El abuelo de todas las manifestaciones

A sus 67 años, Pere Cuadrado participa en todas las protestas de los colectivos sociales de BCN

La Guardia Urbana le ha multado con 3.000 € por protestar con un megáfono contra un desahucio

Contra la subida del precio del transporte 3 Acción en el metro de Arc de Triomf, disfrazados de banqueros y de policía.

Contra la subida del precio del transporte 3 Acción en el metro de Arc de Triomf, disfrazados de banqueros y de policía. / ARCHIVO / PEPE ENCINAS

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HELENA LÓPEZ / BARCELONA

Su rostro y su bastón son inconfundibles. Nunca o casi nunca falla. Y eso se nota. Todos o casi todos los que también están siempre o casi siempre (la mayoría hijos del 15-M) le saludan cariñosamente. «¡Hola, Pere!» «Pere, ¿qué tal?» «Pere, ¡ya me he enterado de lo de la multa!» Quienes le abrazaban, el miércoles, eran las jóvenes que desayunaban frente al Macba, en un descanso en la jornada de protesta feminista, pero se repite casi a diario en cualquier protesta callejera «por una causa justa» en la ciudad. La multa a la que se refieren es la que le ha impuesto la Guardia Urbana «por infracción de la ordenanza municipal de medidas para fomentar y garantizar la convivencia ciudadana en el espacio público», por estar «entre dos y tres horas» ante la sede del distrito de Sants «efectuando -reza la denuncia- cánticos y gritos de consignas reivindicativas, utilizando un amplificador de gran potencia, perturbando el descanso y la tranquilidad de los vecinos».

El motivo que el pasado 24 de julio empujó a Pere Cuadrado hombre a pasar «entre dos y tres horas» de pie en la calle, acarreando su bastón y sus 67 años, fue el cuarto intento de desahucio, aquella mañana, de Irene y sus tres hijos de 14, 7 y 4 años en la Zona Franca, barrio con el que tiene una gran vinculación, ya que vivió allí muchos años. Recuerda con detalle el día en el que colocaron la primera piedra del primer ambulatorio del barrio, tras dos años de movilizaciones. «Aspiro a una Barcelona diferente, a la justicia social. Antes y ahora», explica el hombre. Antes, de joven, luchaba por su barrio. «No solo por el ambulatorio, lo peleamos todo; menuda batalla contra la incineradora», recuerda. Cuando trabajaba en el metal («me quedé en fresador, los sindicalistas no prosperábamos»), por los derechos laborales; contra el franquismo, por lo que pasó por la cárcel más de una vez; y ahora, ya jubilado y vecino desde hace años del Raval, lo sigue haciendo incluso con más empeño.

Siempre presente

En los últimos años resulta realmente extraño no encontrarle en cualquier protesta. Contra los recortes sociales, contra los desahucios, contra la reforma de las pensiones, en la Ciutat de la Justícia en apoyo a los detenidos durante las huelgas generales, contra la subida de las tarifas del transporte público... «Los policías me conocen. Me saludan. El día de las multas no me identificaron, pero claro, tampoco hacía falta, sabían perfectamente quién soy, porque no me escondo», cuenta. Habla de las multas, en plural, porque le cayó más de una en la misma concentración. Por causar ruido -la citada- y por «no atender un requerimiento de la autoridad».

Los agentes le advirtieron «en dos ocasiones porque estaba molestando con un aparato amplificador con una actitud provocadora delante de los policías; causó molestias a las personas que trabajaban en la oficina de atención ciudadana, en los bajos del edificio, y a los usuarios del servicio», indican fuentes municipales.

El denunciado, testigos presenciales y las imágenes -la primera que ilustra este reportaje, cedida por la PAH-muestran a Pere empuñando un megáfono de los de toda la vida. Sobre la actitud provocadora que le atribuyen los agentes, el hombre asiente sonriente. «Por supuesto que me dijeron que me fuera y no me fui. Estaban los compañeros arriba negociando un alquiler social», explica el hombre, quien nunca duda en ponerse delante de los jóvenes cuando la policía carga en las manifestaciones. Lo hace, dice, para protegerles: «Ellos son el futuro. Yo ya soy viejo, no tengo miedo».

Acualquier hora

«Él cuida de nosotros y nosotros de él. Pere es un referente de lucha», asegura Mònica, miembro del colectivo Fotomovimiento, grupo de activistas forjado en la plaza de Catalunya durante el 15-M, que sigue, fotografía y difunde por las redes las protestas sociales de la ciudad. «Le llamas a las once de la noche y se levanta de la cama y viene», explica la joven refiriéndose a una protesta, el jueves por la noche, contra otro desahucio. Sobre cómo lleva esa plena disponibilidad a la lucha, su compañera sentimental y sus hijos -tiene tres hijos y cuatro nietos-, Pere dice que bien: «Están acostumbrados, he sido así siempre».

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Pere llegó a Barcelona con su familia a los dos años. «Llegamos de Almería y fuimos directamente a Las Misiones, en Montjuïc, como todos. Yo formo parte de los otros catalanes de Candel», explica el hombre, quien guarda y comparte muchos recuerdos de aquella época. «Viví después en las casa baratas de Eduard Aunós, de ahí mi vinculación con la familia de Irene, a la que intentaron desahuciar por cuarta vez el día de las multas», prosigue el hombre, quien muestra un recorte de este diario con una fotografía de la visita del alcalde franquista Enric Massó a las barracas de Can Tunis, en 1974. «Fui presidente de la asociación de vecinos», evoca.

Habla sentado en el escalón frente al Macba, frente al grupo de jóvenes. Anda lento y con bastón, pero sin miedo. Siempre con el móvil en el bolsillo, por si le necesitan en algún sitio. «Yo no veo las convocatorias por internet, a mí me avisan», concluye. Y vaya si le avisan.