Ada Colau, del activismo social a la alcaldía

La alcaldesa de Barcelona debe cumplir con las expectativas y, al mismo tiempo, calmar los miedos suscitados en parte de los ciudadanos

Ada Colau, alcaldesa de Barcelona.

Ada Colau, alcaldesa de Barcelona. / JOAN CORTADELLAS

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Eduardo López Alonso
Eduardo López Alonso

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Ada Colau, la que ha sido durante años la cara más visible del activismo social desde la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), ha conseguido llevar su rostro travieso a al pomposidad del Ayuntamiento de Barcelona. Tras las elecciones municipales ocupa ya el sillón del convergente Xavier Trias de la mano de la alianza de la izquierda Barcelona en Comú (BC). Al día siguiente del triunfo, el periodista Jordi Basté hizo la pregunta del millón: --Señora Colau, ¿que le diría a todos los barceloneses que tienen miedo por su llegada a la alcaldía?

Como no podía ser menos, la sonrisa pícara se reprodujo en la cara de la que será primera alcaldesa de la historia de Barcelona y lanzó un mensaje tranquilizador; --Seré la alcaldesa de todos los barceloneses--. Ni piensa cerrar escuelas concertadas, ni acogotar más de lo debido al ciudadano de a pie, no va a entrar como elefante en el Ikea. Pero las cuentas del Ayuntamiento van a ser revisadas con lupa.

Colau (Barcelona, 1974) es persona comprometida y sin anillos que perder a la hora de bajar a la trinchera de la lucha social. Desde su época estudiantil participó en movimientos sociales, como en las protestas contra la guerra del Golfo a principios de los 90, contra el G-8 en los consulados de Francia y Suiza en el 2003 o con su participación en la plataforma Aturem la guerra, en contra de la segunda guerra de Irak. Sin dudas en la elección del bando a defender, Colau aporta no solo idealismo también formación sobrada para fundamentar sus ideas.

Pero si por algo es reconocida la alcaldesa es por su lucha contra los desahucios, primero desde el movimiento V de Vivienda y, posteriormente, como una de las fundadoras en el 2009 de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, que la convirtió en la cara más visible en toda España en la denuncia de esta problemática, que ha jugado en primera división en estos comicios y debe convertirse en eje central de sus decisiones políticas desde la plaza de Sant Jaume.

En febrero del 2013, Colau fue la encargada de presentar en nombre de la PAH, del Observatorio de Derechos Económicos, Sociales y Culturales y de otros movimientos sociales, una Iniciativa Legislativa Popular (ILP) en el Congreso para que se elaborase una nueva legislación en materia hipotecaria, avalada con la firma de 1.402.845 ciudadanos, que reclamaba entre otras cosas la dación en pago. Finalmente la ILP fue retirada después de que el PP utilizase su mayoría absoluta para redactar su propio texto. Tras el ninguneo de aquellos años llegan ahora responsabilidades y capacidad de acción.

Su libro 'Vidas Hipotecadas', publicado en el 2012, junto a su compañero sentimental, el economista Adrià Alemany y 'Sí se puede. Crónica de una pequeña victoria', conforman buena parte de su ideario político personal. Pero no va de Varoufakis. Si acaso sí está dispuesta a ofrecer relevos a los apoltronados y oxígeno (temporal) a los asfixiados.

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En mayo del 2014, Colau abandonó la PAH y, poco después, creó Guanyem Barcelona, una plataforma ciudadana creada con el objetivo de construir una candidatura de confluencia de cara a las elecciones municipales de este año. El paso del activismo ciudadano al activismo político ha comportado una amplificación de su perfil personal pero también resquemores en muchos ámbitos, reacios a su indudable personalismo político.

Colau aspira a imprimir un cambio no solo en las políticas sociales y económicas, sino también en la propia "forma" de hacer política, para que ésta sea más "transparente, participativa y democrática", y ha situado la lucha contra la corrupción como uno de los ejes prioritarios de su programa electoral. En campaña, Colau no se cansó de repetir que quiere hacer de Barcelona una ciudad "más justa" que sitúe en el centro a las personas y los barrios, frente a los que "han puesto alfombras rojas" al poder económico y a los lobis, y han convertido Barcelona en una "ciudad escaparate"."Soy una persona absolutamente normal, una ciudadana de a pie", afirmaba la ahora alcaldesa, y esto, agregó, muchas personas lo perciben como una "una cosa excepcional". También una amenaza, como dijo el 'president', Artur Mas, en la noche electoral. Colau tiene ya la oportunidad de liderar el cambio para la ciudad. 

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