Por amor a Elvis

El club de fans español del Rey del rock celebra 25 heroicos años

Joaquín Luque, presidente del Club Elvis, en el 99% Moto Bar.

Joaquín Luque, presidente del Club Elvis, en el 99% Moto Bar. / ALVARO MONGE

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RAMÓN VENDRELL / BARCELONA

Una frase de John Lennon hizo fortuna: "Antes de Elvis no había nada". Lo cierto es que antes de Elvis había en la música popular estadounidense muchísimas cosas fabulosas. Pero el sentido profundo de la hipérbole con resonancias bíblicas de Lennon es acertado: con Elvis emergió un caudal de música hasta entonces subterráneo.

Otra exageración pero no mucho: después de Elvis no habría hecho falta nadie más. En la carrera de Elvis están presentes prácticamente todos los grandes relatos que puede contar la trayectoria de una estrella. La ascensión apoteósica desde la pobreza gracias a un don, la traición a la rebelión que impulsó (el propagandístico ingreso en el Ejército) y a su talento (casi toda la década de 1960), el renacimiento triunfal con el disco 'From Elvis in Memphis', la extravagancia, el aislamiento, los excesos, la muerte turbia... Por no hablar del culto semirreligioso a su figura una vez pasó al más allá. 

Joaquín Luque, presidente del Club Elvis, tiene algo que decir sobre el deceso de Elvis. "Abunda el fan que no reconoce que era adicto a drogas. 'Estaba enfermo y por eso tomaba pastillas' alegan. A mí mismo me costó admitirlo". El problema de aceptación, considera Luque, deriva de que Elvis intentó mantener la imagen de "buen chico americano".

Luque no le interesa tanto Elvis como su música. Que aún depara un flujo constante de novedades, si bien, claro está, cada vez de menor calado. "Además de publicar una setentena de álbumes que originaron numerosos descartes y tomas alternativas, ofreció 1.128 actuaciones entre 1969 y 1977. Siempre sale algo que te sorprende", dice. Atención: 1.128 actuaciones, ni una más ni una menos, en los años de decadencia de Elvis, según la ignorancia popular.

El elvisólogo tenía 6 años cuando el hijo más célebre de Tupelo murió el 16 de agosto de 1977. El eco que tuvo en televisión, radio y prensa capturó su interés. Poco después era "un bicho raro", esto es un fanático de Elvis en la Esplugues de la década de 1980. En el mercado semanal compraba casetes de su ídolo. Una joyita de esos días: la cinta de 'Let's be friends' con la portada original, cuando por regla general las casetes tenían tapas espurias.

Pero nadie está solo eternamente. Dos amigos de Esplugues le contaron que en Badalona se había creado un club de fans de Elvis. Corría 1991. Allí fueron. La agrupación organizaba proyecciones y audiciones en un local de una parroquia. Fue uno de los primeros socios. El Club Elvis había hecho unas fotocopias con toda la discografía del cantante y Luque empezó a tachar referencias.

En 1994 pasó a hacerse cargo de la revista de la entidad (va por el número 94, que incluye irresistibles muestras de erudición y enfermedad como el artículo 'El triunfo de la timidez, parte 1: 1937-1954', de Javier Valenzuela) y desde el 2011 es el presidente del club. Que tiene 700 afiliados y monta peregrinaciones a Graceland cada aniversario más o menos relevante de la muerte de Elvis y un encuentro anual en Zaragoza.

El 2012 fue un año importante: el Club Elvis organizó un bolo en Apolo de la TCB Band, el grupo de Elvis en los 70. Con truco: el conjunto se embarcaba como atracción en un crucero que partía de Barcelona y no hubo que pagar viaje ni hotel. Pero aun así Luque no respiró tranquilo hasta que supo que se habían vendido 650 entradas. No en balde el concierto se había financiado con un crédito bancario.

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Ha organizado más actuaciones desde entonces el Club Elvis. La última, el sábado pasado en Luz de Gas para celebrar el 25º aniversario de su fundación. "Elvis se pasó los 60 en un bucle de películas cuestionables. Ojalá se hubiera rebelado contra esa rutina impuesta por Tom Parker, su mánager", dice Luque. Pero entonces no habría sido posible el espectáculo 'Elvis at the movies', con canciones de la filmografía del Rey del rock interpretadas por la Barcelona Big Blues Band, el cantante Agustí Burriel y el resto de los integrantes de su grupo de doo wop The Velvet Candles. Un show atómico y reluciente como los nueve metales del conjunto que propulsó la velada, créelo.