BARCELONEANDO

Amigos de Leonard Peltier

Todos los primeros jueves de mes hay concentración frente al consulado de EEUU

Andrea de Lotto, en primer plano, y los cuatro asistentes a la concentración del pasado agosto ante la sede del consulado de EEUU.

Andrea de Lotto, en primer plano, y los cuatro asistentes a la concentración del pasado agosto ante la sede del consulado de EEUU. / MÒNICA TUDELA

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MAURICIO BERNAL

Se respira esta mañana cierta satisfacción frente a la sede del consulado estadounidense, pues ha venido Arcadi Oliveres, de Justícia i Pau, la clase de espaldarazo que siempre viene bien. Los policías que custodian la sede diplomática miran con indiferencia mientras los concentrados se organizan, porque ya los han visto muchas veces, el primer jueves de cada mes, y reconocerían sus rostros entre la multitud. También saben que no va a ser necesario cortar la calle ni pedir refuerzos ni estacionar en los aledaños furgones antidisturbios, nada por el estilo: en sus mejores jueves, las concentraciones en favor de la libertad de Leonard Peltier han congregado a una quincena de pacíficas personas. Este, el primero de agosto, tiempo de tórridas vacaciones, ha reunido a cinco personas, Oliveres incluido. Pero ahí radica el poder de los concentrados: llueva o truene aquí estarán siempre, a la puerta del consulado, desplegando su pancarta y gritando durante una hora consignas en favor de Peltier. Son constantes, perseverantes, tercos y en cierto modo románticos. Y no van a aflojar.

Leonard Peltier lleva casi cuatro décadas en prisión, desde 1976. Tenía 30 años cuando fue condenado a dos cadenas perpetuas por la muerte de dos agentes del FBI durante un tiroteo ocurrido en la reserva indígena de Pine Ridge, en el territorio de los Sioux en Dakota del Norte, escenario en la época de una implacable persecución de los activistas del Movimiento Indio Americano; decenas de ellos fueron asesinados entonces. Peltier era y sigue siendo -desde la cárcel- uno de los dirigentes del movimiento. Otros dos activistas, compañeros suyos, Bob Robideau y Darrell Butler, detenidos antes que él, fueron absueltos por un jurado que consideró que habían actuado en defensa propia, pero Peltier no tuvo la misma suerte. Amnistía Internacional (AI), entre otras organizaciones, considera que el juicio en su contra estuvo lleno de irregularidades, y que es un preso político. Personalidades como el reverendo Jesse Jackson, el dalái lama y Nelson Mandela han pedido su puesta en libertad.

«Pura venganza»

Peltier cumple condena en la prisión estatal de Lewisburg, en Pensilvania, que dista unos 6.000 kilómetros de Barcelona. Ergo, hasta allá no llega el eco de las consignas furiosas que el primer jueves de cada mes lanza Andrea de Lotto, megáfono en ristre, mientras va y viene de un lado a otro de la fachada de la sede consular. Ojalá llegara: Peltier se sentiría más acompañado. «¡Cuarenta años son una tortura, no es justicia, es pura venganza!», grita De Lotto, italiano como su nombre y esa clase de personas que mantienen intacta y bien aceitada su capacidad de indignación. «Hace 10 años leí el libro de Peltier y hace dos pensé: ¿Por qué no hacemos algo? Por entonces se iban a cumplir 38 años de su encarcelamiento, así que dijimos: 'Bueno, empecemos'». Ese jueves, en febrero del año pasado, nació el Comité Solidaritat amb Leonard Peltier. El plural mayestático que usa De Lotto designa a un puñado de jubilados que trabaron amistad protestando en su día contra los recortes practicados en el Hospital Dos de Maig. Personas con un acerado sentido de la justicia.

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Además de la cita de cada jueves, la movilización incluye charlas en centros cívicos, concentraciones puntuales y una perseverante recogida de firmas que ya supera la significativa cifra de 2.000. «Siempre intentamos que baje un funcionario del consulado y nos las reciba, pero no están muy interesados, parece». El compromiso de este hombre con la causa está reflejado en el viaje que hizo en marzo del 2014 a Roma para coincidir con el presidente de EEUU, Barack Obama. Allí contactó con amigos y compañeros e intentó «montar algo, con pancartas y carteles», en la plaza de San Pedro. «Pero la policía me echó enseguida. Al menos la prensa se dio cuenta, y algo salió publicado después».

Hoy es primer jueves de mes.