30 mar 2020

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'Breaking Bad' en el Raval

Un farmacéutico polaco de 40 años fabricaba metanfetamina en su ático de máxima seguridad

Los clientes podían comprar casi cualquier droga pulsando el botón rojo del interfono de su piso

Guillem Sànchez

Portal del edificio del Raval en el que los Mossos han desarticulado el laboratorio del sospechoso.  / FERRAN NADEU

Portal del edificio del Raval en el que los Mossos han desarticulado el laboratorio del sospechoso. 
Operación policial de los Mossos d’Esquadra para incautar un punto de venta de droga en Ciutat Vella

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Escondido en un ático del Raval de Barcelona, en una calle que se retuerce sobre sí misma, Karl, un polaco de 40 años, decidió hacerse rico. Construyó un laboratorio con el que era capaz de sintetizar casi cualquier droga. 

Como Walter White, el protagonista de ‘Breaking bad’, sabía 'cocinar' metanfetamina y la vendía. Se trata de una droga que en Estados Unidos causa estragos pero que en Catalunya tiene aún poca presencia. De hecho, los investigadores de los Mossos d’Esquadra hallaron tantas similitudes con este personaje de ficción que decidieron bautizar la operación policial con el nombre de la serie americana.

Si White, deprimido por un cáncer terminal, se vale de sus conocimientos de profesor de Química, Karl había trabajado de farmacéutico. Su base científica era sólida y conseguía todo lo que necesitaba por correo. A través de un servicio de paquetería le llegaban hasta su domicilio los productos que requerían sus recetas o que harían falta para cortar drogas y ampliar su margen de beneficios.

EL BOTÓN ROJO DE KARL

En el portal había identificado su apartamento con un papel rojo en lugar de su nombre en el botón del interfono. Ese era todo el márketing que necesitaba. En tan solo 10 meses de residencia en ese ático había corrido su nombre tanto por la noche de Barcelona que el dinero empezó a correr a espuertas. En el registro de la policía han aparecido 56.000 euros en efectivo, en billetes de 50 pero también de 100 y de 200, ocultos dentro de ambientadores que tenía distribuidos por toda la casa.

Trabajaba casi todos los días, desde las ocho de la tarde hasta las doce de la noche. Los clientes llamaban al interfono y Karl, antes de cerrar el trato, los observaba a través de una cámara que había instalado en la calle. “No dejaba que nadie subiera a su piso”, detalla el intendente Xavier Alfaro, jefe de la comisaría que comenzó a seguirle en julio.

“Menos heroína, había de todo”, subraya. Lo que más vendía últimamente eran unas pastillas de éxtasis verdes apodadas ‘Whatsapps’, porque tenían dibujadas el ‘double check’ con el que la aplicación móvil certifica que el mensaje ha sido leído.

Este intendente admite que las expectativas de los investigadores, que durante cuatro meses reunieron pistas sin descanso para poder demostrar judicialmente todo lo que estaba ocurriendo en aquel agujero de Ciutat Vella, fueron superadas ampliamente el día que lograron derribar su puerta. Encontraron 5 kilos de 'speed', 60 gramos de cocaína, 17.000 pastillas de MDMA (éxtasis), 171 gramos de hachís, 83 gramos de marihuana, 15 envases de 'popper' y 681 gramos de 'shabú', sustancias con un valor en el mercado de 712.670 euros.

El ‘shabú’ proviene de Filipinas y cada gramo cuesta más de 400 euros. Ingerirlo provoca una broncodilatación instantánea combinada con una reacción euforizante. Es una droga potente y cara, muy difícil de encontrar en la ciudad.

Junto con el ‘popper’, un relajante muscular cuyo consumo a menudo se asocia al colectivo gay, vendía un derivado de la viagra, un potenciador sexual que no solo consumen los hombres con disfunción eréctil sino también aquellos que tras una noche de excesos necesitan ayuda para culminar con éxito sus encuentros.

VIDEOVIGILANCIA CASERA

Karl era tan cauto que no solo instaló una cámara en la calle. También tenía dos más que le avisaban de cualquier imprevisto. Eso dificultó la tarea de los agentes que lo vigilaban tratando de no ser descubiertos desde que una queja vecinal los puso sobre la pista.

Pero dar el paso de capturarlo en su laboratorio era muy complicado, remarca Alfaro. Decidieron activar la redada un día a las nueve de la noche, en hora punta de su negocio, y no de madrugada, cuando acostumbran a hacerlas. Y se tomó una segunda precaución para sortear su sistema de videovigilancia casero: intentaron cazarlo acercándose por los tejados.

Tantas molestias resultaron inútiles. El 10 de diciembre, cuando se acordó su detención, Karl llegó más tarde de lo habitual y los policías irrumpieron en su ático cuando estaba vacío. El temor de los agentes pasó enseguida porque el sospechoso se presentó minutos después y fue apresado en plena calle.

Los Mossos colocaron un papel blanco en el interfono de este portal antes de irse. Una marca para señalar que el laboratorio de 'Breaking Bad' del Raval ha desaparecido. Ya no hay ningún botón rojo de Karl. 

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