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El león come gamba de Subirachs

La Sagrada Família retira de la fachada de la Passió una bochornosa escultura, casi de la escuela artística del restaurado Eccehomo de Borja

Carles Cols

La escultura, antes de ser retirada.

La escultura, antes de ser retirada.

Este 2015 se han cumplido 25 años de la manifestación que un grupo de intelectuales organizó frente a la Sagrada Família en contra del conjunto escultórico que Josep Maria Subirachs comenzaba entonces a instalar en la fachada de la Passió. Aún hoy causa estupefacción. Aquella protesta es de las que da rabia habérsela perdido, sobre todo una vez releída la despectiva crónica que el diario Abc le dedicó al día siguiente. Los participantes, unos 500 según la Guardia Urbana, dedicaron una hora a la lapidación verbal del escultor, que se asomó un par de veces a la verja para escuchar en directo las mofas. «El acto, sin ningún atractivo que reforzara la presunta gracia de las frases proferidas, acabó con la procesión en silencio, cirio en mano, alrededor del templo de Gaudí, de parte de los asistentes, justo cuando algunos otros ya habían empezado a irse a sus casas aburridos». Así lo contó el siempre muy beato diario que entonces dirigía Luis María Anson.

La campaña de protesta había nacido como un divertimento en la revista Artics, pues un día, al llegar a imprenta, el director, Vicenç Altaió, descubrió con horror que había una imprevista página en blanco, cosas que pasan, y decidió rellenar ese enorme hueco con una exhortación. «Subirachs, deja en paz la sagrada escultura». La bola de nieve bajó por la pendiente. Se hizo gigantesca. Semanas después, Oriol Bohigas afirmaba en un alegato que «la nueva fachada de la Passió es un chiste pernicioso cuya carga demoniaca el público no ha acabado de comprender hasta que se ha explicitado más claramente con las esculturas de Subirachs». ¡Qué días aquellos! Xavier Rubert de Ventós sostenía que aunque se tratara de un templo expiatorio, la obra de Gaudí no se merecía tal castigo.

La guinda de aquella embestida intelectual es que en 1965 ya hubo otra protesta similar, en aquella ocasión para que se detuvieran las obras de la Sagrada Família porque pervertían el trabajo que Antoni Gaudí dejó inacabado y, sorpresa monumental, entre los firmantes de aquel manifiesto estaba el propio Subirachs.

Hasta aquí los antecedentes. A partir de ahora, bienvenidos a una suerte de posdata delirante de todo lo anterior.

A caballo de los meses de junio y octubre, coronó el cimacio del nártex exterior de la fachada de la Passió (perdón por el lenguaje técnico) un supuesto león de Judá que, si fuera necesario adscribirlo a alguna escuela artística, esta sería la de Cecilia Giménez Zueco, mundialmente famosa por su restauración del eccehomo de Borja (Zaragoza). También puede intuirse en él una influencia del León come gamba de Alberto de Masterchef. Lo mejor en estos casos siempre es mirar la foto y juzgar por uno mismo, porque la escultura, para pena de quien guste de la rechifla, ya no está ahí. Fue discretamente retirada días antes de la jornada de entradas gratuitas que se llevó a cabo el pasado fin de semana. Ahora hay lo que hay, una foto con aires de robada, como si fuera el top less borroso de una actriz, aunque en realidad se trate más de un peluchín.

La dirección del templo asegura que no hay que buscarle tres pies al león, que esto de levantar la Sagrada Família a tientas, por la vía de la prueba y el error, es en realidad muy gaudiniano. La pieza, al parecer, la concibió el propio Subirachs, pero no la completó. Esa noble tarea la heredó uno de sus discípulos con el resultado fugazmente visto.

Ese eccehomo de los leones probablemente no volverá a ver jamás la luz del día. Eso da a entender el templo. Pero ahí, en el extremo izquierdo del nártex, irá un león sí o sí, y en el lado contrario, un cordero que simbolizará la vianda que Dios le ofreció a Abraham cuando le reveló que lo de matar a su hijo Isaac no iba en serio.

Un consuelo posible para los responsables de las obras es que el león, como escultura, suele ser una obra con gafe, como un Macbeth en el teatro. Los que guardan las puertas del Congreso, por ejemplo, son ya la versión 3, después de que los primeros, de 1851 y de yeso, no duraran ni un año a la intemperie y los segundos, tras las protestas ciudadanas, fueran retirados por esmirriados.

En resumen. Fe. Un día u otro volverá a haber un león en la fachada de la Passió. Los antecedentes invitan a esperar con morbosa excitación el acontecimiento. Toca esperar.

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