28 feb 2020

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Éxtasis en la piscina

Más de 8.000 personas concurren a la cita cumbre del Circuit Festival en la Illa Fantasia de Vilassar de Dalt

MAURICIO BERNAL / VILASSAR DE DALT

Dos gogós enardecen a una multitud de bañistas en la piscina de Illa Fantasia, ayer.

Dos gogós enardecen a una multitud de bañistas en la piscina de Illa Fantasia, ayer. / ALBERT BERTRAN

Hubo un momento de furor, uno en el que brotó de la piscina un rugido de emoción y aprobación, cuando una treintena de individuos -arquetipo fornido- subieron uniformados al escenario y empezaron a contonearse, a bailar. Era el instante gogó, y la música retumbó con vigor, y algo como un estremecimiento colectivo -otro más, la jornada se cimentó en esos momentos- se apoderó de la multitud. Pasaban las cuatro de la tarde y la gran fiesta de la piscina estaba en su apogeo, y su apogeo lo simbolizaba esa cohorte gay de calzones blancos y profusa musculatura, que es como un cliché del sector. Sus señorías del imaginario homosexual resolvieron de paso el enigma que emanaba de la montaña de flotadores apilados desde el comienzo a un costado del escenario: en otro momento fascinante, arrancaron un nuevo bramido de la masa cuando los lanzaron al azar a la piscina, con un gesto en el rostro que decía: “Divertíos, amigos. Aquí van estas tortugas, estos tiburones, estos peces payaso”.

Es el día más epicúreo de 13 días epicúreos, y una jornada con un simbolismo especial

El tradicional Water Party Day, la fiesta diurna en la Illa Fantasia, en Vilassar de Dalt: más de 8.000 personas en el que se considera el momento cumbre del Circuit Festival. El día más epicúreo de 13 días epicúreos, y un día con un simbolismo especial. No tanto por la foto de la muchedumbre en la piscina, que al parecer da la vuelta al mundo, sino -explicaban los asistentes- por la carga hedonista que se desprende de una fiesta de este tipo: miles de personas en bañador y ávidas de juerga y de mostrarse y de mirar. Llegado el momento, probablemente de tocar. “Aquí se viene a darlo todo, chico”, resumía uno. Gran mayoría de hombres, como siempre, más mujeres que de costumbre, uno que otro travestido y, en términos de origen, una especie de cumbre mundial: gente de todas partes. “En mi país no hay esto” era una respuesta repetida. O rostros elocuentes que decían: “En mi país me arrastrarían por el suelo y me colgarían de un árbol si me vieran besando a este chico”.

DJ, COMIDA, BEBIDA, BAILE

Dicho todo esto, el Water Party Day es simplemente una fiesta multitudinaria en un parque acuático. Un escenario, unos DJ que se turnan para pinchar, comida, bebida, baile. Como en cualquier pista de cualquier discoteca, los papeles están salomónicamente repartidos: por un lado los grupos, de tres o más, en su pequeña parcela de alberca; por otro las parejas, sus escarceos junto a los bordes, su romántico estar; y naturalmente los solitarios, en actitud de solitarios: bailando como solitarios -estáticos, los brazos pegados al cuerpo-, o mirando a diestro y siniestro, o vagando por la piscina en actitud de búsqueda o simplemente de vagabundeo. Lo que se ve en todas partes. Cambiaron siempre de mano los tiburones, los peces payaso, las tortugas hinchables. Tenía una pizca de inocencia su zascandileo acuático.

La organización, eso sí, lamenta que la fiesta en la piscina se lleve toda la atención

En un entorno proclive al hacinamiento -hacinamiento voluntario, por una vez-, la zona VIP hacía honor a su naturaleza y era más o menos holgura. Había caras conocidas. Homosexuales declarados, allí estaban el 'conseller' de Cultura de la Generalitat, Santi Vila, y el teniente de alcalde del Ayuntamiento de Barcelona Jaume Collboni. La zona VIP era una atalaya con vistas a la piscina. Estar allí, pero no estar.

LA CHARLA DE CHARAMSA

Llegará un día, acaso, en que a la fiesta la prive de su exotismo el uso, acaso la normalización cósmica. Entonces, quizá, se hagan realidad los sueños de los organizadores, que lamentan que la piscina en términos de atención se lo lleve todo. La piscina, siempre la piscina. “Lo cual está bien, pero ayer mismo había 200 personas participando en una ruta cultural por Barcelona, y el otro día estaba abarrotada de gente la charla de Charamsa, no cabía nadie”. Krzysztof Charamsa: el sacerdote y teólogo polaco, hasta hace unos meses secretario adjunto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que hizo pública su condición homosexual en octubre del año pasado y fue fulminantemente destituido por las autoridades vaticanas. 'Homosexualidad y religiones, perspectiva y diálogo' es el título de la charla en la que participó el jueves pasado junto a representantes de la comunidad cristiana y musulmana. Charamsa no estaba en la piscina. Que se sepa.