en enero, Ildefonso Salillas, alcalde de Villanueva de Sijena, durante el juicio por las obras. Una afirmación que carece de fundamento pero que ha calado hondo. La letanía se repite hasta la saciedad. De manera que en Aragón es casi una verdad incontestable. Tanto que al historiador Alberto Velasco la publicación de una versión de los hechos, con documentos en mano, que apunta al Comité local de Sijena como autor de la quema, le ha costado una demanda por difamación por parte del municipio oscense. Huelga decir que Velasco, que es conservador del Museu de Lleida, cuenta con el apoyo de sus colegas historiadores. Y más.

Las obras  fueron ofrecidas al Museo de Zaragoza en la década de los 40 pero no las quiso por caras

SIN TECHO HASTA 1990

Aunque a estas alturas poco importa quién le dio a la cerilla. Lo suyo es saber que alguien se preocupó por las pinturas. Y ese alguien fue Josep Gudiol, que realizó una heroica misión de rescate. Expolio, según los aragoneses. Gudiol, miembro de las brigadas de protección patrimonio de la Generalitat, fue alertado del desastre por otro 'monument man', el artista Apel·les Fenosa. Consiguió el dinero necesario para socorrerlas. Y lo hizo. Las salvó de la única manera posible: arrancando con la técnica del 'strappo' las que peligraban, o sea, las que habían quedado a cielo descubierto. Suerte. El techo no se reconstruyó hasta 1990. Así que, de no haber 'expoliado' Gudiol las pinturas, hoy Aragón no tendría nada por lo que litigar. Y sí mucho por lo que llorar. Ese, el rescate, fue el segundo milagro que ahora permite gozar de las pinturas.

El primero data del siglo XII, centuria en la cual Sancha de Castilla, esposa de Alfonso el casto, I de Catalunya y II de Aragón, decidió levantar el monasterio en la laguna donde cada noche se trasladaba, se supone que por medios propios, de ahí el milagro, la virgen de la parroquia de Sijena. Las pinturas llegaron un poco más tarde, en el siglo XIV. Y el tercer milagro, en la década de los 40. En 1941, según consta en el libro 'Museo de Zaragoza. 150 años de historia', o en 1943, según explica Luís Monreal en 'Arte y Guerra Civil'. El caso es que por aquellas fechas las pinturas se ofrecieron al Museo de Zaragoza. Las rechazó. Había que pagar el coste de su traspaso a lienzo y su colocación en bastidores. Entre 6.000 y 30.000 pesetas, según las fuentes. Consideraron que era demasiado por unas pinturas que ahora tanto reclaman. Finalmente, el coste fue asumido por el Ayuntamiento de Barcelona en 1949 con permiso del director general de Bellas Artes, Juan de Contreras, marqués de Lozoya.

Noticias relacionadas

ESCUCHAR A LOS EXPERTOS

Tal como quedaron pueden verse en el MNAC. De momento. Pues hay una sentencia en primera instancia favorable a Aragón y una ejecución de sentencia pendiente de resolución para que su vuelta sea ya. Visto lo que pasó con los objetos del monasterio también reclamados (en otro juicio) y restituidos en parte (ayer la jueza dictó un auto advirtiendo de las consecuencias económicas y legales de no devolver el resto), lo suyo es implorar otro milagro: que en el juzgado donde se litiga por las pinturas escuchen a los expertos. Gianluigi Colalucci, máxima autoridad mundial en pintura mural, lo dejó claro en una entrevista publicada en el 'El Punt Avui': "Las pinturas no se pueden mover" si de preservar su integridad se trata.