Fenómeno en la capital catalana

Temporada alta en el solar

La recuperación por parte de los ciudadanos de terrenos abandonados en Barcelona está en auge

El consistorio ha cedido la gestión de 12 solares y otros tantos han sido 'okupados' por vecinos

Unas vecinas cocinan dos paellas en el solar de Germanetes, en el Eixample.

Unas vecinas cocinan dos paellas en el solar de Germanetes, en el Eixample. / DANNY CAMINAL

3
Se lee en minutos
HELENA LÓPEZ
BARCELONA

En realidad se trata de algo tan antiguo como la vida. Compartir lo mucho o poco que tiene cada uno para que todos ganen. Unos tienen un secreto para que los tomates crezcan lozanos y brillantes; otros, línea directa con un taller que les facilita todos los palés que puedan necesitar; otros, aquella herramienta que tanto les cuesta encontrar a algunos. Y así uno a uno. La idea de Encajes Urbanos es conformar una red de experiencias en torno a la reactivación de solares urbanos en Barcelona y crear una herramienta que permita localizarlos a todos y, sobre todo, compartir recursos. El taller en el que se empieza a tejer esta red se desarrolla en el contexto del séptimo encuentro del colectivo Arquitecturas Colectivas, celebrado la semana pasada en Barcelona bajo el lema La ciudad se vive, no se vende.

La cuestión es trabajar la idea de «ciudad común» a partir de las numerosas experiencias de solares vacíos convertidos en espacios comunitarios de gestión ciudadana que existen en Barcelona. Solo dentro del Pla Buits, impulsado por el Ayuntamiento de Barcelona, hay 12, con presencia en prácticamente todos los distritos. Aparte de esa docena -solares municipales vacíos donde a corto plazo no se prevé construir o darles un uso definitivo— existen otros, abandonados, donde han sido los vecinos los que los han tomado; la mayoría son solares privados vacíos okupados. Entre todos ellos, trabajan en la formación de lo que han denominado su particular Sistema Solar.

Lo importante de estos espacios recuperados, en los que se hacen desde charlas, cine al fresco, conciertos o fiestas infantiles, es lo comunitario. «Huertos hay muchos, lo importante aquí es que se crean espacios comunes. Muchas veces se acerca gente a los solares a preguntar qué hay que hacer para lograr una parcela y les tenemos que explicar que no, que esto no va de parcelas sino de huertos comunitarios. Aún estamos lejos de la Guerrilla Gardening [Jardinería de guerrilla, un movimiento que nació en Londres]», explica Elena Climent, de Encajes Urbanos y una de las impulsoras del proyecto Sistema Solar.

EL PROBLEMA DE LOS ROBOS / Tania Magro, otra de las promotoras, muy implicada en el solar de Germanetes (en el Eixample), explica que nada más empezar el taller el pasado martes se dieron cuenta de su utilidad. «Ahora tenemos que analizar los puertos fuertes y débiles que nos han planteado desde los diferentes solares y ver qué herramienta es mejor para ponerlo todo en común», explica Magro, quien detalla que el punto débil más nombrado desde estos espacios son los robos.

Otro de los asuntos que preocupa a los dinamizadores de los distintos solares es la financiación. El Pla Buits ofrecería el solar limpio y las llaves por tres años, pero ellos tenían que espabilarse para lograr los recursos. La capacidad para generar ingresos depende mucho del perfil del grupo gestor de cada solar, y compartir esos conocimientos -cómo se lo hacen algunos para generar recursos-es otro de los objetivos en los que trabaja ese Sistema Solar.

Noticias relacionadas

AMOR POR LA AUTOGESTIÓN / Laia Torras, directora de Participación de Hábitat Urbano y madre del Pla Buits -que va en la línea del «amor por la autogestión» que proclama el alcalde Trias-, explica que se trata de una experiencia pionera y que administración y entidades van «aprendiendo juntas». «Estamos viendo cómo lo hacemos para que las entidades que gestionan los espacios no tengan que pagar la factura normal, ya que la mayoría tienen huerto, y consumen mucha agua», apunta Torras.

Otra de las características de estos espacios es que muchos de ellos tienen una importante vertiente social, como el Biciparck de la calle de Numància -aparcamiento vigilado de bicis, donde trabaja uno de los subsaharianos salidos de las naves del Poblenou- y La Ferroviària, gestionado por la asociación de vecinos de La Sagrera, que han creado un huerto que trabajan, juntos, internos del CRAE y de una residencia de ancianos.