El corazón de Tuset Street

El edificio David de Aribau, firma que cumple un siglo, tuvo su gloria en los 60 y 70 con el drugstore

El inmueble simboliza la transformación del comercio con un gimnasio y un supermercado

La planta octava del edificio David está repleta de despachos.

La planta octava del edificio David está repleta de despachos. / RICARD CUGAT

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CRISTINA SAVALL / BARCELONA

La Barcelona de los años 60 no se entiende sin Tuset Street, que entonces se reflejaba en el espejo de la peatonal e influyente Carnaby Sreet de Londres, el epicentro del movimiento pop y de las primeras minifaldas. Justo al lado de la calle barcelonesa se alza el gigantesco edificio David, que en esos años fue añadiendo locales y pasillos que lo conectaban con su casa madre construida en 1931 en la paralela calle de Aribau. Por ello ahora cuenta con tres accesos en una misma manzana: uno por Aribau, otro por la Travessera de Gràcia y el más pequeño por Tuset.

La empresa David, que ayer celebró el centenario de su fundación, gestiona en ese enclave una extensión de 40.000 metros cuadrados con 100 oficinas, platós de fotografía, empresas de diseño y de arquitectura, el centro de yoga del gimnasio Dir, el primer supermercado que abrió Mercadona en Barcelona, un centro de galerías comerciales, la discoteca Costa Este y un párking, de los más antiguos de la ciudad. Es una alegoría de la transformación del tejido comercial barcelonés: de pequeñas tiendas a grandes superficies de marcas que se reproducen como fotocopias.

NEOCLÁSICO / David nació en 1914 como fábrica automovilística. Al crecer en 1931 especializada en taxis, sus propietarios encargaron al arquitecto Ignasi Mas un edificio de estilo neoclásico inspirado en la escuela de Chicago. El inmueble vivió su época dorada en las décadas de los 60 y de los 70, cuando cobijó el drugstore David, que siempre permanecía abierto y al que llegaban discos de importación difíciles de encontrar.

Juan Brun entró a trabajar en 1965 en el departamento de administración de David. «Fueron años de un trabajo frenético», cuenta Brun, que en 1970 fue nombrado apoderado. «Las seis plantas que en su día alojaron la flota de taxis, se parcelaron en locales que iban de 5 a 600 metros cuadrados». Uno de esos espacios fue alquilado por el fotógrafo Xavier Miserachs. «Allí fue donde realizó el famoso retrato de la modelo Teresa Gimpera desnuda con el cuerpo estampado con sellos de Bocaccio», dice en referencia a la desa-

parecida discoteca de Oriol Regàs de la calle de Muntaner, donde las mujeres bailaron por primera vez solas y sin sujetador. Allí y en otros locales de Tuset se reunía la gauche divine, el grupo de intelectuales y de artistas transgresores y noctámbulos que nadaban a contracorriente en los grises días de la última etapa del franquismo. «Subía con mi 600 por la rampa que llevaba al viejo taller de taxis, donde tenía el estudio Miserachs», recuerda Gimpera, que no olvida sus días en el Stork Club, de las cercanas galerías Arcàdia, el bar en el que ella se encontraba con Regàs, el cineasta Carlos DuránMiserachsColita y Oriol Maspons.

En esos años el edificio reunía todo tipo de iniciativas empresariales. «Ese movimiento es el que dio vida a la calle de Tuset. En David había desde el local de balanzas Berkel, la casa Dávila, dedicada a material eléctrico, el despacho comercial de neumáticos Pirelli, la sede de la Confederación Hidrográfica del Pirineo Oriental o la fábrica de velas de barco Baguña, hasta un local donde se preparaba el substrato para poder criar champiñones», enumera Brun, que se acuerda de un sobrino de Pau Casals que regentaba una empresa de protectores de plásticos para muebles.

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Xavier Trias, alcalde de Barcelona, describe esos días como «una época gloriosa en la que todos estábamos profundamente enamorados de Gimpera». Trias acudió ayer a la celebración del centenario alabando la rampa que asciende ocho pisos por la que subió a pie. «Eso se hizo en 1931. Increíble», comentó.

Cerca de la entrada de Tuset se encontraba una tienda del realizador Leopoldo Pomés, la agencia publicitaria Tiempo y el restaurante del propio Pomés, Flash-Flash de La Granada, con interiorismo de Alfonso Milà y de Federico Correa, uno de los pocos que ha ganado la batalla del tiempo. También se hallaba la Cova del Drac, la editorial Blume, los bares Ischia y el Doblón, que después fue el Pub Tuset, donde se juntaban los directores de la Escuela de Barcelona, como Joaquim Jordà Jacinto Esteva.