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Barcelona renuncia ya a dos de sus seis delfines y tal vez a todos en el 2019

El parón en las obras de mejora del delfinario ordenado por Colau aconseja de momento reducir la colección

Kuni, un macho respondón, y su hermana Leia, viajarán en breve al Oceanogràfic de Valencia

CARLES COLS / BARCELONA

Delfines del zoo de Barcelona / RICARD FADRIQUE

Dos de los seis delfines de Barcelona tienen las maletas a punto para dejar para siempre la ciudad que los vio nacer. ‘Au revoir les dauphins’,  más que nada por parafrasear la película de Louis Malle, en la que los muchachos dicen “au revoir”, pero saben que no se volverán a ver las caras jamás. Se van Kuni, un adolescente temperamental, y Leia, su hermana. La colección del Zoo de Barcelona se reducirá así, tras la marcha de esa pareja, a solo cuatro ejemplares y, si se mira en la bola de cristal, no es precipitado afirmar que en el 2019 la ciudad se va a quedar del todo sin delfines. En los despachos municipales se está librando un pulso extraño, muy animal, según se mire, pues al parecer, los más esencialistas, que los hay, pretenden reformar el Zoo de Barcelona y reconvertirlo en un espacio de exhibición de la fauna autóctona. Esa sería opción extrema, pero es un apunte de por dónde van los debates. La marcha de Kuni y Leia, así, hay que tomarla como un símbolo.

Incoherente, Barcelona prohibió los toros y las mascotas en los escaparates, pero permitió que los delfines siguieran haciendo el mico de feria

Una inmersión en los antecedentes del caso es indispesable para entender qué esta sucediendo. Hay que retroceder primero a la etapa del concejal Jordi Portabella como factótum de los cuestiones animalistas de la ciudad. Comandó la batalla para que las tiendas de mascotas dejaran de mostrar a los ejemplares en venta en los escaparates, porque era degradante, lideró la iniciativa para que Barcelona se autoproclamara ciudad antitaurina, pero, en un acto de incoherencia, permitió que los delfines siguieran ejercitando piruetas ante el público como monos de feria. El tirón del espectáculo del delfinario queda acreditado por sus cifras históricas de visitantes, y así quedó ahí enquistada una anomalía.

10 MILLONES DE EUROS

El segundo viaje a los antecedentes del caso requiere un viaje en el tiempo a la etapa de Gobierno de Xavier Trias. Año 2014. No solo puso fin a los saltos a través de los aros y a los golpes de cola a una pelota para que la recogiera el público, sino que el Ayuntamiento de Barcelona programó una inversión de 10 millones de euros para mejorar el delfinario. Hace años ya que los delfines no son artistas de circo. Reciben público, sí, pero para una sesión educativa sobre la vida y hábitos de un mamífero tan extraordinario como el delfín. El problema es que las obras prometidas jamás han comenzado y, según parece, la predisposición del equipo de Ada Colau para iniciarlas es la de un oso perezoso en busca de tallos tiernos.

La cuestión es que el cronómetro juega en contra de la permanencia de los delfines en Barcelona. A principios del 2019, un grupo de expertos de la Asociación Europea de Mamíferos Acuáticos (EAAM) visitará Barcelona para inspeccionar el acuario. Se trata de la organización internacional que vela por la cría responsable de los delfines en cautividad y que ha puesto ese año, el 2019, como fecha límite para que los zoos y otros espacios de exhibición asociados mejoren sus instalaciones. Las de Barcelona no cumplirán con lo exigido sino se renueva el delfinario. Es por eso que la marcha de Kuni y Leia puede ser solo un avanzadilla de una marcha definitiva posterior del resto de la familia.

