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Dos municipios metropolitanos ensayan nuevas fórmulas de participación vecinal

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CARLES COLS / BARCELONA

Hay que acercar la política a los ciudadanos, abrir las puertas de las instituciones, fomentar la democracia participativa... Sí, tiene algo de letanía, de oración repetitiva pero jamás satisfecha. Pero aunque con cuentagotas, llega. Santa Coloma de Gramenet, municipio que aún guarda fresca en la memoria la detención de su penúltimo alcalde, y Gavà, donde la actual alcaldesa lleva menos de nueve meses en el cargo y es aún una desconocida para muchos de sus convecinos, han decidido avanzar con diferentes fórmulas en esa línea de implicar a los ciudadanos en la toma de decisiones, en no limitar su participación a una votación cada cuatro años.

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Es cierto que Barcelona ensayó con un estrepitoso fracaso esa fórmula. Fue en mayo del 2010. Se invitó a los barceloneses a elegir qué reforma preferían para la Diagonal. De aquel fiasco Gavà ha aprendido, por ejemplo, que hay que comenzar de un modo más humilde, no preguntar a los vecinos por un proyecto mayúsculo, tal vez para el que se requieren conocimientos casi de urbanismo, y recabar mejor su opinión sobre aquello que conocen mucho mejor, su barrio, con sus defectos y virtudes.

Las experiencias de Santa Coloma y Gavà son distintas. Las dos, eso sí, dignas de un seguimiento.