01 jun 2020

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TENSIÓN EN LA FRONTERA METROPOLITANA

Marcha atrás en la Mina

El consorcio institucional del barrio renuncia a demoler el denostado edificio de Venus

Los vecinos del bloque desaprueban el cambio de rumbo de la administración

CARLES COLS / BARCELONA

Unas decenas de vecinos de La Mina, pocos pero muy enfadados, cruzaron ayer la frontera imaginaria del término municipal de Sant Adrià y se manifestaron frente a la sede central de la Conselleria de Benestar Social i Família, que les queda a dos pasos de casa, en el corazón del la city del Fòrum. Son los 'venusianos', los inquilinos de ese edificio de la calle de Venus que casi icónicamente, por su fea arquitectura y porque demasiadas veces ha salido en las noticias de sucesos, representa en el conjunto del área metropolitana lo peor del urbanismo del tardofranquismo. Piden algo que las administraciones públicas rechazan rotundamente conceder. Pisos nuevos por cero euros. El bufete de abogados Col·lectiu Ronda, que se ha hecho cargo de su caso, asegura que tienen derecho a ello. Parece un caso encallado. Pero no es cierto. Avanza, pero, según se mire, marcha atrás.

El conflicto anda más enconado de lo habitual a raíz de un anuncio que el pasado 1 de julio hizo público el Consorcio de la Mina y que, tal vez, pasó parcialmente desapercibido para el público en general, pero no para los vecinos de la zona. «El Consorcio de la Mina propone la rehabilitación del edificio Venus de Sant Adrià sin coste para los vecinos». Ese era el título de la nota oficial de aquel día. Se anunció que se invertiría un millón y medio de euros en remozar la finca. Había que ir hasta el octavo párrafo de la nota, no obstante, para encontrar lo que, en cierto modo, era la verdadera noticia. A la vista de que algunos vecinos no podían pagar los 34.000 euros que se les pide por los pisos nuevos y que otros prefieren quedarse en Venus, el consorcio creía oportuno desafectar urbanísticamente ese edificio, es decir, renunciar a su mil veces prometida demolición, que por cierto siempre se había planteado como la única y verdadera solución al problema social de drogas, indigencia delincuencia que se esconde en algunos pisos de esa enorme finca.

Aunque a tiro de piedra del Fòrum y de Diagonal Mar, aquella es una zona que pocos visitan y de la que conviene saber un par de cosas más para comprender mejor lo que está en juego. Ahí está la Mina de siempre, la que muchos prefieren ver por la tele y, con una buena dosis de sentido común, no visitar, y menos de noche. Pero a solo un paso (basta con cruzar la avenida Manuel Fernández Márquez) está el nuevo barrio de la Mina, un lugar insólito, urbanísticamente impecable, tanto que justo antes de que estallara la burbuja inmobiliaria se pagaba por un piso nuevo, con piscina comunitaria, trastero y plaza de párking, hasta 400.000 euros. En ese barrio de nueva planta, el Consorcio de la Mina se reservó siete fincas para realojar a los vecinos del edificio Venus. Los 34.000 euros que se les pide por ellos (a pagar durante 25 años con mensualidades de 150 euros) parecen un regalo. Pero los destinatarios de esos pisos aseguran que ni siquiera pueden asumir ese desembolso, y menos aún si el Co·lectiu Ronda les convence de que deberían obtenerlos gratis.

EL AEROPUERTO DE SANT ADRIÀ

En verdad, de las siete fincas una ya está ocupada, pues 47 familias sí aceptaron las condiciones y se mudaron. Las seis restantes son a las que hay que prestar atención. Son algo así como el equivalente local del aeropuerto de Castellón, en Sant Adrià del Besòs. Están acabadas desde hace tres años y desde entonces permanecen como conservadas en ámbar, inmaculadas, ya que un clarísimo cartel, «Tío Curro Lisardo», advierte de que allí no entra nadie aunque no haya vigilantes de seguridad.

El problema es que la Mina más nueva, la de los pisos por 400.000 euros, es muy joven, pero está sufriendo un silencioso y rápido proceso de envejecimiento. Algunos vecinos ya pidieron al ayuntamiento que retirara los bancos públicos de la calle porque, aunque estupendos en su diseño, de noche se llenaban de yonkis. Total, que algunos vecinos aún se mueven para que el barrio no se degrade y otros han optado por buscar otra zona más amable donde vivir y han puesto su piso en alquiler, a precios cada vez más económicos. Es un pez que se muerde la cola. La puntilla, desde la perspectiva de esos vecinos, sería que finalmente se ejecutara el traslado de los inquilinos de Venus a las seis fincas vacías de la nueva Mina. Temen que sería trasladar un conflicto social de una calle a otra, pero no resolver el problema de fondo. Para ellos, que el Consorcio de la Mina haya reorientado su estrategia y decida finalmente mantener en pie esa postal del chabolismo vertical hasta es una buena noticia.

A la hora de la verdad, el consorcio no oculta que tiene pretendientes para esos pisos que hoy protege el inquietante Tío Curro. El próximo año está previsto que entre en funcionamiento el campus universitario del Besòs, allí mismo, justo al otro lado de la ronda Litoral. Estudiantes y profesores podrían habitar parte de esos apartamentos.

LA MARCA BARCELONA

 Ayer, Josep Maria Monferrer, portavoz de la Plataforma de Entidades y Vecinos de la Mina, acompañó a los residentes del edificio Venus a su protesta frente a la Conselleria de Benestar Social i Família. Es un hombre con el que da gusto hablar, poco dado a las estridencias y, según dicen, prudente siempre en sus afirmaciones. Él vive en el barrio desde 1974. Reconoce que se ha invertido mucho en ese trastero metropolitano. Pero cree ahora que la marcha atrás sobre el proyecto inicial del edificio Venus es sospechosa, que se prefiere confinar el conflicto allí donde ya está y no arriesgar con traslados de incierto resultado, «seguramente por no dañar aquello que algunos llaman la marca Barcelona». Es solo una opinión. Ayer se expresó en la calle.