SEGUNDA VIDA DE UN NEGOCIO simbólico del turó park

Semon renace de la mano de sus empleados

La tienda, gestionada ahora por un veterano exempleado, reabre el lunes el restaurante

Los dueños pagan la renta en el juzgado porque el propietario les niega el alquiler

Paulino Robles, segundo por la derecha, en el restaurante Indret del Semon, ayer, ultimando detalles.

Paulino Robles, segundo por la derecha, en el restaurante Indret del Semon, ayer, ultimando detalles. / ÁLVARO MONGE

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CARLOS MÁRQUEZ DANIEL / BARCELONA

Semon fue durante muchos años uno de los puntos de encuentro de la Barcelona pudiente. Lo fundó en el año 1962 María Vidal, heredera de una familia de charcuteros que levantó un imperio que se prolongó hasta entrado el presente siglo, cuando el negocio empezó a decaer, hasta el punto de quebrar y presentar un concurso de acreedores. En agosto pasó a manos de uno de sus trabajadores de toda la vida, que invirtió dos semanas en limpiarle la cara. El lunes volverá a abrir el restaurante asido a la tienda, el Indret del Semon, y el negocio de tienda-comedor iniciará su segunda vida.

Paulino Robles trabajó «para la señora Vidal» durante 45 años. En el 2011 fue incluido en un ERE y fue despedido. Aquella era su casa, así que cuando supo de la posibilidad de participar en la subasta para quedarse el negocio, animó a su hermano Pedro, que también trabajó 22 años en la casa, y juntos pujaron por el lote. Se les adjudicó y se pusieron manos a la obra para recuperar este símbolo gastronómico de la zona alta. Tenían previsto volver a subir la persiana el 17 de agosto, pero la antigua propietaria acababa de morir y colgaron un cartel de «cerrado por fallecimiento de la fundadora». La nueva etapa del Semon, pues, empezó al día siguiente de que María Vidal fuera despedida por los suyos.

Los hermanos Robles se encontraron con un local «dejado». «No se había hecho mantenimiento en dos años, estaba sucio y muy vacío. Nos hemos dedicado a pintar, rellenar la tienda, limpiarla a fondo, renovar máquinas». Lo han hecho con algunos ahorros y una ayuda bancaria, y de momento, dice Paulino, los números salen. Tienen, sin embargo, un problema inesperado: el propietario del local no les acepta el alquiler porque, al parecer, podría tener cerrado un acuerdo con una de las empresas que perdió la subasta. Ellos ingresan la renta en el juzgado para que no intenten echarles por impago. Así las cosas, el próximo lunes tienen previsto volver a abrir el restaurante del Semon, otrora lugar de encuentro de la gente del barrio del Turó Park que cerró hace unos dos años. Dicen que no será el lugar «oscuro y cerrado de antes», y por eso han cambiado la iluminación y abierto todas las ventanas.

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PLANTILLA DE 20 PERSONAS

Explica Paulino, que ahora tiene 66 años, que apenas mantienen relación con la familia fundadora, para la que, a pesar de haber sido despedido, no guarda rencor. Hoy mismo entran en plantilla otros seis trabajadores, cuatro de los cuales ya habían formado parte del negocio antes de que las estrecheces lo llevaran a la ruina. Con el negocio funcionando al 100%, Semon tendrá unos 20 empleados. Y sobre el posible relevo generacional, los Robles tienen dos hijos cada uno. Incluso un nieto de siete años.

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