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Colau da un giro de 180º a la línea que emprendió el zoo hace dos años

El recinto de la Ciutadella acumula 124 años de trayectorias erráticas que ahora afloran en el debate sobre su futuro

CARLES COLS / BARCELONA

El futuro del Zoo de Barcelona no puede decidirse por la vía de la inacción”, sostiene Sònia Recasens, concejala responsable del zoológico de la ciudad en la etapa de Xavier Trias como alcalde. Opina con el aval de que fue la encargada de corregir la falta de inversión que durante los últimos gobiernos socialistas propicio el deterioro del parque animalista. El proyecto de renovación del delfinario (que incluía hasta una piscina-'nursery' y una piscina-hospital) llevaba su firma política. Aquel proyecto, a la vista del debate abierto por el equipo de Ada Colau para determinar de una forma coral el futuro del zoo, jamás se ejecutará, así que antes del 2019 Barcelona deberá desprenderse de sus últimos cuatro delfines para no quedar fuera de la red europea de organizaciones de conservación de especie aniamales, de las que el zoo no solo es miembro, sino que es un puntal.

Recasens, es cierto, es ahora concejala de la oposición. Pero que hace apenas dos años se presentara una inversión de 10 millones de euros para un nuevo delfinario y que este próximo mes de septiembre el Ayuntamiento de Barcelona haya convocado una cumbre monográfica sobre esos mamíferos marinos, con una nutrida presencia de organizaciones animalistas y una más que probable decisión de cerrar esa instalación a medio plazo, es un perfecto resumen de la trayectora errática del zoo a lo largo de sus 124 años de historia.

SIN BRÚJULA DESDE 1892

Los zoos, en realidad, siempre han tenido esa trayectoria errática, como de planeta sin órbita. El de Barcelona se fundó en 1892 porque un particular donó la colección de bestias salvajes que acumulaba en su finca de Horta. En 1897, la prensa publicaba periódicamente qué excedentes de animales y huevos se ponían a la venta, por si alguien deseaba degustarlos. Eso fue en el XIX, se dirá. Pero en 1966, de eso hace solo 50 años, llegó Copito de Nieve a la ciudad. A nadie le extrañó durante tres décadas que Barcelona se empeñara en alumbrar un segundo gorila albino, desde el punto de vista ético tan discutible como forzar que nacieran unos simios siameses. Eso fue hace medio siglo, se dirá. Pero hace menos de 15 años el gobierno de Joan Clos programó primero llevar el zoo fuera de Barcelona y, después, propuso trasladarlo junto a las playas de levante de la ciudad, no por la salud de los animales, sino porque los urbanistas sostenían que en la Ciutadella molestaba, ya que impedía la conexión entre el emergente Born y la Vila Olímpica.

Ejemplos de ese largo viaje sin brújula hay muchos más. La instalación de los hipopótamos ha sido una de las últimas en ser renovadas, lo cual sorprende porque, como recuerda uno de los expertos que han participado en los debates promovidos por Colau, como animal es casi una plaga en África. Incluso es una especie invasora en las selvas colombianas desde que que se escaparon los del narcotraficante Pablo Escobar.

"DESCATALOGAR"

La cuestión es que el Ayuntamiento de Barcelona ha puesto en marcha un debate para consensuar el futuro del zoo, pero eso ha abierto la puerta, entre otras opciones, a su extinción, como sugieren, muy coherentemente con sus planteamientos, los grupos animalistas que participan en los debates. Como ejemplo, sirve la fundación FAADA. El texto que ha remitido al ayuntamiento como resumen de sus propuestas repasa prácticamente todas las grandes familias zoológicas presentes en el zoo y resumen con una misma palabra, en la práctica totalidad de los casos, su apuesta: “descatalogar”. La militancia de FAADA no soprende. En el texto les lleva incluso a sugerir cómo debería ser la zona de restauración del zoo. Su ideal es que fueran los establecimientos de comidas fueran exclusivamente veganos o, como mal menor, que al menos hubiera restaurantes veganos.

Eso es solo un detalle, pero significativo de los términos en los que se están llevando a cabo los debates. El propósito del equipo de gobierno es presentar antes de que concluya el 2016 un documento de propuestas que definan el futuro del Zoo de Barcelona. El consenso parece hoy por hoy difícil. Alfred Bosch, líder municipal de ERC, sostiene, por ejemplo, que es obvio que el recinto está obsoleto, pero subraya que lo primordial es que en cualquier decisión primen los criterios de conservación de las especies amenazadas y menos los de la pura y simple exhibición. El dirigente del PP Alberto Fernández Díaz considera que, además del conservacionismo, no hay que menospreciar la necesidad de que el zoo sea un lugar atractivo para los niños y para las familias, y que lo que no vale, como sospecha, es persistir en la degradación para después justificar el cierre. Las opiniones de los políticos no tienen, por supuesto, valor científico, pero tal y como explican fuentes municipales, la pretensión no es tomar en este mandato una decisión que pueda revertir después un nuevo alcalde, sino lograr el mayor consenso posible alrededor de un proyecto de futuro que secunden la mayor parte de fuerzas políticas. Dejar de errar, en definitiva.

La FAVB niega que defendiera el cierre del zoo

La Federación de Asociaciones de Vecinos de Barcelona ha negado que en la primera y única reunión de grupo organizada por el ayuntamiento para debatir el futuro del zoo defendiera el cierre del recinto. Al menos dos de los asistentes a esa reunión reiteran, sin embargo, que así fue. Les extrañó que en una reunión en la que se iban a debatir cuestiones científicas participara la FAVB, pero más que cuando tomó la palabra la entidad lo hiciera en ese sentido. Una de las fuentes ha recordado cómo minutos después, en la misma sala y en los corrillos que se formaron para comentar la reunión, un participante animó con ironía al dirigente de la FAVB a que defendiera también la supresión del piromusical de la Mercè con el mismo argumento de que no es una prioridad social. 

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