Kuni, un macho respondó, y Leia, una bomba reproductora en potencia, se van ya hacia Valencia

EL JUICIO DE LA EAAM

¿Por qué se trasladan ahora dos ejemplares y por qué precisamente esos? Kuni y Leia se van de Barcelona porque seis delfines en las instalaciones actuales, y más visto el carácter de los personajes, son multitud. El macho está más chulo que un ocho. Desafía la jerarquía establecida. Los delfines viven en comunidades esencialmente matriarcales. La madre de Kuni, y de Leia también, es Anak, de todos los delfines de Barcelona, el único ejemplar nacido en libertad, en aguas cubanas, una hembra a la que es mejor no levantarle la aleta en gesto desafiante. Leia, por su parte, es una joven delfina de la que la EAAM considera un lujo que no se saque provecho de su enorme potencial reproductor. En el zoológico de la Ciutadella se le administran anticonceptivos, pero eso no impide que dé claras muestras de su ardor. Los delfines son los bonobos del mar, insaciables copuladores, indiferentes a las relaciones de parentesco. Vamos, queda todo dicho para entender las claves de su traslado. Son multitud, el macho tiene arrebatos hormonales y la hembra necesita una pareja ya. 

Su nuevo hogar será el casoplón que el zaplanismo contruyó para una colección de orcas que jamás llegó a Valencia

Lo que les espera tras el traslado es, dentro de los estándares zoológicos, una vidorra padre. Irán a L’Oceanogràfic de Valencia. La proximidad ha sido un argumento a tener en cuenta. Son solo cuatro horas de viaje por carretera, probablemente este mismo mes de julio. Pero lo crucial ha sido que el equipo técnico de aquel acuario y sus instalaciones tienen pocos rivales en Europa. Cuando era presidente de la Comunidad Valenciana, Eduardo Zaplana inauguró una etapa política de la que mucho se ha escrito y no siempre para bien, de un cierto faraonismo, en la que si un presidente construía la pirámide de Kefrén, el siguiente, Francisco Camps, por ejemplo, pretendía la de Keops. Así, en 1996 se proyectó en Valencia una instalación para orcas, imponente mamífero que, no obstante, jamás llegó a Valencia. Total, que Kuni y Leia irán a vivir a ese casoplón que el zaplanismo proyectó para las orcas, una piscina de 11 metros de profundidad, cuando la EAAM considera que con seis metros ya es ideal. Su madre, Anak, y los machos Blau, Tumay y Nuik permanecerán mientras en Barcelona, aunque, quien sabe, tal vez lo suyo sí sea un 'au revoir' verdadero y se reencuentren en el 2019 en Valencia, cuando Barcelona pase a ser una ciudad libre de delfines, visto lo que está sucediendo en el Ayuntamiento de Barcelona. Si el zoo no mejora su delfinario, siempre cabría la posibilidad de abandonar el selecto club de la EAAM, pero eso sería una catástrofe mayúscula, porque podría acarrear después la expulsión de la Asociación Europea de Zoos y Acuarios (EAZA), la organización que coordina los trabajos de reproducción de la mayor parte de especies terrestes en peligro de extinción.

El 'Copito con plumas' es un macho

El próximo mes de septiembre cumplirá un año una de las últimas sorpresas del Zoo de Barcelona, el pavo real que salió del huevo con una infrecuente dolencia genética conocida como leucismo, que a ojos del visitante es casi indistinguible del albinismo, así que aquel ejemplar es, a efectos prácticos, un Copito con plumas, El pavo campa a sus anchas por el Zoo de Barcelona. Como el resto de ejemplares de esta especia, no tiene una residencia fija en el parque. A menudo se les ve haciendo compañía a Pedro, el rinoceronte. La cuestión es que pasados unos meses, los veterianrios del zoo han podido por fin determinar el sexo del ejemplar. Podrían haberlo sabido antes, pero a costa de molestar al animal. Es un macho. La importancia del dato es meramente estética. Cuando alcance la madurez, este pavo real 'albino' podrá desplegar el espectacular abanico de su cola durante la fase del cortejo, pero blanco como la nieve. Será una foto muy buscada.

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