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'Casals' de choque social

140 niños de tres barrios pobres de Barcelona participan en unos campamentos urbanos, en los que descubren la ciudad, realizan actividades y comen

MARÍA JESÚS IBÁÑEZ / BARCELONA

Una niña abraza a su monitora en el campamento urbano de Baró de Viver. / ALBERT BERTRAN

Una niña abraza a su monitora en el campamento urbano de Baró de Viver.
Un grupo de niños trabaja en la confección de unos disfraces, con la ayuda de una monitora.
Los participantes en el casal urbano diseñan cómo quieren que sea una plaza.
 La iniciativa forma parte de un plan de choque educativo

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Una decena de niños preparan una gran pancarta en la que dibujan cómo creen ellos que debería ser una de las plazas del barrio. Otros, algo más pequeños, preparan unas cintas con papel de colores para confeccionar un disfraz. Fuera, en el patio, los mayores debaten sentados en corro en medio de la pista deportiva. Es agosto y el colegio público Baró de Viver de Barcelona está abierto como si hoy fuera día de curso escolar. Los chavales de entre tres y 12 años que este lunes llenan el recinto de la escuela son los primeros en participar en el nuevo proyecto de campamentos urbanos, que este verano organiza el Ayuntamiento de Barcelona en tres centros educativos de la zona del Besòs (en Trinitat Nova, en Bon Pastor-Baró de Viver y en Besòs-Maresme). Son, entre todos, 140 menores que pasarán este mes en los nuevos 'casals'.

La iniciativa es la primera en el calendario de un plan de choque educativo que el consistorio prevé ir desarrollando a lo largo de los próximos tres años. Aquí no se trata únicamente de entretener a los chicos, de asegurar que los menores -la mayoría hijos de familias vulnerables que no saldrán de la ciudad en todas las vacaciones- ocupen estos días en actividades lúdicas, deportivas o educativas. También se les garantiza la comida del mediodía y la merienda, ahora que no hay comedor escolar ni 'casal' después del colegio. "Y, tan importante como esto, se implica en todo ello a las familias, a la comunidad, a la gente del barrio", subraya Laia Ortiz, concejala responsable del área de Derechos Sociales. "El objetivo es responder a las vulnerabilidades de estos niños y consolidar, al mismo tiempo, proyectos comunitarios más amplios", agrega la edila. Que el verano de los pequeños deje, de algún modo, una huella (la huella de Samia, la de Diego, la de Alicia...) en el vecindario.

ENCUESTAR A LOS ABUELOS

Así, por las tardes, los chavales del campamento de Baró de Viver hacen, por ejemplo, yincanas por las calles, organizan encuestas en las que los encuestados son sus padres, sus tíos o abuelos y preparan obras de teatro y otros 'shows' que interpretrarán el último día de 'casal' en una comida popular abierta a todo el barrio. "Ellos mismos se sorprenden de las muchas cosas que están aprendiendo, es como si descubrieran que aquí mismo, en el barrio, hay muchas cosas interesantes... y útiles para ellos", exclama Alba Alamillo, una de las monitoras, mientras una pequeña le da un amplio abrazo. 

También están previstas visitas a puntos de la ciudad, como el Tibidabo, que muchos de ellos no conocen. "El propósito, en definitiva, es que lleven a cabo acciones, propuestas por ellos mismos y que sirvan para transformar de alguna manera su entorno más cercano", señala Miquel Àngel Essomba, comisionado de Educación del consistorio. Además, y para que de esta actividad no solo saquen partido los más pequeños, "la mitad de los monitores que están trabajando en estos campamentos son también jóvenes de la misma barriada", puntualiza Essomba. El resto son personas con experiencia adquirida en entidades especializadas en el ocio educativo, como los Escoltes Catalans y el Moviment d'Esplais Cristians Catalans (vinculada a la fundación Pere Tarrés). 

No es casualidad que este proyecto, bautizado con el nombre de Baobab y que este año tiene carácter de piloto, haya empezado por los barrios barceloneses del Besòs. Son zonas "donde la presencia de entidades dedicadas al ocio educativo es más baja que en otros barrios de la ciudad, como el Raval”, observa Essomba. "Son barrios donde las necesidades de ocio y las actividades de vacaciones no estaban cubiertas", admite la concejala Ortiz.