24 oct 2020

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La Guardia Urbana refuerza el control interno para "desterrar el falso compañerismo entre agentes"

La nueva responsable de Asuntos Internos asegura que el oficio policial "es el más auditado de todos"

El cuerpo municipal amplía las atribuciones de la unidad que investiga las denuncias de mala praxis

GUILLEM SÀNCHEZ / BARCELONA

Begoña Alday, responsable de la Unitat Deontològica i Afers Interns de la Guàrdia Urbana de Barcelona. 

Begoña Alday, responsable de la Unitat Deontològica i Afers Interns de la Guàrdia Urbana de Barcelona.  / JOAN PUIG

¿Quién vigila a los vigilantes?” se pregunta el cómic 'Watchmen'. La cuestión -planteada por el poeta romano Juvenal- es más antigua que los autores de esta historia de héroes maltratados por la sociedad a la que protegen. Y con el tiempo esta reflexión ha adquirido un significado más amplio que a menudo recae sobre los cuerpos policiales, los únicos que en una sociedad democrática pueden utilizar la fuerza física de forma legal. Si los policías son los encargados de controlar a los ciudadanos para que cumplan las leyes, ¿quién controla a los policías para asegurarse de que ellos también las cumplan?

Para eso se crearon las unidades de asuntos internos, integradas por policías que tienen la incómoda obligación de investigar a sus compañeros. En la Guardia Urbana de Barcelona (GUB) este equipo se ha reformado y evoluciona hacia un concepto más amplio que incorpora a sus funciones tradicionales las de prevención y las de reconocimiento de aquellas conductas que merecen ser distinguidas. Formalmente cambia de nombre, eleva el rango jerárquico de su responsable y sale de la estructura del cuerpo para rendir cuentas directamente al comisionado de Seguridad municipal, Amadeu Recasens. Una decisión, esta última, que persigue ampliar su independencia.

EL CASO 'CIUTAT MORTA'

La inspectora Begoña Alday, psicóloga de formación y con 26 años de experiencia en el cuerpo, es la elegida para liderar la nueva Unidad de Deontología i Asuntos Internos (UDAI) y acepta el reto como una “oportunidad enorme para poder mejorar la Guardia Urbana desde dentro”. Se toman "medidas" que "garantizan" que en el futuro no podrá darse "ningún abuso" como la agresión a detenidos descrita en el documental 'Ciutat Morta', que a pesar de que no sirvió para reabrir un caso judicialmente cerrado, sí dañó la imagen de los policías de Barcelona.

Para ella es una tarea difícil. Como lo es para el resto de agentes que integran la sección. “Su identidad no es secreta pero desde luego deben ser discretos” porque no conviene que los policías sepan quiénes son los agentes de asuntos internos. Estos profesionales no pueden tener la misma relación de amistad que tienen la mayoría de agentes entre ellos: "Cualquier día podrían recibir el encargo de investigar a uno de sus amigos”, subraya la inspectora.

CORRESPONSABILIDAD

Sobre este punto, el de la amistad entre policías que puede inspirar un encubrimiento en caso de mala praxis, Alday sale al corte sin titubeos: “Tenemos que desterrar el mito del falso compañerismo”. Un profesional que traiciona la confianza de los ciudadanos “no puede ser policía” y debe perder “su trabajo inmediatamente”. Esta es una convicción que se implanta en los agentes “desde la primera formación en la escuela” y que se recuerda durante "todos sus años de servicio". Asuntos Internos “no puede vigilar a los 3.000 policías de la Guardia Urbana”, reconoce. Es fundamental que cada uno de ellos acepte un grado de “corresponsabilidad” y que se comprometa a “comunicar” cualquier exceso.

La inspectora quiere dejar claro que defiende la labor de la inmensa mayoría de los profesionales del cuerpo. Hay más de “300.000 servicios” cada año y ningún oficio está “tan auditado” como el de los policías. Esto “no nos asusta”, "somos conscientes" de que actuar "con transparencia" es imprescindible para ganarse el "afecto" de los ciudadanos.