Cambios y debates sobre la Barcelona antigua

Barcino se sale de sus murallas

La urbe romana era mayor de lo que se creía hasta ahora, según los últimos estudios

Dos investigadores plantean una nueva ubicación para el templo y para el foro

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ERNEST ALÓS
BARCELONA

quien consulte una guía sobre la ciudad, visite el Museu d'Història de la Ciutat o recuerde lo que aprendió hace años en libros como Barcelona pam a pam, de Alexandre Cirici, pensará en Barcino, la Barcelona romana, como una pequeña ciudad oval de unos mil habitantes ceñida por unas impresionantes murallas con torres, en medio de campos, con dos acueductos, sin puerto...  Sin embargo, el estudio de Barcino está, en esta última década, en plena ebullición. Los investigadores ven ahora la ciudad amurallada solo como el centro monumental y de poder de una ciudad más extensa, con suburbios y grandes villas, algunas, como las de la Sagrera, tan extensas como la misma urbe. Ha aparecido un posible muelle cerca de la calle Ample; los dos acueductos podrían ser uno;  son ya tres las termas públicas halladas;  el impulso municipal al Pla Barcino  ha reactivado la actividad de excavación, investigación, transparencia  y difusión;  el segundo promontorio de la ciudad, Sant Just, empieza a mostrar sus secretos... La pequeña capital de un próspero territorio vinícola es más grande, potente y compleja de lo que se creía  (sin llegar ni por asomo al esplendor de la capital Tarraco, por supuesto).

GIRO DE 90º/ Pero además, desde hace unas semanas, la hipótesis de dos jóvenes investigadores que proponen alterar la orientación y proporciones del templo de Augusto, y con ellas la del foro y toda la configuración del interior de la ciudad, ha animado aún más el debate. Los arqueólogos Héctor Orengo y Ada Cortés publicaron en enero un artículo en la revista Oxford Journal of Archaeology, que sometieron a discusión en el Museu de Història de la Ciutat. En él plantean que la tradicional reconstrucción del templo de la colonia romana (mirando a un foro que estaría, a sus pies, en torno a la plaza de Sant Jaume), que se ha repetido sin apenas cambios desde que Antoni Celles la definiera en 1835, es, explica Orengo, «incorrecta».

Para empezar, consideran que las supuestas excavaciones que, según Celles, explicaban cómo proseguía la traza del templo más allá de las seis columnas que entonces se conservaban, son inverosímiles ya que supuestamente se practicaron en lugares inaccesibles, o donde un sótano ya había eliminado cualquier posible resto. «Decide cómo tenía que ser el templo, excava para confirmarlo y dice que todo lo que tenía que encontrar lo encuentra», expone, escéptico, Orengo.

En su artículo, en cambio, Cortés y Orengo parten para fundamentar su propuesta de un dibujo de esas mismas seis columnas, hecho en 1595, por el erudito Jeroni Pujades: muestra las bases de otras cuatro columnas que mostrarían que el templo estaría orientado hacia la catedral (aunque, propone Pujades, con la fachada de cara a Llibreteria). Sin embargo, de su texto se puede interpretar tanto que las dibujó del natural como que son una especulación. Que únicamente, como dice Pujades, «a lley de arquitectura se deixa entendre las hi avia de aver, pera perfeccio de la obra».

DEBATE ABIERTO / Ese, con todo, no es el único punto abierto a debate sobre el artículo. «Más importante es que la distancia entre las columnas que según Celles son las laterales es mayor que en las otras. Y en la arquitectura romana eso debe suceder en las fachadas», alega Orengo. De considerar que el lado Este del templo es, en cambio, su fachada trasera, resulta un templo, en la nueva propuesta, más cercano a la proporción áurea, «en lugar de un templo demasiado alargado y estrecho», y más parecido a otros como los de Mérida y Évora.

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Un planteamiento que rebate la conservadora jefa del conjunto del subsuelo de la plaza del Rei, Julia Beltrán de Heredia, quien considera que el templo planteado tradicionalmente sí tiene paralelos, y que la mayor distancia entre columnas solo se produce ante la puerta del templo. Sin embargo, Cortés y Orengo añaden otro argumento. Dos excavaciones en los números 5 y 12 de la calle Paradís muestran un muro y un fragmento de estanque que encajarían con el nuevo templo propuesto. «Hay datos arqueológicos que no se han considerado, como los de las excavaciones bajo la capilla de Santa Bàrbara de la catedral, y en cambio a partir de dos intervenciones muy pequeñas se ha querido extraer una interpretación muy amplia», responde Beltrán de Heredia, quien añade que la topografía del monte Taber no deja espacio para el posible templo romano planteado ahora, a no ser que quedase suspendido en el vacío.

El debate aún se puede complicar más: Ramon Grau, responsable del Seminario de Historia de Barcelona, abierto a considerar el giro de 90º del templo, pregunta por qué no podría estar su fachada mirando al mar (como propuso por cierto Pujades),  con la estatua de la deidad mirando a Levante, como mandan los cánones, a la puerta monumental de la fachada marítima y al promontorio de Sant Just, formando aún un tercer posible foro. «Si ha de cambiar algo, ha de ser mirando al sur, a Sant Just», plantea Beltrán de Heredia. «Si te acercas a Barcelona por tierra, si el templo mira a montaña entonces lo ves de cara», alega Orengo. Aunque admite que a la fachada marítima de la ciudad romana se le está reconociendo cada vez más importancia. El debate sigue abierto.