El juego del cornudo

Los clubs de 'swingers' organizan periódicamente fiestas que incluyen 'gang bangs' para ellas y cornudismo consentido para ellos

Toc y Lucía, la pareja de ’swingers’ o practicantes de intercambios sexuales, en un club de Barcelona.

Toc y Lucía, la pareja de ’swingers’ o practicantes de intercambios sexuales, en un club de Barcelona. / RICARD FADRIQUE

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ISIDRE ESTÉVEZ / BARCELONA

Marta, 41 años, camarera. Conocida como Lucía en el circuito liberal. Alfons, 49 años, electricista y que se llama Toc en el ambiente. Son pareja y tienen hijos. Él tiene nada menos que 30 años de experiencia en el mundo liberal, y ha vivido la evolución de una escena antaño casi secreta que gana en variedad y en visibilidad. Ella es casi una novata: hace apenas dos años que se inició. Se considera bicuriosa (disfruta de escarceos con mujeres pero no se considera bisexual plena) y le gusta experimentar.

En sus excursiones en el mundo 'swinger' Toc ejerce el rol de 'cuckold', vocablo inglés que ya aparece en obras clásicas de Shakespeare o Chaucer para referirse al cornudo de toda la vida. La palabra proviene del cuco, ave que comparte nido con una hembra promiscua. Pero en este caso el papel de cornudo está exento de connotaciones despectivas: es un papel que se juega voluntariamente, sin engaños ni ocultaciones. Simplificando: a él le gusta observar cómo ella mantiene relaciones sexuales con otros hombres, pero sin participar.

El cornudismo, candaulismo o 'cuckoldry' es un fetiche sexual que se practica en ciertos clubs de intercambio, aunque no en todos. Y que puede incluir el concurso de uno o más hombres. El límite lo marca la fantasía de los participantes. “Mi primer 'gang bang' fue con 12 chicos”, explica Lucía con desparpajo. El rol de cornudo consentido no es la única preferencia de Toc: “Yo he probado otras cosas antes, he ido paso a paso. Es como con la comida, hay que probar de todo e ir encontrando tu propio gusto.”

Toc y Lucía acceden a dar la cara sin complejos en su club favorito, Totem, situado en la parte alta de la calle Balmes. Allí, entre otras modalidades de 'swinging', se organizan periódicamente fiestas a las que asisten hasta 40 parejas de 'swingers' abiertos a incorporar hombres solos a sus juegos. De manera que a las parejas se suman hasta 30 hombres solos (seleccionados por el local, eso sí) para que no falte de nada.

SIN UNA REGULACIÓN ESPECÍFICA

Jordi, el afable encargado del club Totem, que tiene 43 años y se inició en el mundo 'swinger' a los 19, se lamenta de la falta de una regulación específica para este tipo de locales. Muestra las instalaciones, en las que hay duchas, una pequeña barra de bar, cuarto oscuro, zona de 'glory hole', salas para orgías, un espacio bautizado como confesionario y una pequeña mazmorra con algunos juguetes para coquetear con fantasías fetichistas.

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Y refiere ciertos tics machistas que aún hoy obligan a los clubs a denegar la entrada a muchos hombres despistados: “Todavía hay tíos que creen que pueden ir a un club de 'swingers', follarse a todo el mundo y dejar a su mujer en casa. Los que creen que esto es una alternativa barata a irse de putas están muy equivocados.”

Lucía y Toc planean sus próximos retos en la escena: organizar un 'bukkake' -práctica en la que varios hombres se turnan para eyacular sobre una persona-, incluir en sus fantasías realizadas a una persona transexual y hacer un viaje a Cap d’Adge, un complejo turístico en el sur de Francia que es la meca de los fans del intercambio de parejas europeos. “Ojalá hubiera empezado antes. En dos años he probado bastantes cosas, pero aún no he encontrado mis límites”, remata Lucía convencida.

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