02 jun 2020

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UNA ENTIDAD DE CIUTAT VELLA

La Agrupació Fotográfica de Catalunya, 93 años detrás de la cámara

La Agrupació Fotogràfica de Catalunya nació en 1923 gracias a unos excursionistas que reivindicaban el arte de la fotografía

La entidad cede unas 4.000 imágenes al Museu Nacional d'Art de Catalunya

BEATRIZ PÉREZ / BARCELONA

Pla JaniniClaudi CarbonellEugeni ForcanoOtto LloydAgustí CentellesAntoni Campañà… Son solo algunos de los célebres fotógrafos catalanes que han sido socios de la Agrupació Fotogràfica de Catalunya (AFC) (Duc, 14), entidad dedicada a este arte desde el año en que se fundó, 1923.

"Sus orígenes se remontan al excursionismo de los años 20", revela Victoria Bonet, nieta de Claudi Carbonell (representante del pictorialismo español) y autora de una tesis, en proceso de elaboración, sobre la Agrupació Fotogràfica de Catalunya. Bonet explica cómo en aquella época diferentes grupos excursionistas trataron de imitar a ciudades como París, Londres y Madrid, en las que había importantes sociedades fotográficas. "Querían que la fotografía fuera reconocida como un arte", añade.

Bonet explica que la corriente pictorialista se impuso en la fotografía hasta el estallido de la guerra civil. "A partir de ahí, se paró la actividad, que resurgió en los 50 con fotógrafos más rompedores", cuenta. Xavier Miserachs, quien también fue miembro de la AFC, es un ejemplo de estos últimos.

Con 93 años de historia, la Agrupació Fotogràfica de Catalunya, formada por unos 300 socios, es la entidad más antigua de Catalunya dedicada a esta disciplina, y guarda parte de la memoria histórica de Barcelona y del país. Una sala de exposiciones, un estudio y dos laboratorios analógicos son algunos de los rincones de su local. Cuenta, además, con una amplia muestra de cámaras de fotos antiguas donadas por socios, así como con una extensa biblioteca (de la cual más de 3.000 libros fueron cedidos a la Biblioteca Nacional de Catalunya) y un valioso archivo fotográfico.

Unas 4.000 imágenes de este se encuentran actualmente en el Museu Nacional d'Art de Catalunya, entre ellas, las pertenecientes a Claudi Carbonell. "Aquí no nos cabe todo y las condiciones no son buenas", reconoce Francesca Portolés, presidenta de la entidad desde hace dos años, aunque lleva más de tres décadas en ella.

"Aquí hacemos talleres dirigidos a socios e impartidos por socios —cuenta—. La AFC ha funcionado siempre como una escuela de fotografía". A los tradicionales cursos de fotografía de estudio o de luz organizados por la entidad, se suman los especializados, por ejemplo, en Photoshop o Lightroom. Cada año, la entidad organiza unos cinco cursos que duran entre dos y tres meses. A cada uno acuden unas 15 personas.

DIGITALIZACIÓN

Además, como explica Albert Folch, vocal de informática y autor de la exposición ABSUMI. ABstracción, SUrrealisme, MInimalisme (recientemente expuesta en la entidad), la AFC monta a menudo charlas con fotógrafos externos a ella.

La casi centenaria Agrupació Fotogràfica de Catalunya, que recibió en el 2006, la Creu de Sant Jordi, se ha ido adaptando a la inevitable digitalización de las imágenes. "Antes la gente venía más a la entidad porque no tenía un laboratorio en casa. Pero ahora todos tenemos un ordenador", revela Portolés. Reconoce que se ha perdido cierta comunicación, cierta calidez humana. "Pero entre los socios todavía hoy se generan grandes grupos de amigos", matiza.

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