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Proyecto sociológico y romántico en Sarrià-Sant Gervasi

Retrato a tamaño natural

Un músico polifacético fotografía en su casa a casi todas las familias del recóndito barrio de Mas Sauró

El proyecto es un estriptís sociológico de una zona de Barcelona de apasionantes historias olvidadas

CARLES COLS
BARCELONA

Una de las familias que conforman el barrio de Mas Sauró / ÀLEX LLOVET / Mas Sauró, Les Planes

Una de las familias que conforman el barrio de Mas Sauró
Una de las familias que conforman el barrio de Mas Sauró
Una de las familias que conforman el barrio de Mas Sauró
Una de las familias que conforman el barrio de Mas Sauró
Una de las familias que conforman el barrio de Mas Sauró
Una de las familias que conforman el barrio de Mas Sauró
Una de las familias que conforman el barrio de Mas Sauró
Una de las familias que conforman el barrio de Mas Sauró
Una de las familias que conforman el barrio de Mas Sauró
Una de las familias que conforman el barrio de Mas Sauró
Una de las familias que conforman el barrio de Mas Sauró
Una de las familias que conforman el barrio de Mas Sauró
Una de las familias que conforman el barrio de Mas Sauró
Una de las familias que conforman el barrio de Mas Sauró
Una de las familias que conforman el barrio de Mas Sauró

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A Àlex Llovet, el Profesor Manso del grupo musical The Pinker Tones, le queda solo medio paso para llegar a la cumbre de un proyecto que es una delicia contar. Decidió que quería fotografiar casa por casa a todas las familias de su barrio, Mas Sauró, uno de los rincones menos conocidos de Barcelona a pesar de que en el pasado sucedieron allí, en aquella ladera de Collserola, historias extraordinarias que desdichada e incomprensiblemente apenas se han novelado. Eso acrecienta, según se mire, el valor de esta aventura que ahora pretende publicar Llovet gracias a una campaña de micromecenazgo a través de  Verkami. Dejará en herencia para la ciudad un mapa humano inédito en los archivos cartográficos locales, una instantánea a tamaño natural de un barrio del que los recuerdos más ancianos, y eso es una lástima, son cada día más borrosos.

Mas Sauró es solo uno de los cinco barrios de Les Planes. Son apenas 160 casas. No hay dos iguales. Las hay que llevan la firma de un buen arquitecto, las hay vencidas por el paso del tiempo y Llovet asegura que hay incluso quien vive en una tienda tipi, como las de los indios americanos. Al final, decidió que las fotos fueran 140, como los caracteres de un tuit, como si el barrio decidiera darse a conocer al mundo a través de twitter. El titulo iba a ser en principio algún juego de palabras con esa red social como gancho, pero al final ha optado por un Querido vecino, (con coma incluida), que en verdad le hace justicia. En Mas Sauró, como en el resto de barrios de Les Planes, la gente conoce a su vecino inmediato, pero difícilmente al que está dos solares más allá. No hay un ascensor en el que coincidir y saludarse. Aquello es un pandemónium urbanístico. De ahí que en el libro que ultima Llovet será casi la primera vez en que se verán todos cara a cara. Como experimento, es bien curioso.

La suma de todas las fotos ofrece un mosaico heterogéneo difícil de hallar en otras partes de la ciudad. Quedan pocas familias de la primera generación de trabajadores que a principios del siglo XX se instalaron allí para calzar las vías del ferrocarril. Son muchos, en cambio, los herederos de la autoconstrucción de los años 60. Algunas de esas casas fueron después reformadas con gusto exquisito. Otras, lo mejor o lo único que tienen son las vistas. No a todas las familias les ha ido igual en la vida, y menos ahora con la crisis. Para ocasiones así se suele decir, de forma demasiado manida, que es un barrio extremadamente ecléctico. Es lo que tiene no estar en la Barcelona de la planicie, y eso que hace 100 años parecía que allí iba a cambiar el mundo.

La historia de Les Planes de Barcelona probablemente cambió de curso el 7 de mayo de 1915, cuando un submarino de la Marina Imperial de Alemania hundió el transatlántico RMS Lusitania frente a las costas de Irlanda. A bordo iba Frederick Stark Pearson, pionero estadounidense de la industria de la producción eléctrica, que pretendía unir Barcelona y París en tren y que imaginó un barrio residencial de estilo inglés junto a la que iba a ser una de las primeras estaciones de paso, Les Planes. Si alguien podía hacerlo era Pearson. Era el fundador de la compañía Barcelona Traction, Light and Power, que llegó a ser líder en producción eléctrica en Europa a principios de siglo. El Lusitania se hundió y el tren no llegó a París, pero el tramo inicial sí se hizo realidad, recuerda Xavier Moret, autor de un libro sobre aquel audaz ingeniero al que Barcelona terminó por dedicarle una avenida en Les Corts solo cinco días después de su trágica muerte.

