06 jun 2020

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a pie de calle cgaya@elperiodico.com

La biblioteca del 'A pie de calle'

Catalina Gayà

El sábado, de nuevo, el centro se despertó con el helicóptero zumbando sobre las azoteas. No podía ser de otra manera: durante todos los años que, tres veces a la semana, hemos publicado este A pie de calle, ese zumbido ha sido una de las bandas sonoras de estas líneas. Salía a la calle, buscando la manifestación de turno, más como hábito que otra cosa y, de nuevo, encontraba historias de reivindicaciones, de luchas y de atropellos sociales.

Busco una de las primeras crónicas que publiqué en esta sección, versaba sobre unos ancianos que hurgaban en las papeleras de la Rambla mientras los cruceristas paseaban. Era el 2010 y recuerdo que los comentarios de los lectores, en internet, eran de preocupación: «¿Cómo podía ser?» Era y teníamos que contarlo.

El sábado, encontraba a otros abuelos buscando en las papeleras, pero ahora ya nadie se sorprende. Mi idea era acabar la última de mis crónicas en esta sección explicando la bibliografía acumulada durante los años que he ido construyendo mi particular retrato de Barcelona. Los lectores me suelen pedir que les envíe referencias bibliográficas de las carasses, de las gárgolas, de Barcino...

En mi bibliografía particula hay un lugar para los imprescindibles Historia y leyenda del barrio Chino, de Paco Villar, y Barcelona, de Robert Hughes. Han aparecido otras lecturas: Els secrets de les places de Barcelona, de José Luis Caballero y David Escamilla1001 curiositats de Barcelona, de Sílvia Suárez y Anna Priscila MagriñàHistòries de la història de Barcelona, de Dani Cortijo y Fantasmas de Barcelona, de Sylvia Lagarda-Mata.

A veces, humildemente y sin pretensiones, hemos jugado a recuperar crónicas de los grandes reporteros que ha tenido Barcelona. Solo dos nombres y dos libros: Irene Polo y Domènech de Bellmunt. La editorial Quaderns Crema recuperó las crónicas que Polo escribió entre 1930 y 1936. Francesc Canosa compiló los artículos de Domènech de Bellmunt en La Barcelona, pecadora.

Son estos algunos libros que, de muchas maneras, han aparecido en las casi 700 crónicas que han intentado ser un retrato de Barcelona en estos tiempos de transformación, injusticias, reinvenciones y luchas personales y colectivas.

En la calle de las Elisabets, me topaba con un típico cóctel barcelonés: turistas con camisetas del Barça compradas a africanos que corren cada vez que aparece un guardia urbano; barceloneses con bolsas; un señor pidiendo unas monedas; otro susurrando, al mediodía, si alguien quería «cerveza-beer-hach».

Se escuchaba el helicóptero y ya nadie, absolutamente nadie, le hacía caso. Pasaban los skaters con sus cámaras y una de las chicas que trabajan en la plaza de la Palla se dirigía a otra zona, con los tacones y la falda muy corta ya puestos. Ayer jugaba el Barça, temprano. Nadie se metía con el otro. A un chico con un carrito de la compra se le hacía difícil avanzar. Una mujer le daba paso.