29 mar 2020

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La opinión

Cinco años sin Rubianes

LAS VIUDAS DE PEPE

El 1 de marzo se cumplen cinco años de la muerte de Pepe Rubianes, actor y monologuista singular que ha dejado una huella imborrable en todos aquellos que tuvimos la suerte de conocerle y disfrutar de su particular manera de hacer teatro. ¿Cinco años ya? Parece que no haga tanto tiempo. Esto sucede porque la velocidad con la que transcurre la vida es vertiginosa, pero también porque los que lo quisimos y admiramos nos da la impresión de que su recuerdo y el eco de las risas que provocaba no se ha desvanecido. Todavía está muy presente. Soy testigo de la cantidad de veces que, cenando con él, se acercaba alguien para conversar, comentar algún suceso de la actualidad, compartir una referencia al sexo, el amor o la pareja (que junto con la política era su tema predilecto). Y esto ocurría porque el pueblo veía en él a alguien que formaba parte de su vida, alguien que, con el descaro del bufón, osaba espetarle a los poderosos y a los intransigentes (agrupados según su terminología en el apartado fachas) las insolencias, las burlas y los zarpazos verbales que todos deseábamos que alguien dijera.

Nos encarnaba con su gracia y su mala leche. Y esto sigue plenamente vigente. Cuántas veces me habrán comentado a lo largo de estos años: «Ay, si Pepe estuviera aquí, presenciando el lamentable espectáculo de la corrupción, los abusos del poder político y financiero, la crueldad despótica con la que se ordenan los desahucios, el horror de hurtar el derecho de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo». Hay un acento desolado en los espectadores que nos hemos quedado sin Pepe: él habría puesto en su lugar a toda esta patulea de malhechores, chorizos e irresponsables y, a golpe de carcajada, los habría hecho caer en el abismo del ridículo de donde nunca debieron salir.

¡Cómo nos reiríamos de ellos si Pepe estuviera aquí! Porque, a diferencia de la inmensa mayoría de humoristas del país, de monologuistas de stand-up comedy televisiva que extraen su humor de las costumbres y los tópicos más sudados, Pepe tenía una mirada extremadamente cívica sobre sus contemporáneos. Emitía un juicio político sobre todo lo que veía, y opinaba sin rodeos, con una fuerza cómica que los dioses le habían regalado y que él ofrecía sin ningún tipo de avaricia, a manos llenas. Él no soportaba a los humoristas que se declaraban «apolíticos». Creía que nadie tiene derecho a quedarse cómodamente instalado fuera de la realidad de cada día y que, quien lo hace, es un ignorante o un cínico.

Con motivo del quinto aniversario de su muerte, la gente de EL PERIÓDICO quiere reavivar la demanda popular, que surgió a raíz de su muerte, de dar su nombre a una calle de Barcelona. Un grupo de amigos y amigas íntimos de Pepe ya hicimos una escenificación de esta demanda cuando se cumplía el primer año de su fallecimiento, pegando encima de los letreros de la calle del Almirall Cervera una pegatina del mismo tamaño y formato con el nombre de Pepe Rubianes, actor galaico-català. Los rótulos se mantuvieron algunos días, hasta que el ayuntamiento los retiró. Ahora, transcurridos los cinco años protocolarios que se piden para dedicar una calle a alguien, somos muchos los que nos sumamos a la campaña y pedimos que el alcalde Trias haga realidad lo que el alcalde Hereu prometió en su momento. Una CALLE DE PEPE RUBIANES haría una Barcelona más simpática, más atrevida y más comprometida con el teatro y sus mitos. A él ya le da igual que su amada Barcelona le dedique o no una calle. La calle nos la debemos a nosotros, los que le admirábamos; los que queremos que nuestra ciudad le devuelva una chispa de la alegría que él le regaló.

El colectivo Las Viudas de Pepe lo componen Joan Manel Serrat, Joan Gràcia, Joan Lluís Bozzo, María Rosales, Carles Flavià, Pep Molina, Lucila Aguilera, Manel Pousa y Josep Parramon.