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Enséñalo o muere

ELOY CARRASCO

En las lomas de la parte alta de la ciudad, cerca ya de los límites donde el pavimento sucumbe a zarzales y retamas, unos jóvenes investigadores y su profesor inventan cosas. Alguno lleva chanclas y el cociente intelectual de la mayoría podría competir con los de quienes en Silicon Valley transforman la vida sin necesidad de saber anudarse una corbata. Ahí acaban los parecidos. En el grupo de Tecnologies Media de La Salle Campus BCN de la Universitat Ramon Llull ni huelen los sueldos de 100.000 dólares al año que cobra un novato de la fortaleza californiana. Pero los doctorandos y alumnos de másteres que capitanea David Miralles (Barcelona, 1970) quizá digan algún día que tal cachivache que todos tenemos lo crearon ellos.

«Publish or perish». A la vieja máxima de la investigación tecnológica y científica, «publica o perece», le sucedió un apéndice, pronunciado en el Media Lab del MIT de Boston, la cima de las cimas, el Everest del gremio: «Show or die». «Enséñalo o muere». Si nadie sabe lo que estás haciendo es que no estás haciendo nada. En esas andan Miralles y sus muchachos, a partir de hoy en el Market Lab del Sónar + D.

¿Se complica la pizarra? Traduzcamos. El Sónar empezó como un festival raro («música avanzada y arte multimedia» resultó un feliz eufemismo que ha sobrevivido hasta hoy) en la Sala Apolo y el CCCB que ha devenido un complejo cosmos en el que caben visionarios de otros futuros. «Los diseñadores de sillas ya no solo deben pensar en que el asiento sea cómodo y la curva del respaldo se amolde al cuerpo. Deben tener en cuenta la tecnología para incluir en el interior puntos que proporcionen calor, pongamos por caso», esclarece Miralles, cuyo equipo es uno de los 21 que exhibirán proyectos en el Sónar. «Los diseñadores diseñan para que comprendamos los objetos y el uso al que están destinados, y la tecnología puede ayudar a que los objetos nos entiendan a nosotros, a que adapten lo que nos pueden ofrecer a lo que saben de nosotros».

Ejemplos para 'dummies'

Ejemplos, profesor. «Digital Sense». Ya. Para dummies, por favor. «Los objetos son capaces de acceder, con tu permiso, a tu identidad digital. Un altavoz, digamos; entra en tus redes sociales, se entera de tus gustos y ya lo tienes, suena tu música preferida». Detrás de este ingenio con alma de cotilla está Gerard Serra, estudiante del último curso de ingeniería multimedios, de 22 años. Los dioses del Big Data -resumiendo, los dioses- excavarán la mina de oro del siglo XXI: se sabrá todo sobre ti.

No existen, sin embargo, intenciones invasivas en esta tripulación. El plan del Sónar se llama Objetos adaptables. Haciendo amigos, y la dotación de La Salle de momento factura prototipos en busca de empresas que los desarrollen y los comercialicen. Veamos Drawit, surgido de los desvelos de Marc Expósito, estudiante de un máster, de 23 años. «El mando a distancia de la tele -plantea- tiene un montón de botones que jamás utilizamos. La aplicación se conecta con una tableta en la que dibujamos un rectángulo con el dedo. El rectángulo es la tele. Pintamos, también en la tableta, unos puntos para el volumen o para unos cuantos canales, y tenemos entonces un mando a distancia simplificado». Como el chupa chup o la fregona, todo lo elementalmente sencillo se le tuvo que ocurrir a alguien por primera vez.

Otro alumno de un máster, otro Marc, Dabad, de 22 años. Él maquinó Gaze (mirada). Las gafas de Google fueron durante un rato el chisme de moda y ahora las han llevado a la óptica para que le corrijan algunos enfoques que frenaron su crecimiento. Pero Dabad les ha sacado mucho partido. Las ha convertido en una celestina para que los objetos liguen. «En una tienda. Te las pones, miras la carátula de un cedé o un videojuego. Si te interesa, miras luego una pantalla y allí aparecerá la canción del cedé o la demo del videojuego».

Miralles, enséñalo o muere.

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