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Miedo a la masificación del nuevo Paral·lel

Una de las seis placitas duras que ganará el Paral·lel al finalizar la reforma.

Una de las seis placitas duras que ganará el Paral·lel al finalizar la reforma. / JOSEP GARCIA

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HELENA LÓPEZ

Las obras avanzan con una rapidez sorprendente. Todo tiene que estar listo en febrero del 2015 y, si siguen el ritmo actual, no cabe duda de que así será. El Paral·lel, banco de pruebas de la smart city, con una iluminación inteligente en la que se invertirán 2,8 millones (a razón de 6.500 euros la farola), está ultimando una reivindicada reforma con la que el Ayuntamiento de Barcelona pretende convertir la avenida en una «vía de referencia de las personas, las artes escénicas y la gastronomía» que ha dividido al vecindario, sobre todo por el primer punto, el de las personas.

La plataforma ciudadana Som Paral·lel se creó para denunciar que la reforma se hace «más para los turistas que para los vecinos». Reivindicaban que se hiciera un estudio sobre el impacto que la obra puede tener sobre el actual tejido socioeconómico de un barrio trabajador como el Poble Sec. Tenían pánico de que la conversión del Paral·lel en una nueva Rambla

-la idea municipal es que no todos los turistas suban Rambla arriba, sino que lo hagan también por el renacido Paral·lel hasta la plaza de Espanya-, podía convertir el Poble Sec en una suerte de Born. Miedo a una gentrificación que ven inevitablemente ligada al actual planteamiento de la reforma. «No queremos actuar cuando sea demasiado tarde. Es importante hacer un plan de usos del Paral·lel ya para evitar que el monocultivo de ocio y turismo expulse al vecindario», asegura Marc Serra, de la plataforma ciudadana Som Paral·lel.

En eso trabajan. El ayuntamiento -que insiste en que la reforma es del gusto de «la mayoría del vecindario»- ha escuchado las reivindicaciones de entidades y comerciantes y ha constituido al fin una comisión para elaborar un plan de usos para el Poble Sec  y otra específica para la avenida. El mes pasado el consistorio anunció también la moratoria de apertura de terrazas en la calle de Blai y en el eje Blesa, Vilà i Vilà, dos espacios saturados a los que, según tanto Montori como Serra, «ya se llega tarde». «Puedes no dar más licencias, pero las que están, ya están, y hay demasiadas», añade Montori. Para Serra, de Som Paral·lel, la moratoria llega por la presión vecinal, pero es «insuficiente», ya que a sus ojos debería incluir la avenida del Paral·lel hasta que se elabore el plan de usos.

A ojos de Màxim Montori, vocal de urbanismo de la Coordinadora d'Entitats del Poble Sec, la reforma del Paral·lel era una actuación largamente requerida, con lo que no pueden hacer otra cosa que aplaudir su ejecución. «Tenemos muchos frentes abiertos. La reforma del Paral·lel, del parque de las Tres Xemeneies y el polideportivo», dice.

DEBATE SOBRE LOS USOS / El debate se centra ahora en los usos de la nueva avenida. «Que las aceras anchas, porque lo que llaman plazas no son más que aceras más anchas, sean realmente para uso ciudadano y no para que se adueñen de ellas los bares», concluye Serra.

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La reforma, que supondrá una inversión total de 9,5 millones, reubicará el carril bici en la parte central de la avenida desde Drassanes hasta la plaza de Espanya, convertirá seis cruces en la acera del Eixample en pequeñas plazas -que desde la coordinadora de entidades quieren bautizar con nombres de artistas vinculados con el Paral·lel- y peatonalizará los cruces del Poble Sec. De esas seis placitas, se han ejecutado ya las de Tamarit y Aldana, y está prácticamente acabada la de Parlament. La iluminación se hará a través de las polémicas nuevas farolas, ya plantadas, a base de leds.

El carril bici está ya muy avanzado en el tramo de la plaza de Espanya y Entença, y queda pendiente el tramo desde el Portal de Santa Madrona hasta la plaza de las Drassanes, que empezará en enero.