Historias de supervivencia en el distrito obrero de Nou Barris

Un barrio de acogida

Can Peguera cuenta con la particularidad de tener casi un 100% de vivienda protegida, con lo que recibe a familias sin recursos de toda la ciudad

Los vecinos preparan un comedor social

Con historia 8 Domitila y Houari, el menor de sus cuatro hijos, en las escaleras del centro cívico, el jueves.

Con historia 8 Domitila y Houari, el menor de sus cuatro hijos, en las escaleras del centro cívico, el jueves. / ALBERT BERTRAN

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HELENA LÓPEZ / Barcelona

Domitila acaba de cumplir 29 años. No tiene trabajo y es madre de cuatro hijos: Sheima, de 9 años, Ahmed, de 8, Adam, de 5, y Houari, de 2. Nació en el cercano barrio de El Clot, y hace cinco años que vive en Can Peguera, los mismos que hace que la desahuciaron del piso de alquiler en el que vivían cuando tanto su marido, camarero, como ella, cajera, se quedaron sin trabajo. No han encontrado empleo desde entonces. En la calle y con tres niños pequeños -acababan de tener a Adam cuando sucedió- los servicios sociales del Ayuntamiento de Barcelona les recolocaron en un piso social de Can Peguera, barrio con la peculiaridad de tener prácticamente un 100% de vivienda pública. «Somos un barrio de viviendas sociales y estamos muy orgullosos de ello. Queremos seguir siéndolo, pero eso implica que tenemos unos niveles de pobreza altos y la Administración debe responder», explica Pep Ortiz, presidente de la Associació de Veïns de Can Peguera, cuya renta familiar está en 53,1 cuando la media de la ciudad es de 100.

La solidaridad vecinal es lo único que sostiene lo insostenible. Situaciones como la de Domitila, con unos ingresos de 640 euros para una familia de seis personas. «El mes pasado nos cortaron el gas y cocino gracias a un cocinilla eléctrica que me dio una vecina», prosigue la madre, quien hace milagros con el pack de alimentación de la UE que cada mes recoge en la iglesia del barrio.

«La situación de Domitila no es una excepción. En un año se ha doblado la lista de personas que acuden a buscar alimentos a la parroquia del barrio», apunta Ortiz, quien no entiende la escalada que han hecho en la clasificación de la distribución de la renta familiar de la ciudad (en el 2010 estaban en el último lugar). «Cada vez hay más familias que viven exclusivamente de la pensión de los abuelos, así que alguien me lo explique», prosigue Ortiz.

El tejido vecinal del barrio está ultimando un comedor social, que se prevé abrir en breve gracias a una subvención de 15.000 euros provinente del fondo de la huelga de funcionarios -la bolsa del dinero no pagado por la Administración a sus empleados en huelga se distribuye en proyectos sociales. «No se trata de crear un comedor social que estigmatice, sino todo lo contrario. Un punto de encuentro. Un espacio donde los usuarios también sean voluntarios del centro, que no se entienda como un lugar de caridad sino de recuperación de derechos», cuenta Ortiz, quien añade que ese servicio se ofrecerá en el espacio del actual casal de personas mayores, ya que dispone de cocina habilitada.

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En el contexto de fragilidad en el que se encuentran muchos vecinos, Can Peguera está en un momento histórico. Se está llevando a cabo un proceso participativo para redactar un plan de mejora que tiene como punto de partida el cambio de planeamiento del barrio y la desafectación del conjunto de casas históricas, que se convertirán en las únicas casas baratas que quedarán en pie -y protegidas- de la ciudad.

Fuentes municipales aseguran que, además de la tantas veces demandada desafectación, en el barrio se ha solucionado un problema histórico en el alcantarillado, en el que invirtieron 110.000 euros. Entre las actuaciones en el barrio, esas mismas fuentes destacan también la redacción del proyecto de reforma del casal infantil La Tronada, además de un «trabajo pormenorizado sobre las necesidades específicas del barrio».