Ir a contenido

Chequeo a un gran complejo de ocio

Cara y cruz en el Maremàgnum

La nueva etapa del centro logra el éxito en tiendas pero pincha con la segunda planta gastronómica

Varios restaurantes y puntos de degustación han cerrado por poca afluencia y falta de facilidades

EL PERIÓDICO
BARCELONA

Ostenta el privilegio de ser el único gran espacio comercial de la ciudad que abre todos los días del año gracias a estar ubicado en terreno portuario. Pero pese al cambio de rumbo aportado por los nuevos gestores del Maremàgnum, una vez liquidado el ocio nocturno y enfocado el centro hacia el visitante diurno y familiar, los balances son desiguales según la planta del centro a la que se pase revista. Mientras que el espacio ha logrado levantar el vuelo comercialmente, en buena medida gracias a sus horarios XXL, la nueva zona gastronómica impulsada hace un año y medio hace agua, con el paulatino cierre de operadores descontentos con la gestión que se ha hecho del espacio.

La trayectoria del Maremàgnum ha oscilado varias veces entre el éxito y el desastre, con un inicio fulgurante gracias a las actividades lúdicas y de ocio, y a punto de hundirse precisamente por los desmanes nocturnos. A los diversos responsables del centro que se han ido relevando desde el 2002, cuando hubo una pelea mortal, les ha costado borrar la mala imagen que llegó a tener el complejo, pero la estrategia llevada a cabo en los últimos tiempos ha funcionado en lo referente a cambiar el perfil de visitantes. Familias y turistas son clientes cotidianos.

EMPUJÓN FINAL / Llegado este punto, la iniciativa implantada en abril del 2012, cuando se apostó por dar carpetazo a anteriores usos destinando la privilegiada segunda planta (bautizada como La Terraza) solo a la gastronomía, parecía el empujón final que requería el centro. Pero ha sido todo lo contrario. Mientras que la planta baja y la primera tienen buena afluencia de público, la segunda suele estar desierta. Los nuevos 4.200 metros cuadrados no atraen apenas al visitante, y algunos operadores que ya se han marchado y otros que resisten, confiando en que la oferta mejore y repunte, tienen claro que hay que mejorar la zona.

Inicialmente, se distribuyó el espacio para una veintena de operadores. Uno de ellos señala que el proyecto nació en mal momento, en la cresta de la crisis, sin ocupar todos los espacios y, por tanto, de forma renqueante. Otro asegura que hay un problema claro de acceso -«la gente no sube porque no hay tiendas ni otros reclamos que ver, ni siquiera está bien indicada la oferta»- y de facilidades al cliente, que carece de descuentos o párking gratis como en otros centros comerciales. Y eso que las tiendas viven un buen momento, con las cadenas de moda más comerciales por fin presentes.

POCOS CLIENTES / Pero un sábado por la noche, día punta de afluencia para muchos restaurantes, en los locales que siguen abiertos en la nueva planta se contaban los clientes con los dedos de la mano, salvo el siempre animado Udon, la pizzeria Fabián y poco más. Cuando el visitante toma la escalera mecánica y accede a lo alto, lo primero que ve son negocios cerrados. Tampoco ayuda que la zona de degustación, donde antes se podía picar embutidos, hamburguesas, huevos y otras propuestas, haya perdido más de la mitad de la oferta, a lo que hay que añadir un recorte horario que en invierno deja esta área muerta por falta de público a partir de las cinco de la tarde.

El recinto es propiedad en la actualidad del grupo holandés Corio. Fuentes de algunos restaurantes lamentan que la gestión dependa en exceso de Madrid, aunque creen que ahora el grupo dará más peso a Barcelona. De momento, la empresa no ha querido pronunciarse ni facilitar datos. Son los propios operadores los que aseguran que ahora se están empezando a renegociar condiciones económicas, que hasta la fecha eran «inasumibles» respecto a los resultados de la planta. Las mismas fuentes reivindican que se aglutine toda la gastronomía del recinto en una planta, como se está haciendo en otros macrocentros urbanos. En este caso, la gran masa de cruceristas y turistas que acceden por la pasarela al centro se quedan en los restaurantes ya consolidados, hace años, en la planta baja.

En medio del éxodo, hace un mes abrió por fin el Alegra, donde aseguran que es pronto para hacer balance, y ahora Costa Este se dispone a complementar su bar Barítimo con un restaurante de tapas mediterráneas con el mismo nombre.