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ANÁLISIS

Sonrisas y colmillos

Resulta inquietante el auge de las manifestaciones totalitarias y de la tendencia a linchar en Catalunya a quienes no comulgan con los dictados soberanistas

Luis Mauri

Nacionalistas con paraguas negros boicotean el pregón de la escritora Elvira Lindo en las fiestas de la Mercè del 2006.

Nacionalistas con paraguas negros boicotean el pregón de la escritora Elvira Lindo en las fiestas de la Mercè del 2006. / FERRAN NADEU

En su espléndida  'Homero, Ilíada'Alessandro Baricco reescribe la gran epopeya griega suprimiendo la intervención de los dioses. En la escena solo quedan hombres, héroes y sus pasiones. Pasados por el tamiz de Baricco, los personajes de Homero se conducen de forma semejante a los hombres de 2.800 años después.

Las pulsiones que nos gobiernan son las mismas que nos envenenaban hace tres milenios, más domesticadas, pero no menos ponzoñosas. Los logros científicos son irreversibles, pero las conquistas sociales están condenadas a la precariedad. ¡Nunca más!, clamó Europa tras el horror del nazismo. ¿Nunca más? No habían pasado 50 años y la sangre de un nuevo genocidio anegaba los Balcanes. Hoy, la ultraderecha avanza en toda Europa y las bases de la unión se estremecen ante los heraldos del miedo y el odio.

Caza de brujas

Aquí también tenemos lo nuestro. En Barcelona, la cacería de brujas que ha convocado el sector más cerril del nacionalismo catalán en respuesta al nombramiento de Javier Pérez Andújar como pregonero de la Mercè. Pérez Andújar es un escritor muy recomendable, pero al parecer acarrea un estigma imperdonable: no es nacionalista. Más aún, ha tenido la osadía de satirizar la autodenominada 'Revolución de las sonrisas'. El acoso al que están sometidos el pregonero, el ayuntamiento que lo ha designado y aquellos que han plantado cara al hostigamiento sectario que sufre el escritor resulta inquietante.

«Nadie ha discutido su calidad literaria [de Pérez Andújar], pero sí su calidad humana», escupía este lunes el órgano de 'agit-prop' nacionalista Directe.cat. Ya se sabe cómo funciona este negociado. Primero se boicotea a quien no comulga con la Religión Única y Verdadera, a continuación se niega su calidad humana y después… ¿qué viene después? ¿La negación de la condición humana misma? El siglo XX está lleno de escalofriantes recordatorios de lo que viene después. Vaya con las sonrisas; debajo de algunas asoman las afiladas fauces de la fiera.

Vigor democrático

El caso Pérez Andújar no tiene tanto que ver con la dialéctica independentismo-federalismo-unionismo como con el vigor o la endeblez democráticos de la sociedad. Cualquiera de las tres opciones en liza es legítima si se propugna y se gana (o se pierde) con arreglo a los preceptos democráticos. La cuestión de fondo, pues, no es esa, sino el perturbador auge de las manifestaciones totalitarias y de la tendencia a señalar y linchar a quienes no comulgan con el dictado del soberanismo.

Las sociedades democráticas gozan de buena salud hasta que dejan de gozarla. Como no se trata de tecnología, no hay avances consolidados; la regresión está siempre al acecho. ¿Cuánto tiempo llevamos aparentando que no sucede lo que está sucediendo a nuestro alrededor? ¿Cuánto tiempo maquillando con eufemismos condescendientes la violencia verbal y las bravatas cavernarias? «Estos hiperventilados...», solemos despachar con graciosa indulgencia, como si el niño se hubiera peído en la mesa. Algo conceptualmente no muy distinto le habíamos escuchado a Xabier Arzalluz en Euskadi: «Estos chicos de la gasolina... No les deis importancia, molestan, pero no son el problema de este pueblo» (1997).

Ominosa tradición

En Barcelona, nadie arroja botellas incendiarias a los balcones de los desafectos al 'procés'. Pero las campañas de acoso y derribo a la persona constituyen una triste tradición. Aún resuena el eco de la ignominiosa máxima del actor e icono soberanista Joel Joan: «Cuando la tortilla dé la vuelta, quien no sea independentista será un traidor» (2010). O el llamamiento del cómico cortesano Toni Albà –'alma mater' del oprobio a Pérez Andújar– a boicotear una obra de la actriz Carmen Machi por haberse declarado federalista (2012). O los abucheos a la escritora gaditana, madrileña y neoyorquina Elvira Lindo por pregonar en castellano la Mercè en el 2006. Nadie convocó boicots, afortunadamente, cuando el mismo alcalde, Jordi Hereu, encargó los pregones de la fiesta mayor de la ciudad a la actriz Montserrat Carulla (2009) y el poeta Joan Margarit (2010), ambos soberanistas declarados.

No hay duda de que son muchos los independentistas que no quieren una Catalunya donde la discrepancia sea sinónimo de traición y causa de linchamiento. Pero eso no debería velar la seria amenaza que el fundamentalismo rampante proyecta sobre el país entero.