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El Poble Sec despunta como motor cervecero con el estreno de un bar récord en tiradores en un espacio con historia El Abirradero servirá el oro líquido fabricado a 20 metros

Daniel Fermun 8 El experto y empresario, ante los 40 tiradores del Abirradero, el mayor de España, la semana pasada.

Daniel Fermun 8 El experto y empresario, ante los 40 tiradores del Abirradero, el mayor de España, la semana pasada. / FERRAN NADEU

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PATRICIA CASTÁN / BARCELONA

Hace casi un siglo, en 1917, el animado barrio del Poble Sec dio la bienvenida al Abrevadero, un restaurante que se sumó a la ruta de sabor que se dibujaba desde el Paral·lel, con paradas en Café Español, la cervecería La Bohemia... y los ojos puestos en lo último del Apolo o El Molino. De aquel pasado rutilante y después decadente, que ahora se está reinventando en versión siglo XXI, sobreviven muchos nombres en nuevas etapas. La última, el Abrevadero, que mantiene su hostal con ese nombre pero ahora ha reconvertido la zona destinada a restaurante en el nuevo Abirradero (Vila i Vilà, 77).

Culto a la memoria histórica y guiño al presente cervecero. Porque el nuevo negocio es una sociedad entre los propietarios del antiguo comedor y la empresa Cerveza Artesana HomeBrew. De aquel pasado no lejano quedan huellas visibles a primera vista, como el abrevadero real en la calle que simboliza esos tiempos en que el barrio era sede de arrieros y carreteros que circulaban hacia las canteras de Montjuïc y hacían parada y trago en el Poble Sec, mientras los caballos se abrevaban.

Temperatura y alcohol

El futuro empiezan a escribirlo hoy mismo con la apertura de su barra récord en España, afirman: 40 tiradores destinados a la cerveza artesana, que además elaboran a poco más de 20 metros. La empresa de Daniel Fermun y Nereo Garbín lo sabe todo sobre elaborar el dorado líquido y montar las microcervecerías de otros. Por eso aquí quieren despachar lo que producen, ocupando hasta la mitad de los grifos, y dar a conocer lo que aplauden de otros elaboradores. «Es una buena forma de ensayar lo que se hace aquí y apoyar al buen producto local», reflexiona Fermun. Geográficamente, se impone la procedencia mediterránea, con menor presencia nórdica.

Una pantalla digital ilustra sobre lo que fluye desde cada surtidor. Da sus características, el estilo, el productor, sus notas de cata, su graduación alcohólica y precio. Recorrer esta alineación implica ir de la refrescante y fresquísima zona de las pilsen-lagers artesanas, con graduaciones frecuentes de 2 a 4 grados, a las ale, más intensas y de fermentación alta (de 6 a 8 grados), para acabar en las poderosas opciones de hasta 12 grados, y que a veces incorporan mosto y evocan al vino, con tonos más profundos. Se tiran a distintas temperaturas acordes a su estilo, con el plus de que los barriles están ubicados en una sala anexa refrigerada y conectada por largas cañerías que mantienen constante ese frío. ¿El broche? Vasos acordes a cada rubia.

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Como anécdota, cuatro de los surtidores se destinan a sodas naturales para los abstemios. Garbín quiere que la gastronomía vaya evolucionando estrechando lazos con la bebida. De momento, arrancan con una pequeña carta de tapas mediterráneas (Catalunya e Italia se conjugan), que se irá ampliando con calma.

A unos pasos, su Institut de la Cervesa Artesana no para. «La ventaja es que el producto no viaja y está en mejores condiciones», dice Fermun. Apuestan por su elaboración slow beer e innovan sin tregua en propuestas. Que si han creado la primera malta de arroz y por tanto una cerveza artesana apta para celíacos, que si importan a los platillos ingredientes de la cerveza... Todo por el sueño de contagiar su fiebre a los barceloneses.