05 jun 2020

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a pie de calle cgaya@elperiodico.com

Poesía positiva en los pasos cebra

Catalina Gayà

Esta crónica empezó el primer día de lluvia y viento en Barcelona, cuando las calles del Eixample se tapizaron de marrón por las hojas caídas de los plátanos. Ese día, un lector me avisó de que en los pasos de peatones de la Ribera, la Barceloneta y Sant Antoni habían aparecido, desde mediados de noviembre, versos urbanos y fui en busca de esa poesía. En su correo, el lector adjuntaba una imagen con una de las pintadas: «Te comería a versos». Pero no indicaba en qué esquina de Barcelona la había encontrado.

Fue buscando versos a ras de suelo que la mirada de esta cronista bajó al asfalto, tras casi cuatro años de escribir esta pieza, y se encontró con los zapatos gastados y la zapatilla endeble -antes del 2008 en Barcelona abundaban la zapatilla nueva y el zapato de piel lustrado-, mojada casi siempre, de 18 euros y que, decía un chico parado en un paso de peatones de la calle de Sepúlveda, es muy swag, sin acalararme por qué.

Buscando versos de asfalto urbano, anoté que han desaparecido las colillas del suelo y han aparecido los tobillos de los jóvenes que, pese al frío, se suben el chándal o el pantalón para que se les vea la pantorrilla, hasta ahora una parte del cuerpo masculino poco valorada.

Di con dos de esos versos urbanos, no sé si hay más, en Sant Antoni y, de hecho, nunca encontré ese: «Te comería a versos». La primera cápsula poética que hallé decía: «La Gravetat de la llei és quan no t'atrau cap a mi», y está en la calle de Casanova con Sepúlveda (lado Besòs). En la segunda, en Floridablanca con Villarroel, se lee: «El mar és la meva terra».

Las pintadas simulan la tipografía de ese mensaje trágico que nos informa de que «Uno de cada tres muertos en accidente de tránsito iba a pie», pero son pocos los peatones que las leen o los vecinos que las han visto. «No sé», me decían en las tintorerías donde preguntaba. El Eixample está lleno de tintorerías.

En Floridablanca, unos chicos esperaban el cambio de semáforo. Una mujer consultaba el móvil. Los jóvenes hablaban y, quizá porque yo leía los versos, ellos también y el resultado era una sonrisa. ¿Los habíais visto? «No», volvían a la seriedad urbana.

Barcelona sigue la moda de las pintadas positivas que, desde hace dos años, se pueden leer en otras ciudades europeas como Berlín, Londres o Atenas. En Barcelona y en Atenas, eso sí, el lienzo positivo se suma a la enciclopedia reivindicativa. «Me gusta la vida», se lee en la calle de los Petons. «La vida es mi alma», está escrito en la de Riera Alta. «Be Kind, Be Human, Smile (Sé amable, sé humano, sonríe)», ha grafiteado alguien en paredes del Raval y en la puerta de un párking en Floridablanca.

Los autores de las cápsulas poéticas son el colectivo artístico madrileño BoaMistura. Leo en su web que dicho colectivo tiene su «cuartel general» en Madrid, pero que han viajado pintando desde México hasta Guinea Ecuatrorial, Serbia...

Hace unas semanas, hicieron la misma acción poética en Madrid. Hay algo más en su web: dicen que entienden su «trabajo como una herramienta para transformar la calle y crear vínculos entre las personas». «Sentimos una responsabilidad para con la ciudad y el tiempo en el que vivimos», escriben.

Las sonrisas las consiguen. H