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¿Conocen a María Corte? En Nueva York, sí

La trayectoria profesional de esta ilustradora de Gràcia es un géiser, así que merece la pena ir al fondo de la fuente de su creatividad para explorar sus orígenes

Carles Cols

María Corte, con uno de sus creaciones, en su piso de Gràcia.

María Corte, con uno de sus creaciones, en su piso de Gràcia. / ALBERT BERTRAN

MARÍA CORTE

Ilustración para IL Magazine.

María Corte (Barcelona, 1983) era de las que en clase de dibujo no pasaba del bien, una nota mediocre, sobre todo en comparación con el resto de su buen expediente académico. Actualmente es ilustradora habitual de ‘The New York Times’, ‘The Washington Post’, ‘The Wall Street Journal’, ‘Scientific American’, ‘American Express’, ‘Icon Magazine Italy’, ‘Corriere della Sera’ y, por dejarlo aquí y no aburrir, una aún más larga lista de publicaciones y empresas, un currículum de aquellos que seguro que dan pelusa si uno es del gremio. Vive en Gràcia. Trabaja en casa. Publica sobre todo al otro lado del Atlántico. A esta orilla su nombre es poco conocido.

De uno de aquellos pilotos de motociclismo que entre los años 80 y 90 ganaron de forma consecutiva los campeonatos del mundo de 500cc (Freddie SpencerEddie Lawson o Wayney Rayney, la memoria es débil y cuesta precisar cuál de ellos fue) se contaba una anécdota deliciosa. Tras alzarse con la corona mundial, regresaba a casa, a Estados Unidos, un país en el que la carreras de motos ni fu ni fa, y sus vecinos le decían “¿dónde estabas?, hace tiempo que no te veíamos”. A María a lo mejor le ha pasado algún día esto en una conversación de ascensor.

Salió de la Massana y gastó 60 euros en un concurso de cazadores de talento. Hoy forma parte de la galaxia de ilustradores de una agencia de Park Avenue

Total, que lo fácil sería aquí y ahora echar mano de la sorprendente historia de María Corte, porque de verdad que lo es, para contar una vez más que España es mala tierra para profetas, que este es un país de camareros, como está de moda decir ahora. Un blablabla ya muy conocido. Así que el reto es otro. Como un Teseo, tirar del hilo para tratar de descubrir cómo de un sistema educativo que entroniza la educación científica y menosprecia el talento artístico surgen a veces casos como el de Corte.

MARÍA CORTE

Kansa City, ilustración para el libro 'J is for jazz'.

Ken Robinson es autor de varios libros pero es sobre todo célebre en el mundo anglosajón por su demoledora conferencia titulada ‘School kills creativity’, de muy oportuna visita ahora que acaba de comenzar el curso escolar. Uno de los momentos más emocionantes de su exposición es cuando relata el caso de la coreógrafa Gillian Barbara Lynne, responsable de exitazos como ‘Cats’ o ‘El fantasma de la ópera’. Era tal desastre en clase que su madre la llevó al médico, porque era incapaz de concentrar su atención. A aquel doctor deberían hacerle un monumento, porque puso música y dejó a la niña sola unos minutos en la consulta. Él y la madre, mientras, espiaban por la cerradura. Lynne comenzó a bailar. Caso resuelto.

MARÍA CORTE

Ilustración para Evening Standard.

De María Corte, cuando se habla de ella, se suele explicar lo más inmediato. Que recaló en la Escola Massana algo despistada, sin una vocación clara, pero aquello resultó ser una placa de Petri perfecta para cultivar su creatividad. Terminó los estudios en el 2008. Hizo algunos trabajos menores por aquí y por allá y, en un pronto, hizo lo que parecía un disparate, pagó 60 euros por participar en un concurso de cazadores de talento que organizaba la agencia neoyorquina Richard Solomon. Cuando había perdido toda esperanza, recibió una llamada con prefijo internacional. Le pilló de compras. Nervios. Le llegaron así los dos primeros encargos, uno de ‘The New York Times’ y otro de la BBC. Desde entonces forma parte del catálogo de ilustradores de esta empresa con sede en Park Avenue.

Su estilo es realmente singular. No parece fruto de una asignatura magistralmente impartida en la Massana, sino de una semilla plantada cuando era niña, en esa etapa de la vida en la que, según Robinson, la escuela mata la creatividad. Hija de dos psiconalistas de aquellos que retrata Woody Allen en sus películas y que ridiculiza Billy Wilder en ‘Primera Plana’ porque se las tuvo con Sigmund Freud cuando era periodista antes que director de cine, a María Corte la llevaban a ver arte a los museos, que recuerda con cariño, pero idéntico interés tenía por la estantería prohibida de su casa, en la que su padre tenía ejemplares del 'Víbora' y cómics de Milo Manara, como una suerte doméstica del arte degenerado que los nazis proscribieron, pero con Nazario en lugar de George Grosz.

De las paredes de su infancia recuerda reproducciones de Piet Mondrian y de Amedeo Modigliani, y también un Gustav Klimt, pero no el habitual, el que tantos tienen,‘El beso’, sino uno más perturbador, ‘La lluvia dorada’, dedicado a una esas formas tan singulares que Zeus tenía de fecundar a sus amantes. Esto viene al caso porque entre la obra de María Corte despunta con un carácter propio su obra erótica, de un desenfado excepcional. Ha recibido varios encargos de ‘Playboy’. Algunos han sido publicados. Otros, no. “Crossing de line, María”, le han dicho desde el otro lado del Atlántico, te has pasado de la raya. ¡Qué bueno!, su propio arte degenerado.