La guerra de las terrazas caldea el estreno de Colau

BCN prevé retirar desde este mes decenas de veladores que no acaten la reducción

Los afectados presentan un alud de recursos alegando el riesgo de cierre del negocio

Terraza de Les Corts llamada a eliminar el 57% de su actual capacidad, ayer.

Terraza de Les Corts llamada a eliminar el 57% de su actual capacidad, ayer. / JOAN CORTADELLAS

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PATRICIA CASTÁN / BARCELONA

Varios cientos de recursos contra los inminentes recortes a terrazas se amontonan en el ayuntamiento en las últimas semanas. Los afectados esperan como mínimo ganar tiempo, tanto para aprovechar la temporada alta del negocio a la fresca, como intentar reunirse con la alcaldesa Ada Colau y pedirle que reformule la ordenanza que regula las condiciones de los veladores en las calles de Barcelona.

La lluvia de notificaciones a los presuntos incumplidores comenzó en mayo, dándoles 30 días para acatar la reordenación, de lo contrario la licencia se dará por extinguida y se demantelarán. Este mes se cumple el plazo de las ejecuciones, mientras el Gremi de Restauració reclama una moratoria en la medida a la vez que Colau anuncia mano dura, como avanzó ayer EL PERIÓDICO.

Los bares y restaurantes con terraza en Barcelona, 4.775 en mayo, llevan un año y medio enfrascados en adaptarse a una norma implantada por fases. La que entraba en vigor el pasado enero y limita las distancias que deben respetar las terrazas respecto a edificios, mobiliario, paso despejado para peatones y demás ha puesto en jaque a buena parte del sector.

844 expedientes

Según nuevos datos municipales, hasta mitad de junio se han inspeccionado 4.362 casos, con 844 expedientes abiertos, 604 órdenes de retirada de terrazas y 21 ya desmanteladas, la mayoría de casos por cuestión precisamente de distancias. El gremio señala que el equipo de gobierno de Xavier Trias le comunicó que más de 2.000 tendrían que hacer ajustes. En algunos casos puede ser un movimiento de las mesas (para liberar el frontal de un alcorque, ya que no puede haber ocupación ante un árbol), en otros una reducción de un par, y en otros muchos recortes que alcanzan el 70%. Hasta ahora se trata de negocios de barrio, ya que los ejes turísticos tienen regulación propia (aún en fase de elaboración) por ser zonas singulares. Los afectados por los ajustes se rebelan, porque en muchos casos son terrazas arraigadas desde hace años y no se consideran conflictivas. Pero los instalados en el último año y que ya han abierto con toda la normativa al pie de la letra, piden que todos jueguen en las mismas condiciones.

La pugna tiene muchos más vértices, ya que Colau revisará toda la normativa para estudiar si precisa ajustes. Pero lo hará con la premisa de primar el espacio vecinal y de paso, como señaló ayer en este diario. Su mensaje ha generado más resquemores en el sector, que defiende su papel dinamizador de la economía local para pedir flexibilidad. Como guinda, una quincena de entidades que protestarán hoy contra la gestión del turismo reclaman a la alcaldesa mano dura con las terrazas para que no devoren el espacio público. Fuentes municipales afirman que los planes de las 30 zonas singulares (sobre todo céntricas) podrían pararse y replantearse con mayor peso vecinal.

Intereses enfrentados

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La casuística es compleja y dibuja intereses difíciles de equilibrar. Entre los cientos de afectados por un recorte de espacio figura el caso del restaurante La Llimona, en la calle de Constanza de Les Corts. Fernando Díaz, su propietario hace 28 años, explica que siempre ha tenido terraza y que desde el 2006 amplió sus cinco mesas a siete, tras obtener el permiso municipal. Nunca ha tenido incidencias y es un negocio de barrio, sin turistas ni más usuarios que los trabajadores y vecinos de la zona. «¿Por qué me hacen quitar ahora cuatro mesas que ponen en peligro la viabilidad de mi negocio?», se pregunta. Con la cinta métrica en la mano, cuando deja 80 centímetros de distancia hasta la calzada y al menos un 50% de espacio total de paso, no caben las dos líneas de mesas. Ahora cuenta con 10 empleados, pero si la terraza se reduce se verá obligado a despedir a parte de la plantilla. «Supone el 40% de la facturación, y más en verano», argumenta. A su lado, otros operadores tendrán que seguir la misma dinámica. Pero alguno, por reciente, ya ha nacido con los deberes hechos (con todas las fases aplicadas, incluso sanitarias) y pide que, se decida lo que se decida, las reglas sean iguales para nuevos y antiguos.

Sin embargo, la historia pesa, y a los que suman 30 años de terraza, como la Vermuteria Lou de la calle de Escorial, pasar de cuatro mesas a una les propulsa al cierre. «Nos dejan en la ruina a gente que lleva toda la vida en la zona», dicen. Cerca, otro histórico pasará de seis a una. El malestar se extiende y anuncian movilizaciones. «Ada Colau tiene que parar esto, es un desahucio en toda regla y dejará a gente en la calle que también tiene que pagar hipoteca. ¿Prefiere lateros en las aceras?», opina otro afectado de esa calle, en Gràcia.