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Impulso en la reconstrucción del pasado de la ciudad

Un mito por 11.980 euros

El ayuntamiento de la ciudad adquiere en una subasta una moneda acuñada en la sala de partos del nacimiento de Catalunya, durante el reinado de Luis el Piadoso, hijo de Carlomagno

C. C.
BARCELONA

LA ADQUISICIÓN3 Barcinona, en la cara, y el nombre de Ludovico en la cruz, en un gran estado de conservación.

LA ADQUISICIÓN3 Barcinona, en la cara, y el nombre de Ludovico en la cruz, en un gran estado de conservación.

El Ayuntamiento de Barcelona, que dispone de un fondo anual de 200.000 euros para comprar arte, pujó el pasado 24 de abril para adquirir lo que Albert Estrada, responsable del Gabinete de Numismática de Catalunya, calificó ayer de «una pieza mítica». ¡Caray!, descrita así, esta moneda carolingia acuñada entre el año 814 y el 840 hasta salió barata. Se la adjudicó por 11.980 euros. La ciudad pasó a poseer así de repente un retazo indispensable de su pasado. Tanto es así que esa minúscula moneda será una de las piezas seleccionadas para la gran exposición que cara al 2015 prepara el Museu d'Història de Barcelona (Muhba) con el propósito de explicar qué es esta ciudad a través de 100 tesoros expuestos en vitrinas.

El concejal de Cultura, Jaume Ciurana, presentó ayer en sociedad la moneda. Pesa solo 1,55 gramos y mide 21 milímetros, es requetechiquitina, pero su valor es que pasó de mano en mano cuando, desde la perspectiva del nacionalismo catalán, se comenzó históricamente a engendrar Catalunya.

Por situar brevemente las cosas, en el año 801, Ludovico Pio o, si se prefiere, Luis el Piadoso (su biografía sugiere que el apodo le venía algo grande), hijo de Carlomagno, le arrebató la actual Barcelona a los árabes y la incorporó a la Marca Hispánica, la frontera sur de la Unión Europea de la época. Barcinona, que así se llamaba entonces la ciudad, era ya una urbe importante, lo suficiente como para que fuera una de las 40 ciudades autorizadas a acuñar monedas.

Solo hay nueve

La pieza adquirida en subasta es una de las nueve que se conservan en el mundo con el nombre de Ludovico alrededor de una cruz y el nombre de la ciudad, Barcinona, en el anverso. Es una rareza porque la numismática carolingia duró lo que duró. El imperio (ya se sabe, las peleas por  herencias son más tremendas cuanto mayor es el botín) comenzó a disgregarse y, por ejemplo en Barcelona, el derecho de acuñar monedas pasó a manos del obispado con permiso del sucesor de Ludovico, su hijo Carlos el Calvo, al que parece que el apodo sí que le hacía justicia, pero afortunadamente para él la corona se lo disimulaba.

Que esa minúscula moneda de Ludovico comprada ahora por casi 12.000 euros (comisiones incluidas) haya sobrevivido tantos siglos tiene su mérito. Primero, porque entonces, como ahora en cualquier país con moneda propia y rey, cuando fallecía el monarca se recogían todas las monedas, se fundían y se acuñaban las nuevas piezas, con la imagen del sucesor. Esta se salvó. No solo eso, sobrevivió al saqueo posterior de la ciudad por parte de Almanzor en el 985 y, de algún modo, alguien le dio algún valor, sentimental o no, quién sabe, cuando a partir de Ramon Borrell Barcelona tuvo ya por fin su propia moneda.

El primer registro de la existencia de la pieza en un catálogo de coleccionista se remonta al siglo XIX. Formaba parte del patrimonio de la familia de banqueros Vidal-Quadras. Debería ser una de las joyas más apreciadas, no solo por su antigüedad, sino porque, además, su estado de conservación es realmente muy bueno.

A finales del siglo XIX, sin embargo, su pista volvió a perderse hasta que hace cuatro años apareció en un catálogo de una casa de subastas. Estrada se emocionó, pero, ¿qué hacer? Se dirigió al Ayuntamiento de Barcelona y encontró más comprensión de la que al parecer presuponía. La compra se ejecutó el pasado 24 de abril. Fue un día, no obstante, agridulce. Ciurana explicó ayer que los responsables municipales le echaron el ojo también a otra moneda, en este caso del propio Carlomagno. Se la llevó un mejor postor. Lástima. Hubiera lucido bien maja en la colección del Gabinete de Numismática de Catalunya, lo cual tendría mérito, porque está formado por más de 136.000 monedas. Una más, con la de Ludivico.