DESINHIBICIÓN NOCTURNA

Medio siglo de discotecas

Las salas de baile con música enlatada llegaron a Catalunya para quedarse hace 50 años

Las discos han impulsado profundos cambios sociales e infinidad de tendencias

Un grupo de gogós promocionan en 1967 la primera discoteca Pachá, situada en el paseo de Sant Dídac, de Sitges.

Un grupo de gogós promocionan en 1967 la primera discoteca Pachá, situada en el paseo de Sant Dídac, de Sitges.
La discoteca Pachá de Platja d’Aro tenía una arquitectura integrada con el paisaje.
La pista de la discoteca Tiffany’s, en Platja d’Aro, en 1983.
La entrada de la antigua sala Bikini, en la Diagonal, en enero de 1990.

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Hay un antes y un después en el ocio nocturno a partir de mediados de los años 60, cuando irrumpió en Platja d'Aro el fenómeno de las discotecas, que anticipó tiempos de cambios y rupturas sociales y de nuevos modelos estéticos. Hace medio siglo que las mujeres empezaron a bailar solas y sin sujetador en Catalunya al ritmo de música enlatada procedente del mundo anglosajón, con éxitos como 'Satisfaction', de los Rolling Stones. La oleada pop-rock y la música negra llegaban a locales con generosos decibelios, bebidas alcohólicas en vaso de tubo, humareda de cigarrillos, luces psicodélicas y gogós animandogogós una pista rodeada de altavoces gigantes.

La primera discoteca en romper con el concepto clásico de sala de baile fue Tiffany's de Platja d'Aro, inaugurada el 19 de junio del 1965 por unos emprendedores suizos, dos semanas antes del concierto de los Beatles en la Monumental de Barcelona. Tiffany's fue un oasis de tolerancia y desinhibición dentro de la oscuridad de la dictadura franquista. "Fue pionera por su modernidad. Era un espacio aislado de la realidad exterior, con un diseño arquitectónico cuidado. Un lugar onírico donde la música y la luz invitaban a entrar en una dimensión hedonista, en la que el 'disc jockey' emergía como el chamán de la pista de baile", describe Xavier Castillón, autor del libro 'Nits d'Aro'.

Castillón afirma que Ricardo Urgell se inspiró en este local cuando en 1966 abrió el Pachá en Sitges, la semilla del imperio de las dos cerezas, que más tarde también tuvo sede en Platja d'Aro. Esta turística localidad de la Costa Brava albergó otros santuarios del baile: Paladium (1966) y Maddox. Oriol Regàs relanzó esta última con enorme éxito en 1968. "Entrar en Maddox era como bajar a los infiernos de Dante con las mujeres más guapas", decía en esa época el arquitecto Óscar Tusquets. "En los años 70, en una misma noche, había 20.000 personas bailando en Platja d'Aro", destaca Castillón.

Hay antecedentes a Tiffany's, pero no tan transgresores. En 1953 nació en Barcelona Bikini, un complejo lúdico con sala de baile, minigolf y bolera en la Diagonal, entonces avenida del Generalísimo Francisco Franco. Fue el primer recinto en el que se escuchó música grabada, aunque tuvo que abandonar la iniciativa porque el Síndicato de Músicos no permitía la reproducción mecánica. No volvió a tener 'dj' hasta los 70. Les Enfants Terribles, en pleno Raval, se vanagloria de ser la discoteca más antigua de Barcelona, y permance en el mismo lugar. Según sus actuales propietarios inició su trayectoria en 1963, aunque no queda claro que en esos primeros años se pincharan discos, el factor diferencial de la 'boîte' o discoteca respecto del antiguo régimen de la sala de fiestas con orquesta.

LA BOLA REFLECTANTE

"La proliferación de las discotecas es meteórica a partir de 1966 y va emparejada con la consolidación del fenómeno de la música pop-rock anglosajona, que empieza a ser difundida por la radio. Los jóvenes sienten una irrefrenable necesidad de poder bailar en locales dotados de potentes equipos de amplificación del sonido, bajo una bola con trocitos de espejos que gira", expone Miquel Barcelonauta, autor del blog Barcelofilia, que ha superado los 1.300 artículos dedicados a los vestigios de la ciudad.

Alrededor del Turó Park, cerca de la plaza de Francesc Macià (entonces Calvo Sotelo), empiezan a abrirse discotecas en las que se escuchan discos de importación, como Key Club o Baccará (que acumuló una colección de vinilos fabulosa como saben quienes adquirieron ejemplares en la chamarilería cercana a los antiguos Encants donde apareció en los 90). Su epicentro fue la calle de Beethoven. El núcleo más bien pijo crece en los 70 con las aperturas de 98 OctanosDon Chufo y su pista giratoria, Charly Max (después Fibra Óptica) y Metamorfosis.

"En estas salas, los jóvenes de familias adineradas abundaban, pero los hijos de la clase media también eran clientes habituales por la fascinación que generaba todo lo que estaba de moda, y para aparentar más nivel social del que realmente tenían en un contexto sociopolítico presidido por el desarrollismo franquista", analiza Barcelonauta sobre esos años en los que los adolescentes con posibles se uniformaban con polos con la etiqueta del cocodrilo, pantalones Levi's y mocasines Sebago. 

Este núcleo por encima de la Diagonal se complementa con 'Tuset Street', el reino de la intelectualidad con discotecas como Runner (1965) o Coupe 77 (1969) y con la zona alta de la calle Muntaner donde Regàs impulsó Bocaccio (1967), el punto de encuentro de la 'gauche divine' con sus ganas de sobrepasar las normas establecidas. La modelo y actriz Teresa Gimpera prestó su imagen a Bocaccio, donde también era accionista. "Iba sola, siempre te encontrabas a alguien. Eso era inverosímil", comenta Gimpera.

EL METEORITO SIDERAL

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Planeta 2001 (1969), en Consell de Cent, cautivó por su delirio alienígena. Los combinados se servían en copas con forma de roca plutónica, meteorito sideral, módulo lunar u ovni. Cada cóctel tenía recipiente propio, como el Sputnik, una especie de pecera con patas de nave espacial rellena de brandy, menta y licor de naranja. Fede Sardà, propietario de Luz de Gas, fue uno de sus 'dj'. Se escapaba a Londres y a París a comprar las novedades internacionales. "Pero al final lo mejor era ir a Perpinyà. Allí podía escuchar los discos", dice Sardà, quien destaca que fue la primera sala con camareras detrás de la barra. "Eso sí, disfrazadas de marcianas", se ríe. El secreto del éxito de una discoteca, según él, radica en saber conectar con el momento y vetar la entrada a camellos. "La droga es lo peor", sentencia.

Xavier Agulló fue cronista de la vida nocturna desde su columna 'Las mundanas' en 'El Noticiero' y después en 'El Periódico'. "La mejor época fueron los años 80. Barcelona era un festival. La noche tenía un punto más culto que la movida madrileña. Era un ambiente más 'new wave' en locales que sorprendían por su diseño. La frase de entonces era: '¿Diseñas o trabajas?'", cuenta Agulló. Para él, la discoteca que rompió con todo en esa década fue Studio Ono, en la calle del Pi, a la otra orilla de la Up & Down en Pedralbes. "En Studio Ono las chicas entraban desvistiéndose y se follaba sobre los pódiums. Jamás se había visto nada igual. Se hundió por culpa de que daban garrafa, y eso nadie lo perdona", concluye. Se iniciaba una era más salvaje que ya es otra historia.