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UNA ETAPA PARTICIPATIVA

El legado de Berta Sureda

El fin de las designaciones a dedo en la dirección de centros culturales, la legalización de los conciertos en bares y las rebajas fiscales a las librerías son los grandes logros al frente del Icub

La renuncia a construir nuevos equipamientos como el Museu d'Arquitectura en Montjuïc despertó las críticas de la oposición

CRISTINA SAVALL / BARCELONA

Jam session en el Jazz Sí, de la calle de Recasens.

Jam session en el Jazz Sí, de la calle de Recasens. / MÒNICA TUDELA

Un año pasa volando en términos de estrategias en el ámbito de la política cultural. Berta Sureda entró el pasado verano a su despacho del Palau de la Virreina para asumir el comisionado de Cultura y dirigir el Institut de Cultura de Barcelona (Icub) con la premisa de apostar por la participación ciudadana y por la transparencia y consolidar los centros existentes renunciando a construir nuevos equipamientos en la capital catalana, como el Museu d'Arquitectura en Montjuïc, lo que provocó las críticas de la oposición.

El acuerdo de gobierno municipal entre el PSC y Barcelona en Comú conlleva que Jaume Collboni sea el segundo teniente de alcalde de Empresa, Cultura e Innovación. En consecuencia, Sureda, que fue nombrada por Ada Colau, se marchará dejando su trabajo a medio hacer pero con varios logros en su prioridad de ayudar a los menos favorecidos dentro del sector cultural barcelonés. Sus mayores éxitos son la legalización de los conciertos de pequeño formato en bares y en restaurantes y la concesión de ayudas en forma de rebajas fiscales a las librerías para que sean más fuertes ante la feroz competencia digital. Buscar su sustituto no es tarea fácil. La primera propuesta socialista, la de designar a Xavier Marcé, ya ha sido descartada.

Poner fin a las designaciones a dedo en la dirección de centros culturales ha sido otra de sus prioridades. Desde febrero, las renovaciones de cargos de equipamientos culturales son seleccionados por concursos públicos en los que se introducen mecanismos participativos y expertos con mirada independiente. Este código ético ya afecta al Grec, al Centre de Cultura Contemporània, al Mercat de les Flors, a la Virreina, al Museu Picasso, al Museu Etnològic y al de les Cultures del Món.

Para Colau, el Icub era una institución "cansada y envejecida", por lo que pidió a Sureda una profunda reforma que garantizara la representación del sector cultural y también de lo que consideraba los grandes ausentes: las entidades sociales y la ciudadanía organizada. La bolsa de subvenciones del Icub suministra 3.800.000 euros anuales. El objetivo era establecer criterios claros, buscando un equilibrio entre grandes y pequeñas entidades y también apostar por el proceso creativo. Otra cuestión que se ha quedado a medio camino es un proyecto de convenio colectivo para establecer sueldos mínimos para los profesionales de la cultura, sean historiadores o traductores, ya que se han detectado muchas irregularidades en las empresas del sector que colaboran con el ayuntamiento. 

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