La vida de un humorista

Tom Roca fue miembro fundador de 'El Jueves¿ y ha conseguido vivir hasta ahora del humor

El humorista Tom Roca, con un ejemplar de su libro ’Mi puta vida’, esta semana, en Barcelona.

El humorista Tom Roca, con un ejemplar de su libro ’Mi puta vida’, esta semana, en Barcelona. / ALBERT BERTRAN

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La primera imagen que conservo de Tom Roca (Barcelona, 1953, aunque sus orígenes familiares hay que ir a buscarlos a Verdú, Lleida) data de principios de los 70, a la salida de un concierto (no recuerdo de quién) y consiste en un melenudo muy alto, yo diría que levemente perjudicado por las drogas y el alcohol, que se sostiene sobre dos chicas preciosas que le ríen todas las gracias.

Se lo comento en la terraza de la Rambla de Catalunya en la que hemos quedado para celebrar la aparición de sus memorias ('Mi puta vida. Unas memorias escritas, dibujadas y filmadas', Editorial Astiberri) y me dice: «Es que en esa época yo vivía en comuna, y por las comunas pasaba mucha gente, sobre todo mujeres. Guardo un gran recuerdo de la época hippy. Estaba muy bien aquello del amor libre y tal. Y aquí se ha escrito muy poco al respecto. Por eso estoy intentando levantar una serie que se titula 'Cuando éramos hippies'. Pero también tuve el carné de la CNT, que conste».

El señor Roca lleva años ejerciendo de creador y productor ejecutivo de series de televisión, generalmente de corte humorístico, aunque también estuvo detrás de 'Balseros', el documental de Carlos Bosch que se quedó a la puerta de los Oscar. Aunque ahora languidece en TV3, donde da la impresión de que no se le aprecia mucho, este hombre pasó por Antena 3, Tele 5, Cuatro y Tele Madrid y estuvo detrás de series como 'Todos los hombres sois iguales' o 'Médico de familia' (fracaso en mi intento de sacarle alguna maldad sobre Emilio AragónTom lo recuerda como un tipo encantador). También estuvo al principio de TV3, cuando parece que se le apreciaba más, con los programas de Josep Maria Bachs y muchas otras propuestas que no cabrían en este artículo.

Pero la imagen del melenudo y las 'jiponcias' es de cuando ejercía exclusivamente de humorista gráfico y dirigía la revista 'Mata Ratos', que le había pasado el mítico Conti y que él convirtió en el primer tebeo 'underground' de la España de la época (ahí llegó por primera vez al quiosco el gran Max, por ejemplo). A Tom nunca le dio por la historieta: "Me bastaba con una imagen y unos textos. El chiste es la síntesis de la tira cómica. Lo de dibujar una viñeta detrás de otra no iba conmigo".

EL PELUQUÍN DE ILARIO

Después de 'Mata Ratos', Tom, a medias con su amigo Romeu (fueron inseparables durante años, hasta que la pareja se rompió, según él por cansancio mutuo, en la línea de Bing Crosby y Bob Hope o Dean Martin y Jerry Lewis, aunque es un tema sobre el que no le gusta extenderse) y con José Luis Martín fundó 'El Jueves', que publicó la misma empresa de este diario que tienen ustedes en las manos (o en la pantalla). Tom habla y no calla sobre José Ilario, factótum del Grupo Zeta de la época y responsable de la mayoría de sus hallazgos.

Perich me había contado que, cuando trabajabas con Ilario, te dabas cuenta de que pintaban bastos cuando se le empezaba a desplomar el peluquín. Si Ilario aparecía por la redacción con el peluquín colgando de la oreja era que la revista de turno estaba a punto de chapar y tú te ibas a la calle. Así lo recuerda también Tom, que solo tiene palabras de admiración y agradecimiento para este personaje bigger than life y hoy pasado al anonimato.

Yo empecé a tratar a Tom cuando Romeu y él se hicieron cargo de la edición española del 'National Lampoon (Nacional Show)', donde me dejaron colaborar. Cosa que volvieron a hacer en 'Histeria', de corta pero apasionante existencia, sobre todo por aquellas reuniones de redacción que, francamente, tenían mucha más gracia que el producto que llegaba a los quioscos. Poco después de aquella experiencia frustrada, nuestro hombre empezó a alejarse del humor gráfico y a interesarse por el audiovisual. «Ahora sería incapaz de volver al chiste», comenta, "Me temo que ya no sé dibujar".

'Mi puta vida' recorre la existencia vital de alguien que se lo ha pasado muy bien en general y al que lo que más revienta en este mundo es la mediocridad de los trepas, tal vez porque se ha cruzado (y se sigue cruzando) con muchos. En la portada del libro, un tipo le dice a otro: "Es usted un gilipollas y un mediocre…Llegará lejos, muchacho".

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PORQUE SUENA BIEN

En el interior aparece más de un ser despreciable, pero se imponen los que no lo son: "No puedo quejarme de eso. He conocido a un montón de gente encantadora". Y a los 17 estabas en el festival de la isla de Wight mientras yo, a los 14, veraneaba con mis padres en Canet de Mar, le digo. Y has vivido en Nueva York, Londres, Madrid, Berlín… Y has tenido un montón de novias y una hija. Y siempre has hecho, más o menos, lo que has querido. Tu vida no se me antoja nada puta. "Pues no, la verdad», afirma sonriente, «pero es un título que suena bien, ¿no?".