24 oct 2020

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Haz lo que te dé la lana

En el Día Mundial de Tejer en Público, ni la lluvia pudo con las guerrilleras tricoteras

Natàlia Farré

Un grupo de mujeres haciendo punto en la calle el Día Mundial de Tejer en Público, en la Via Augusta, frente al Club de la Aguja.

Un grupo de mujeres haciendo punto en la calle el Día Mundial de Tejer en Público, en la Via Augusta, frente al Club de la Aguja. / ADRIANA DOMINGUEZ

Cada vez hay más mujeres, jóvenes, que se reúnen para darle al ganchillo y a las agujas

Haz lo que te dé la lana. Así, de repente, el grito de guerra le coge a una de improvisto. Ovillos y ganchillo u ovillos y agujas. Retroacción. Tiempos pretéritos. Abuelas cosedoras o clase de costura. ¡Horror! Pero no. Las cosas del tejer se han modernizado. Mucho. Tanto que a una hasta le cuesta entenderlo. Ojal, pespunte e hilván suenan a antiguo. Ahora se habla de 'crochet', 'scrap' y 'patchwork'. Y más: 'yarn bombing' y 'urban knitting'. ¡Guau! Huele a guerrilla tricotera. Lo es. En el objetivo figura el mobiliario urbano. Farolas cubiertas de lanas de colores. 'Street art' reversible. Y bancos para darle al ganchillo. Botellón lanero.

El sábado era el día. La jornada tenía tema: Día Mundial de Tejer en Público. Y a eso fueron las virtuosas del ovillo. Tomaron la calle armadas con ganchillos y agujas. Rectas y circulares, metálicas y de madera, que de todo hay en la lana del señor. Llovió. Pero el agua no asustó a las defensoras del tejer. Mujeres, todas. Vieja, ninguna. Veteranas, alguna. Aunque cada vez hay más chicas jóvenes. Pero le dan a la costura creativa. Vamos, nada de bajar dobladillos o cambiar puños de camisa. Ni asomo de la Penélope que espera (y desespera).

El 'yarn bombing', decorar la ciudad con coloridos tejidos, o se hace sin permiso o no se hace

Lo suyo es divertirse, aunque le pese al Ayuntamiento. La jornada amaneció tapada y prohibida, en la Via Augusta. Frente al Club de la Aguja. El permiso para ocupar la calle no llegó. Pero ni la previsión de chaparrón ni la negativa municipal amedrentó a las hilanderas urbanas. Allí estaban, llenando la augusta vía con sus labores. Eso sí, como gente de orden que son, desistieron de su idea inicial. Ni un banco vistió sus tejidos. Lo harán en Navidad y con los papeles en orden. Tampoco hay que provocar a la autoridad más de la cuenta. Fiesta lanera.

UN HOMBRE EN MINORÍA

La idea de dedicar una jornada a ocupar la calle nació en Canadá, en el 2005. Antes, en EEUU, las tejedoras salieron del armario. Dejaron la casa por la calles. Y si los chicos pintaban muros con aerosoles; ellas, jóvenes y no tan jóvenes, decidieron hacerlo con sus labores. Más efímero, menos agresivo. Aquí el fenómeno no es tan potente. Lo afirma Miquel de All you knit is love. El único hombre con agujas en las manos el sábado en la calle de la Barra de Ferro. Minoría absoluta. Conocimiento total. Miquel regenta el local y da clases para alegría y orgullo de Jennifer, su mujer.

Sabe un montón. "La lana es como el vino". Una es toda oídos. "La hay más seca, más esponjosa, más suave, de fibra larga... Según la clase, los matices a la hora de trabajarla son diferentes". Lo dicho, las cosas del tejer se han modernizado mucho. Vean si no: "Cualquier material con forma de hilo y mínimamente flexible es apto para tejer. Hasta la fibra óptica". Palabra de Eva. Ella utilizó cinta de casete para crear un fantástico cesto. Ahí es nada. Lo hizo con ganchillo, una de las técnicas que practican en Lalanalú. La media, el macramé y el punto tunecino son las otras.

JÓVENES Y ADICTAS

En Lalanalú, en la calle de Alfons XII, es donde una oye el grito de guerra: "Haz lo que te dé la lana". Lo entonan Eva y Kiara, catalana y brasileña unidas por el hilo que no por el destino. Son jóvenes, muy jóvenes, y adictas, muy adictas. A la lana. Por supuesto. Originales, también. Tanto que el Día Mundial de Tejer en Público lo adelantaron. Lo celebraron el viernes en los jardines Enric Sagnier. Llevaron una bandada de pájaros 'amigurumi'. Nombre raro, pero de resultados tiernos. Son peluches. Tejidos a mano, eso sí.

El sábado, los flamencos, pavos reales y demás pajarillos 'kawaii', los 'amigurumi' son de ascendencia nipona, presidían otro encuentro en Lalanalú. No el del Día en cuestión, sino el que celebran cada tercer sábado de mes que en esta ocasión coincidió con el Día. Ahí apareció Andrea. 12 años. La guerrillera tricotera más joven de las vistas durante la jornada. Tiene futuro. Por su destreza y porque el tejer no es cosa de abuelas. Una nueva moda apunta en el horizonte: el electrotextil. Se teje con hilos conductivos y se crean circuitos. Tal cual. Con todo, a una le entran ganas de coger el ganchillo y hacer lo que le dé la lana.