LA GUERRA DEL FRANCÉS / Durante las obras de construcción del ferrocarril aparecieron bajo tierra armas de la guerra contra el francés. Al parecer las tropas napoleónicas sufrieron allí una emboscada muy termopiliana. Es una de esas aventuras aún no noveladas de este lugar. Como lo es también que, en el año 1917, llegó hasta Les Planes el rey Alfonso XIII para inaugurar el Elèctric, primer hotel de la ciudad que utilizó la electricidad en todos sus servicios. El borbón almorzó jabalí de Collserola, señal de que entonces, como ahora otra vez, el cerdo salvaje era el rey del sotobosque litoral.

Y una historia más que ha caído en el olvido es que en Les Planes a punto estuvo de edificarse el parque de atracciones que finalmente se levantó en la cima de la montaña del Tibidabo, pues en aquellos barrios hoy tranquilos y fuera de paso se inauguró en 1908 un trenecillo que fue toda una sensación, el Mina Grott, que a través de un túnel de 1,4 kilómetros llevaba a los viajeros hasta el embalse de Vallvidrera.

Recuerdos y más recuerdos, pero casi olvidados. Esa es tal vez la mayor riqueza que aporta Querido vecino, una iniciativa entusiasta y personal que ya le hubiera ido bien a Barcelona que se llevara a cabo justo antes de que la piqueta y la modernidad le cambiaran la cara a otros barrios, ya sea el Raval o el Poblenou.

Hay que reconocer, en cualquier caso, que no es un trabajo fácil. Es una labor que requiere mucha paciencia. En el caso de Llovet, un año con una cámara Hasselblad de los años 50 y un trípode al hombro. Nada de tecnología digital. Grano y no pixel. Película de laboratorio.

«La cámara era la excusa perfecta para romper el hielo e iniciar una conversación. El proceso de cargar la película en el chasis, situar el trípode, encuadrar y medir la luz es bastante lento, así que tuve tiempo en cada caso para impregnarme del lugar, de observar las dinámicas entre los miembros de la familia... A ellos, mientras, les quedaba muy claro que para mí esa foto tenía mucha importancia, que ellos iban a formar parte de un proyecto especial». Es esa la receta que empleó Llovet. No es extraño, pues, que en The Pinker Tones él sea el Profesor Manso y no su compañero de banda, Mister Furia.

SIEMPRE LUZ NATURAL / Una a una, cada foto es una historia. Algún protagonista ha fallecido. Alguna pareja ha roto. Es la vida. Lo que queda es una imagen siempre con luz natural, algo muy Vermeer, una reivindicación de la fotografía como técnica, arte y canal de comunicación. Tras cada sesión, Llovet le pedía a los protagonistas una frase de no más de 140 espacios que acompañará a las fotos en el libro. Si la campaña a través de Verkami surte el efecto esperado, los ejemplares saldrán de imprenta en dos meses. En junio la sala Pere Pruna de Barcelona expondrá una selección de imágenes de este proyecto dentro del Docfield de fotografía documental de la ciudad.

Helmut Newton decía que el primer recuerdo que atesoraba de su niñez era el cuerpo semidesnudo de su niñera que, frente a un espejo, se vestía para salir de fiesta. Según y como, Newton repitió esa fotografía, aunque reinterpretada, una y otra vez a lo largo de su vida. Es lo que tiene la mirada del fotógrafo.

Experimentos como el de Llovet con sus vecinos no son inusuales y, como el oporto, suben de valor con el paso del tiempo. Susan Meiselas, fotógrafa de guerra para Magnum, retrató en una ocasión a todos los vecinos de su escalera del número 44 de Irving Street, en Cambridge, Massachusetts. El también estadounidense Peter Menzel llevó a cabo una expedición alrededor del mundo para entrar en las casas de familias de todas las culturas y fotografiarlas en el comedor, con toda su despensa expuesta sobre la mesa, en una suerte de estriptís gastronómico de gran valor sociológico. Pero para estriptís, la colección de trabajos de Ellen von Unwerth, que como exmodelo profesional reconvertida a fotógrafa de fama logra un grado de obscena intimidad con las mujeres que retrata, de modo que llega a latitudes de temperatura tropical que ni siquiera alcanzó Newton.

Lo de Mas Sauró, en resumen, puede parecer un simple divertimento, un ejercicio de estilo. Sería un error apreciarlo así. Quién sabe, con un poco de suerte es el embrión de un proyecto mayor que muy bien le iría a una ciudad, Barcelona, que cambia a una velocidad de vértigo. A ver si alguien más se anima.

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