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La ciudad y la pintura

El artista barcelonés Juan Luis Quintana explica las claves de la supervivencia del pintor independiente

MAURICIO BERNAL / BARCELONA

Una expresión que repite con frecuencia Juan Luis Quintana es “la vida del pintor independiente”: no solo porque es por lo que se tiene a sí mismo sino porque después de tantos años ejerciendo como tal ha elaborado una especie de manual imaginario, el Manual del Pintor Independiente, primo hermano, se puede sospechar, del Manual del Escritor Independiente, y del Manual del Cineasta Independiente; en general, del Manual del Artista Independiente, que de existir los agruparía a todos. Todo aquel que como Quintana no puede vivir de su arte suscribiría probablemente el punto uno del manual, que habla de una realidad extendida: se ha de tener una fuente alternativa de sustento. Las redacciones de periódicos están llenas de escritores que no pudieron serlo, o no pudieron serlo como anhelaban.

“La vida del pintor independiente”, reflexiona Quintana, “es algo muy complicado”.

Quintana ha sido profesor de bachillerato artístico en varios institutos de Barcelona durante los últimos 30 años, y es así como ha satisfecho las exigencias del punto uno. “En el Maragall, en el Emperador Carles, en el Infanta Isabel… En bastantes sitios”. Da clases de noche y de día se dedica a pintar. Su piso del Poblenou es menos el de un profesor y más el de un pintor, porque está lleno de cuadros colgados y amontonados contra la pared, y de pinceles tirados aquí y allí, algunos dispuestos sobre una formación de clavos creados se diría que para cumplir esa y ninguna otra misión. El verano entra por la ventana en la forma de unos rayos amables de sol vespertino. “A veces tengo que mover los cuadros de lugar, porque tanto sol los perjudica”.

UNA ENCUESTA DEL INE

Sería elocuente una encuesta del INE que tuviera en cuenta no solo el trabajo que ejerce cada uno sino el trabajo que le gustaría ejercer, o le gustaría haber ejercido, o lo que realmente le quita el sueño y que no es precisamente la actividad a la que se dedica ocho horas al día sentado en una silla de respaldo reclinable, o en una silla incómoda y medio rota, delante de un ordenador eternamente encendido. ¿Qué diría Quintana cuando tocaran a su puerta? Diría eso, que es pintor, pero que de la pintura no ha podido vivir. “He tenido dos oficios porque ganarme la vida con la pintura es muy difícil. Cuando eres pintor te ganas la vida dando clases o tienes una familia rica que te mantiene. Conozco casos. Por otro lado, eso me ha permitido comprar mi libertad. Como el liberto romano que se libera de sus cadenas”.

Quintana se ha ganado la vida como profesor de bachillerato artístico en varios institutos

Quintana dice que “siempre” ha pintado lo que ha querido, que es algo que si estuviera atado a una galería no habría podido hacer. “Porque las galerías suelen decirte: ‘Tira por aquí, que esto es lo que vamos a vender’, lo cual en mi caso habría significado renunciar a varias líneas de pintura”. En la vida del pintor independiente, dice, se lo cocina todo el artista: sin representante, sin galería, sin mecenas, sin padrino, sin nada a lo que aferrarse más que la materia prima, sin ninguna seguridad aparte de la que brota de su mano errando por el lienzo. “Te tienes que buscar la vida sin contactos, a pulso, rastreando galerías, centros cívicos, hablando con tu círculo de amistades, y así de vez en cuando expones”. Lo consiguió este verano en la Galería Olivart, en el Born, donde expuso su última serie, 'Planisphaerium', que es lo que su nombre indica: una serie de pinturas de planisferios. La génesis de la treintena de cuadros que la conforman habla del modo en que aborda su trabajo.

AL PRINCIPIO FUE UN ÓVALO

“Al principio tenía un óvalo, y entonces empecé a expresarme libremente, como suelo hacer cuando pinto. Mientras lo hacía, empecé a ver los paralelos y meridianos del globo terráqueo, y vi que sin darme cuenta estaba pintando un planisferio”. Ocurrió hace mucho tiempo, 20 años, y plantó en la cabeza de Quintana la idea de la serie, la cuarta sobre la que gravita su obra además de 'Geometrías circulares', 'Paisajes antropomórficos' y 'Bodegones cubistas'. Las cuatro series sobre las que puede trabajar sin cortapisas porque es independiente, pero que por ser independiente le cuesta tanto exhibir. No importa. Es el precio que paga el liberto. 

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