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Bailar hasta perder un tornillo

Barcelona es la ciudad con más nivel de claqué de Europa. Es la única que ofrece una formación profesional. Calculan que hay entre 600 y 1.000 alumnos

Ana Sánchez

Iván Bouchain, con el saxo al cuello, durante una ’tap jam’ dominical en la glorieta del parque de la Ciutadella.    / ALVARO MONGE

Iván Bouchain, con el saxo al cuello, durante una ’tap jam’ dominical en la glorieta del parque de la Ciutadella.   
Los bailarines/profesores Roser Font, Guillem Alonso y Laia Molins, junto a un grupo de alumnos en la escuela Luthier Dansa.  

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Ta-ca-ta-ca-ta-ca-ta-ca-tá. Los zapatos empiezan a escupir ritmos. Como si estuvieran en Broadway pero sin pomposidad de musical. Todo el que pasea a menos de cinco metros de la glorieta del parque de la Ciutadella se para, mira sin pestañear, levanta una ceja. “Cla… ¿qué?”. Un círculo de bailarines claquetea como cada domingo -llueva o truene- desde hace ocho años. Hoy Iván Bouchain se ha traído el saxo. Aquí han llegado a improvisar hasta con un piano de cola.

“¿Es muy difícil?”, pregunta una curiosa mientras los pies levantan mini polvaredas. Sí, es difícil llegar a la suela metalizada de sus zapatos. En este círculo dominguero hoy hay profesores, bailarines veteranos y alumnos de formación profesional de claqué. Han pasado por esta rueda maestros que dejarían muda a Ginger Rogers. Hasta 15 nacionalidades en el mismo corro. Nadie del público improvisado lo sabe, pero Barcelona es ciudad claquetera de referencia en Europa.

Decir en público que bailas claqué da el mismo pudor que si confesaras a bocajarro que te gusta Belén Esteban. Lo más probable es que el interlocutor se tape la boca para contener una risita: “Ji, ji, ji, ¡como Fred Astaire!”. Pues no, hace años que no se ven sombreros de copa, ni bastones, ni sonrisas huecas de Hollywood. “Esa es la versión light”, apunta Iván Bouchain.

Iván Bouchain: mexicano, sonrisa de oreja a oreja, 36 años, lleva 14 bailando claqué. Es quien coordina estas ‘tap jams’. Hasta el año pasado, lo hacía con su “maestro”, Ludovico Hombravella, el ideólogo de estas ‘impros’, ahora responsable de las visitas intermitentes a un árbol a pocos metros de la glorieta. Tiene una claqueta adosada al tronco en homenaje a Ludo. Murió por culpa de un cáncer en julio pasado, en pleno Tap On Barcelona (festival donde solía ser profesor y presentador). Tenía 35 años.

"Es un instrumento de percusión que puedes adaptar a cualquier estilo", describe el bailarín y profesor Guillem Alonso

Claqué. 'Tap dance' para los entendidos. Es lo que bailan los únicos artistas que confiesan abiertamente haber perdido algún tornillo (con tornillos se ajustan las chapas de metal a las suelas). Solía ser el baile de la música jazz. Ahora se baila con todo: hip hop, contemporánea, hasta clásica. Se baila, se hacen piruetas con los zapatos y, sobre todo, se crea música. “Es un instrumento de percusión que puedes adaptar a cualquier estilo”. Quien habla ahora es Guillem Alonso. Cualquier claquetero al que preguntes lo-que-sea de ‘tap’ te remitirá a él. “La gran figura del claqué en España”, lo llaman sus alumnos, muchos ya profesores.

Si le llamas a la cara “el nuevo Fred Astaire”, sonreirá con pudor y cambiará de tema. “No, no”, se quitará importancia, pero su foto está colgada en muchas escuelas europeas. Lleva 35 años bailando (empezó con 8). Se pasó cinco en EEUU, Broadway incluido, y es de los pocos que sabe ‘sand dance’ (bailar sobre arena). La escuela que dirige, Luthier Dansa, se ha convertido en un centro neurálgico del ‘tap’. Solo desde enero, han pasado por sus aulas seis profesores internacionales.

“Barcelona es la ciudad con más nivel de Europa -asegura el bailarín-, la que tiene más profesores locales que viajan internacionalmente, más compañías, la única que ofrece una formación profesional [un programa de 9 meses] para bailarines de claqué”. ¿Que por qué vienen? “Es un centro de referencia en Europa -responde Saretta Macchiavelli, alumna de la formación que ha venido desde Italia- y, además, es una ciudad bonita”.

Aparte de Luthier, hay una veintena de escuelas donde se enseña ‘tap’. Habrá entre 600 y 1.000 alumnos, calcula Guillem. Para practicar en público (o ver practicar), están las ‘tap jams’ de la Ciutadella, de Roxane Butterfly, de Swing Maniacs y la mensual de la Associació Tot pel Claqué.

El 25 es el día internacional del claqué. En Barcelona se celebra el domingo con el anual ‘Claqué al carrer’

Para hacerse una idea, esta es la mejor semana. El 25 es el día internacional del claqué. La asociación lo celebrará este domingo con el anual ‘Claqué al carrer’ (más de 500 alumnos bailarán en la plaça Can Fabra). Y el 5 de junio es la Mostra de Claqué en el Mercat de les Flors. 

La asociación ha añadido este año una “actividad social para acercar el claqué a las residencias de gente mayor”, explica la presidenta y bailarina Laia Molins. “Es un colectivo que muchas veces esta descuidado y les apasiona el claqué”. Nadie, de momento, ha echado de menos a Fred Astaire. Lo que piden es ‘Singing in the rain’. Y “volved pronto”.