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BCN debate el futuro del zoo entre partidarios del cierre y defensores de su labor científica

El equipo de Colau prepara para septiembre un primer pulso decisorio con el destino del delfinario sobre la mesa

CARLES COLS / BARCELONA

El futuro del Zoo de Barcelona se decidirá en los próximos cuatro meses. El dado está en el aire y ofrece varias opciones cuando deje de rodar y se detenga. Radicalmente distintas unas de otras. Está la de la bilbainada, que defienden varios grupos animalistas invitados por Ada Colau a opinar en la mesa de debate. Proponen sencillamente la clausura del parque. Está la de la modernez, que sugiere recurrir a la realidad virtual para que los visitantes vean animales que ya no estarán ahí en exhibición. El dado puede caer también del lado quienes apuestan por un zoo de especies autóctonas, catalanas, se supone. Fuentes que conocen desde dentro el proceso que puso en marcha el actual gobierno municipal aseguran que el dado rueda como cargado, que ninguna de sus seis caras ofrece la posibilidad de que el actual modelo se mantenga intacto. Se avecinan cambios.

Bajo la tutela de la concejala Janet Sanz, Colau puso en marcha a principios de año un singular grupo de trabajo, abierto a todo aquel colectivo con ganas de opinar sobre la cuestión. Todo por la participación. Organizaciones animalistas como Depana, la Asociación de Defensa de Derechos del Animal (ADDA) y la Fundación para el Asesoramiento y Acción en la Defensa de los Animales (FAADA) acudieron de las primeras a la cita, pero también entidades imprevistas, como la Federación de Asociaciones de Vecinos de Barcelona (FAVB), que abrió fuego en la primera y única reunión de todos los ponentes con una idea radical. El zoo es un dispendio injustificado y por ello hay que cerrarlo y destinar toda la inversión a otros fines más sociales, dijo su representante.

BOFETADA A LA FAVB

“El nivel técnico de algunos de los que opinan es muy bajo o nulo”, lamenta uno de los asistentes. La réplica a la intervención del dirigente vecinal voló como un bumerán por el salón del Consolat de Mar del Ayuntamiento de Barcelona. Se le planteó a aquel dirigente de la FAVB que, en consecuencia, defendiera también la supresión del piromusical de la Mercè, una cara quema de pólvora que también podría dedicarse a otros fines. Un revés con ironía, vamos. Aquella reunión fue, lo dicho, la primera y la única conjunta. Desde entonces, la responsable de coordinar los trabajos, Carme Maté, en su día directora del zoo y hoy distanciada de ellos, organizó como alternativa una batería de entrevistas particulares de las que deberá salir un documento de propuestas finales antes de que concluya el 2016.

El zoo rinde cuentas cada año ante BSM

El icónico Zoo de Jersey que fundó Gerald Durrell sirvió de plató en 1997 para el rodaje de una película menor del mismo equipo que en su día dio la campanada con 'Un pez llamado Wanda'. 'Criaturas feroces' es un vodevil de escaso eco comercial, pero retrata muy bien el dilema al que se enfrentan los zoológicos del mundo, ser rentables o ser útiles. La película es paródica, pero la historia reciente del Zoo de Barcelona encaja en parte en lo que allí, con trazo grueso, se narra. El parque animal de Barcelona forma parte del entramado de empresas públicas de BSM, como un Tibidabo más, y eso, según fuentes del zoo, ha repercutido negativamente en algunas de las decisiones que se han tomado desde hace años, destinadas a veces a garantizar más el número de visitantes que el bienestar animal.    

En septiembre, sin embargo, puede que haya ya una primera y reveladora novedad. Maté ha convocado una reunión monográfica para analizar el caso particular del delfinario. La Asociación Europea de Mamíferos Acuáticos, de la que forma parte el Zoo de Barcelona, ha puesto el 2019 como fecha límite para que sus asociados pongan al día sus instalaciones. El de Barcelona no necesita un simple remiendo, sino una obra nueva y cara, 10 millones de euros, según el proyecto que duerme en el cajón. El presupuesto, sin embargo, puede que no sea el mayor argumento para que la ciudad se quede sin delfines. Esta es una especie cuya vida en cautividad no tiene gran defensa. Los biólogos y veterinarios del zoo dan por hecho que en septiembre se sentenciará al delfinario. Pero temen más lo que vendrá depués. ¿La batalla animalista por los elefantes? ¿Por los felinos?

DEBATE TRANVIARIO

Las voces en defensa de la labor científica de los zoos parece que son minoría en el debate abierto por Colau. Como Bebeto, que cedió el penalti a Dujkic, el mundo académico mira de momento desde la distancia el transcurso de los acontecimientos. Lo del zoo, pues, va camino de discutirse a la barcelonesa, como el tranvía sí, tranvía no de la Diagonal, en la que buena parte de los partidarios y detractores lo hacen al margen de las consideraciones técnicas.

La cuestión es, desde el punto de vista de los defensores de la supervivencia del zoo, que los argumentos para que siga existiendo no suelen ser tenidos en cuenta. Del bisonte europeo, por ejemplo, quedaban en los años 20 solo 50 ejemplares en todo el mundo, todos en zoológicos. Hoy hay más de 4.000, algunos en semilibertad. La población de gacela dorca del norte de África se recupera gracias a la labor de cría del Zoo de Barcelona. Del cernícalo de Mauricio había en 1976 solo una hembra. La decisión de coger algunos huevos e incubarlos en un zoo fue arriesgada, pero bien llevada resultó crucial para rescatar esta especie.

La rana gigante de la isla de Montserrat (otro ejemplo) encaró su extinción tras una erupción volcánica en 1997, agravada porque esta especie, conocida por los lugareños como ‘chiken mountain’, tiene unos deliciosos muslos del tamaño de una pata de pollo. La población se recuperará gracias a zoológicos como el de Jersey, obra mayúscula del naturalista Gerald Durrell, quien defendía que los zoos son la verdadera arca de Noé de la historia. Esa, de hecho, es una de las propuestas también sobre la mesa del equipo de gobierno, especializar cada vez más el Zoo de Barcelona en animales amenazados, lo cual no obliga exactamente a que estén al borde de la extinción. Cuando en Melbourne (Australia) se logró la primera inseminación artificial de una gorila se obtuvo una experiencia clínica que podría perfectamente aplicarse después en gorilas en libertad.

El Zoo de Barcelona, en resumen, se juega a partir de este mes y hasta fin de año su futuro, no sin una notable desazón por parte de los trabajadores más cualificados del recinto, que temen que la balanza la incline la presión de los grupos animalistas y las ganas de colgarle a Barcelona la medalla internacional de ciudad libre de zoos.

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