La zapatería de Peret

Calzados Fortis es una de las contadas tiendas de Barcelona donde pueden comprarse botines de tacón cubano

Lluís Gràcia arregla el escaparate de Calzados Fortis.

Lluís Gràcia arregla el escaparate de Calzados Fortis. / CARLOS MONTAÑÉS

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Cual maquis emboscado resiste entre una sucesión casi ininterrumpida de tiendas de informática, electrodomésticos y telefonía una honesta zapatería de barrio. Un soldado japonés en un atolón perdido del Pacífico que no acepta la capitulación imperial, eso parece Calzados Fortis en la monocorde Ronda de Sant Antoni, la avenida de los artefactos. 

El comercio está especializado en zapatos para plantillas, pies delicados, anchos especiales, tacón cubano y modelos retro, según su tarjeta. Nos interesan los botines de tacón cubano, prenda que, como Billy Childish, ha sabido quedarse quieta el tiempo suficiente para que el mundo regrese a ella.

Para entendernos: los botines de tacón cubano de los que hablamos son los que siempre llevaba El Fary, con cremallera en el lateral interior. En Calzados Fortis los tienen con bastante y mucha punta, con tacón cubano y semicubano (un poco más bajo) y en cuatro colores: negro, blanco, burdeos y jacinto (un marrón). Si las combinaciones resultantes son insuficientes para satisfacer al cliente, "se pueden encargar en charol amarillo, por ejemplo", dice Lluís Gràcia, propietario del establecmiento. Serán un poco más caros, eso sí. Están fabricados en Almansa, provincia de Albacete, y son un artículo de calidad que en pocas tiendas más de Barcelona se encuentra. 

Antaño calzado de pintillas y rumberos,  ahora los compran los "jóvenes de los pantalones pitillo"

"Antes los teníamos hasta el número 42. En los últimos años hemos ampliado hasta el 46", dice Gràcia. Sucede que a los incondicionales de toda la vida de los botines de tacón cubano se han sumado "los jóvenes de los pantalones pitillo". Las nuevas generaciones son más altas y tienen los pies más grandes.

MANIFIESTO VITAL

En Calzados Fortis nunca han dejado de vender botines de tacón cubano desde finales de la década de 1960 o principios de la de 1970. Gràcia, 54 años, no puede precisar con exactitud cuándo llegaron. Eran entonces y en los 80 calzado de pintillas y de artistas, un manifiesto vital que decía: aquí estoy yo.

Antes de su 'lost weekend' evangélico Peret hizo compras en la zapatería de marras, muy cercana al núcleo rumbero de la calle de la Cera, y posiblemente ChachoLos Amaya y otros titanes de la rumba catalana menos populares que el Rey fueran los clientes a los que Gràcia llama "los músicos".

Buena suela de cuero, los botines de tacón cubano van de perlas para bailar. O como mínimo mejoran la estética del bailarín. Cuando La Paloma estaba abierta y funcionaba como sala de baile con veladas de tarde, había quien pasaba por Calzados Fortis a por un par, se los llevaba puestos y dejaba en la tienda los zapatos viejos para recogerlos a la salida del baile.

EL WATUSI

Diría que en ningún momento de 'El día del Watusi' escribió Francisco Casavella nada sobre el calzado que lleva el Watusi. Lo escribiera o no, siempre le he imaginado con unos botines de tacón cubano, casi la única posibilidad de ser un tío molante desde los pies en España en 1971. 

El techo era de cristal  y a través de este se veía el almacén y con suerte las piernas de las dependientas

Botines de tacón cubano al margen, el comercio de Gràcia ofrece otros modelos para dar el golpe: de fantasía, Oxford, de gánster... Y en verano, zapatos trenzados de Mallorca para ir hecho un dandi con los pinreles frescos.

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La zapatería la abrió un abuelo de Gràcia en la década de 1920. El techo era de cristal y a través de este se veía el almacén (y las piernas de las dependientas cuando estaban en el almacén). En los años 60 se hizo una reforma y se cambió la caja registradora National de bronce por una Regna sueca de plástico. Nada se ha tocado desde entonces.

La tienda está frente a un edificio de Núñez y Navarro que está donde estaba el Gran Price, templo barcelonés de la lucha libre y el boxeo. Rosa, la dependienta de las mañanas, entró de aprendiza a los 14 años. Ahora tiene 51.