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TERROR GLOBAL

Barcelona acentuó el año pasado la protección de sus iconos y grandes eventos ante la amenaza yihadista

Una foto del Estado Islámico en la que aparecía la Sagrada Familia obligó a reforzar la seguridad en el templo

Los Mossos d'Esquadra reajustan semanalmente los dispositvos obedeciendo a los servicios de Información

Guillem Sànchez

Barcelona acentuó el año pasado la protección de sus iconos y grandes eventos ante la amenaza yihadista

ALBERT BERTRAN

Una imagen difundida desde una de las productoras del Estado Islámico durante el mes de agosto del 2016 activó la alarma en Barcelona. En esta fotografía se señalaban monumentos mundiales para convertirlos en objetivos terroristas. Aparecían el Coliseo de Roma, la Estatua de la Libertad de Nueva York, el Big Ben de Londres y también la Sagrada Família de Barcelona. Este hallazgo originó una reunión de los Mossos d'Esquadra con los responsables de la seguridad del templo de Gaudí y se tomaron nuevas medidas para mejorar la protección de la basílica.

Según ha podido saber este diario, los Mossos solicitaron que se minimizaran las colas de turistas en el exterior para que estas concentraciones se formaran ya dentro del recinto, cuyo perímetro, por cierto, se había empezado a cercar la primavera del año pasado con una valla de red metálica de dos metros y medio de alto. También se amplió a raíz de la publicación de la imagen la seguridad en los alrededores, con más dotaciones de antidisturbios y un incremento del número de patrullas que se acercan a vigilar la zona.

Es solo un ejemplo de cómo la amenaza yihadista obliga a extremar las medidas de seguridad en la capital catalana, con constantes reajustes. Todo empezó en enero del 2015. Con la matanza de periodistas de la revista 'Charlie Hebdo', la pesadilla del Estado Islámico desembarcó definitivamente en Europa. España elevó entonces su nivel de alerta hasta 4 sobre 5. Once meses después, de nuevo en París, un atentado múltiple perpetrado por hombres armados con fusiles de asalto asesinó a 137 personas y dejó 415 heridos. La peor parte se vivió en el interior de la sala de fiestas Bataclan. El 14 de julio del 2016, un camión arrolló mortalmente a 89 personas que festejaban el Día Nacional de Francia en el paseo de los Ingleses de Niza.

Una irrupción en una redacción, una masacre en una discoteca y un atropello descabellado. Tres formas distintas de atacar a ciudadanos que obligaron a todas las policías europeas a redefinir sus estrategias para defenderlos.

Mercè, Barça, macroconciertos

Antonio Díaz, experto en inteligencia y seguridad de la Universidad de Cádiz (UCA), minimizaba el pasado octubre la importancia de la imagen que incluía la Sagrada Família. "Es la lista que haría cualquier niño al que le preguntaras por los principales iconos de Occidente", razonaba. Debe distinguirse entre la voluntad de atacar y la "capacidad de hacerlo", decía.

El entonces portavoz de los Mossos, el intendente Xavier Porcuna, también rebajaba el impacto del colaje porque, explicaba, los Mossos se reúnen habitualmente con los responsables de la Sagrada Família, como lo hacen con el resto de agentes implicados en el plan operativo específico (POE) puesto en marcha para prevenir la amenaza yihadista. El objetivo es siempre el de "proteger", tratando de "impactar lo menos posible en el día a día del ciudadano".

No obstante, el aumento de la seguridad saltaba a la vista para los habitantes de la capital catalana. Durante la última Mercè, por ejemplo, hubo policías equipados con armas largas en todos los conciertos. Anteriormente, se vigilaban solo los más concurridos. Y la pasada temporada, cuando jugaba el F. C. Barcelona, tras la inspección previa del estadio, la unidad canina y los TEDAX ya no se marchaban, sino que se quedaban hasta que acababa el partido. Cuando en la ciudad había un evento sensible como un macroconcierto que requería la activación del GEI -el cuerpo de élite-, este pernoctaba en una comisaría cercana. Ahora no. Estos especialistas montan la guardia justo al lado del punto de interés.

Detectores de metales

Asimismo, instalaciones y entidades han reforzado la seguridad privada, como en el partido de octubre pasado del F. C. Barcelona Lassa contra Oklahoma City Thunder disputado en el Palau Sant Jordi, donde los espectadores tuvieron que pasar por dispositivos detectores de metales.  

Porcuna contaba a este diario que dese que el ataque a 'Charlie Hebdo' obligó a activar el POE, este se revisa constantemente en función del grado de amenaza para ajustarlo a las necesidades. El timón está en manos del Gabinete de Evaluación de la Amenaza, que elabora semanalmente un informe de riesgos a partir de los policías de la División de Información. Este documento se eleva hasta la Mesa de Coordinación Antiterrorista y desde allí se implementan las medidas que acaban absorbiendo sobre todo las unidades de la Brigada Móvil (BRIMO), de las respectivas Áreas Regionales de Recursos Operativos (ARRO), la canina, la de subsuelo y el Grupo Especial de Intervención (GEI).

Armas personales

Este diario contactó asimismo con varios agentes -de Mossos d’Esquadra y de la Guardia Urbana de Barcelona- que han explicado que la cifra de policías que han adquirido un arma ligera de uso personal ha crecido. Han optado por comprar pistolas semiautomáticas de pequeñas dimensiones que pueden llevar siempre encima. Dentro de bolsos o incluso en el bolsillo del pantalón. "Imagínate que estás en un concierto e irrumpe un terrorista armado con un fusil de asalto. Comparada con la potencia de fuego de este, una semiautomática es casi una pistola de agua, pero el hecho de llevarla encima te daría una oportunidad", razonan. Una iniciativa individual para defender un estilo de vida, tan amenazado como los iconos de la capital catalana. 

Joan Antón Mellón, catedrático de Ciencias Políticas de la Universitat de Barcelona (UB), subrayaba que es "exigible" que la inteligencia policial sepa anticipar los ataques porque reaccionar cuando ocurren es "siempre un fracaso". Este experto aclaraba, no obstante, que esta tarea es responsabilidad compartida de "todos los agentes sociales", que deben implicarse en la detección de cualquier indicador de radicalización.

La actividad principal de los Mossos es desde hace casi tres años la lucha antiterrorista. El 30% del patrullaje que hacen los agentes de Seguridad Ciudadana se invierte en esta prevención. Tras Bataclan, no se incrementó el nivel de alerta porque ello -una decisión que tomaría el Ministerio de Interior- implicaría que la amenaza es inminente en España. "No lo es", tranquilizaba Porcuna en octubre del 2016. Señalaba que en Catalunya no se había detectado ningún grupo con capacidad para atentar "ni en Barcelona ni en el resto del territorio". Este jueves, menos de un año más tarde, lamentablemente, la realidad es otra.