PROYECTO DE INSERCIÓN

Fogones contra unas cifras de paro juvenil alarmantes

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El pasado viernes era el último día del taller y había nervios: les tocaba trabajar solos. El menú: croquetas caseras de entrante, puré de lentejas de primero, pescado de segundo, y helado y brownie de postre. Las caras y las sonrisas de satisfacción de los comensales hablaban por sí solas. Prueba superada. Ahora, a este grupo de chicos de 18 a 25 años de Ciutat Meridiana les toca hacer las prácticas en la empresa, en el mundo real. Son el séptimo grupo que participa en el proyecto Cruïna -juego de cruïlla y cuina-,

taller de (mucho más que) cocina que ofrece el Centre Crïlla, en la parroquia de Sant Bernat de Claravall, en un barrio en el que el paro entre los jóvenes asciende a un 80%.

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Los viernes son el día grande en el taller de cocina, ya que una sala de la parroquia se transforma en restaurante, y los jóvenes muestran lo aprendido durante la semana. Acuden a él, sobre todo, educadores de otros proyectos del barrio y del distrito, y personas de la parroquia. Con el dinero que recaudan del restaurante, pagan los alimentos para el taller. Con el sobrante, organizan excursiones para que los chicos salgan del barrio y se relacionen en otros espacios. Otras realidades. Este año han estado en Andorra.

Una vez finalizados los seis meses de clases en la parroquia -donde, además de cocina, aprenden lengua y matemáticas- ahora harán las prácticas fuera del barrio. En restaurantes de Gràcia, del Eixample, incluso en Manresa (Bages). El objetivo es romper la exclusión de los jóvenes del barrio desde la base, con formación y trabajo. Por eso han creado la Associació Xiula, una especie de ETT social en la que durante el 2013 se cerraron 271 contratos laborales (219 contratos a jóvenes y 52 a educadores). Chicos que han pasado por los talleres de Cruïlla son contratados para cáterings, para hacer mudanzas o para trabajar de monitores. Los 219 contratos a jóvenes se hicieron a 56 personas distintas.